Creando Lazos (Apertura) - Unión victoriosa

- Edelgard: Qué extraño... ¿Cómo habremos acabado envueltos en este aprieto?
- Byleth (mujer): ¡Lo importante es que los tres estáis sanos y salvos! No tengo ni idea de quiénes son esos soldados, pero parecen bastante peligrosos...
- Dimitri: Tienes toda la razón. No parecen bandidos, pero no logro reconocer el emblema que portan.
- Edelgard: Y no solo eso... ¡Mirad a vuestro alrededor! Esto no se parece en nada al bosque de Garreg Mach...
- Byleth (mujer): Un extraño enemigo en un bosque desconocido... ¿Qué es lo que estará sucediendo aquí?
- Edelgard: Puede que haya lugareños cerca que puedan ponernos al tanto de la situación. Sin embargo, antes...
- Dimitri: Creo que ambos estamos pensando lo mismo. Claude, ¿adónde te crees que vas?
- Claude: Anda, ¡me habéis pillado! Quién lo iba a decir... Se os veía muy ocupados deliberando. No he podido evitar pensar que era el momento perfecto para llevar a cabo una retirada estratégica.
- Dimitri: ¿Una «retirada estratégica»? Creo que ya he escuchado esas palabras salir de tu boca antes...
- Edelgard: A mí ni siquiera me ha sorprendido. Pero, Claude, esta vez deberías dejar tus tretas a un lado. ¡Ni siquiera sabemos dónde estamos!
- Claude: Vale, vale... ¡Pero no encontraremos ayuda nunca si nos quedamos aquí de brazos cruzados!
- Sharena: ¡Hola, forasteros! Me parece haber escuchado que necesitáis ayuda. ¿Os echo una mano?
- Edelgard: ¿Qué decías, Claude?
- Dimitri: Tch... Estamos hablando a voces, al fin y al cabo.
- Claude: ¡Mira por dónde! La suerte nos sonríe, ¿no crees, profe?

Creando Lazos (Apoyos) - Unión victoriosa

» Protector noble Dimitri
[Apoyo C]
- Alfonse: Saludos, príncipe Dimitri. Espero que la vida en Askr esté siendo de tu agrado. ¿Puedo ayudarte en algo?
- Dimitri: Agradezco tus amables palabras. Me siento como en casa y no es sino gracias a ti, príncipe Alfonse. No obstante, hay un pensamiento que me turba por momentos. Este mundo me ha brindado la oportunidad de conocer infinitud de héroes de otros mundos. Sin embargo, tengo tanto que aprender de ellos y tan poco tiempo…
- Alfonse: Comparto tu inquietud. ¡Los héroes son individuos de los más interesantes!
- Dimitri: Ciertamente. Por cierto, príncipe Alfonse, ¿podría pedirte algo?
- Alfonse: Por supuesto, príncipe Dimitri. ¿De qué se trata?
- Dimitri: No es necesario que guardes tantas cortesías conmigo. En este mundo no soy un príncipe, sino un líder entre tantos otros. ¡No merezco tal trato diplomático!
- Alfonse: Eso está hecho. Puedo dejar de lado las formalidades si así te sientes más cómodo. Solo pido una cosa a cambio: que tú también me trates con familiaridad. Seré el príncipe de este reino, pero ambos formamos parte de los Guardianes de Askr. Además, luchamos codo con codo en todas las batallas. ¡Aquí somo iguales!
- Dimitri: (...) Está bien. Si así lo deseas, será todo un placer.

[Apoyo B]
- Alfonse: El enemigo ha establecido aquí su trinchera, por lo que podríamos iniciar el ataque desde este punto.
- Dimitri: En la fortaleza, ¿eh? Es cierto que nos concedería una ventaja táctica aplastante. Pero ¿ves el pueblo colindante? Si seguimos esta estrategia, la batalla caerá sobre él y sus habitantes. Sería una victoria segura, pero derramaríamos la sangre de miles de inocentes. La estrategia es obviamente brillante, pero la moralidad de esta decisión es más que cuestionable.
- Alfonse: (...) ¡Más sangre correrá si no acabamos con el enemigo aquí y ahora! Esta victoria sacrificará algunas vidas, pero salvará incontables otras… Mi deber como protector del reino es asegurar el futuro de sus gentes. ¡Esa es la decisión moral! (...) Aunque no lo voy a negar: me resulta muy duro tomarla…
- Dimitri: Si me permites la observación, Alfonse, no todo es siempre blanco o negro.
- Alfonse: ¿Qué insinúas?
- Dimitri: El peso de esta guerra no reposa enteramente sobre tus hombros. Me he tomado la libertad de trasladar nuestra situación a otros estrategas entre nuestras filas. A partir de sus avezados consejos, he trazado un plan alternativo. Aunque la última palabra es tuya…
- Alfonse: Vaya, Dimitri…
- Dimitri: No hay victoria que valga el precio de una vida inocente. Haré todo lo posible por evitar tal derramamiento de sangre tanto en Askr como en Fódlan.

[Apoyo A]
- Alfonse: Dimitri, gracias a tu plan hemos logrado la victoria sin sacrificar vidas inocentes. ¡No sé cómo agradecértelo!
- Dimitri: Bueno, no es para tanto. Yo me limité a sugerir un plan; el mérito de la victoria corresponde a tu determinación como líder.
- Alfonse: No me resultó nada fácil… Temía poner en peligro todo el reino a cambio de proteger un solo pueblo. Sé que ningún sacrificio deliberado es aceptable. ¡Me atormenta haberlo puesto en duda!
- Dimitri: Desde mi experiencia, Alfonse, lo correcto es un concepto relativo y repleto de ambigüedades. Las leyes nos guían a través de esas arenas movedizas, pero un buen líder ha de ir más allá. Debe saber confiar en su lado lógico sin desoír lo que le dicta el corazón. La duda no es más que la lucha por encontrar el camino correcto, ¡y no hay nada más noble que eso!
- Alfonse: «La lucha por encontrar el camino correcto...» Y no desviarse de él, supongo. Pues así es el líder que aspiro a ser… ¡Y también el rey en que espero convertirme algún día!
- Dimitri: Si ese es el caso, Alfonse, tenemos mucho más en común de lo que creía.

[Apoyo S]
- Alfonse: Dimitri, tu forma de combatir me llama la atención. En el campo de batalla te mueves como si no te importara nada, ni siquiera conservar la vida…
- Dimitri: ¿Esa es la impresión que te doy? No voy a mentir: siempre me ha encantado luchar. En el fragor de la batalla, lanza en ristre, me siento en paz conmigo mismo. Aprendí a blandir un arma antes que a deletrear mi nombre, así que no puedo evitarlo.
- Alfonse: Pero si eres un príncipe…
- Dimitri: ¡Precisamente por eso! Forma parte de mi legado como descendiente de los Diez Elegidos. He de estar a la altura del poder de los emblemas para proteger el Sacro Reino de Faerghus.
- Alfonse: Los emblemas… Te refieres al poder que reside en ciertos linajes de Fódlan, ¿cierto?
- Dimitri: Exacto. Recibí el emblema de la familia real del Sacro Reino de Faerghus al nacer. Como su actual poseedor, recae en mí la responsabilidad de proteger a mi pueblo.
- Alfonse: En ese caso, ¿no crees que deberías ser más cauto en combate? El destino de muchos depende de ti.
- Dimitri: Es cierto. Mi pueblo no puede perderme. La vida que me ha tocado vivir no me pertenece a mí solo. No debería echarla a perder…
- Alfonse: ¿Echarla a perder, dices?
- Dimitri: No tiene importancia. Gracias por tus palabras, Alfonse.
- Alfonse: No se merecen. Ambos tenemos mucho en común, ¡así que no puedo evitar pensar en tu suerte!
- Dimitri: En ese caso, luchemos codo con codo y sobrevivamos juntos a los peligros de la guerra. ¡Por el destino de nuestros pueblos!

» Heredera ávida Edelgard
[Apoyo C]
- Edelgard: Comandante Anna, ¿tienes un momento?
- Anna: Claro, Edelgard. ¿De qué se trata?
- Edelgard: En la última batalla detecté una anomalía táctica en las filas enemigas. He redactado un informe breve sobre esta singular estrategia. Tal vez te interese ojearlo.
- Anna: ¡Impresionante! Me encanta que la gente con iniciativa. ¡Le echaré una ojeada ahora mismo! (...) ¡Este análisis es brillante! Da cuenta de la estrategia enemiga con pelos y señales… No parece obra de una estudiante. ¿De dónde viene todo este talento?
- Edelgard: Estudio en la Academia de Oficiales de Garreg Mach. ¿Sabías que muchos de los alumnos son nobles? Al graduarnos, se espera que tomemos las riendas de nuestros países y lo dirijamos con destreza. ¡No hay materia que dejemos desatendida! Nos encargamos desde la burocracia más tediosa hasta de la caza de forajidos. El precio de nuestros errores es el sufrimiento de nuestro pueblo, al fin y al cabo. De ahí que nuestra educación nos moldee para el liderazgo.
- Anna: No parece un camino fácil. Se asemeja más a la milicia de lo que pensaba…
- Edelgard: Sí, en eso estamos de acuerdo.

[Apoyo B]
- Anna: Antes decías que la Academia de Oficiales acoge a estudiantes de las tres naciones del continente. ¿Qué puedes contarme sobre ellas?
- Edelgard: Hace muchos años, el continente de Fódlan luchaba bajo una misma bandera. No obstante, quedó dividido en los tres países que existen en la actualidad tras una larga guerra. Estos son el Imperio de Adrestia, el Sacro Reino de Faerghus y la Alianza de Leicester. Yo procedo del Imperio y Dimitri del Sacro Reino, mientras que Claude pertenece a la Alianza. En la Academia, cada uno es el delegado de nuestra respectiva casa.
- Anna: ¡Qué interesante! Una escuela que congrega a alumnos de los distintos rincones del continente… Imagino que las relaciones entre las naciones irán viento en popa, ¿verdad?
- Edelgard: Sí… y no. Desde que la Alianza se separó del Sacro Reino, hemos vivido 300 años de relativa paz. Pero siempre hay inconformistas partidarios del cambio. ¡Como yo, sin ir más lejos!
- Anna: Qué situación más compleja. Cuando la paz es aparente, los conflictos se fraguan. Lo he visto con mis propios ojos.
- Edelgard: No me extraña. ¡Este lugar reúne a héroes de lugares muy dispares!
- Anna: Quizá nuestros mundos tengan más en común de lo que parece.

[Apoyo A]
- Anna: Edelgard, ¿te importaría darme tu opinión sobre la nueva estrategia en la que he estado trabajando? Está diseñada para que nuestras fuerzas se adapten al terreno de forma óptima.
- Edelgard: ¡Es brillante! Ahora nuestras filas avanzarán sin ningún temor a las irregularidades del terreno.
- Anna: No se tú, ¡pero yo me muero de ganas por ponerla en práctica! Deberíamos probarla antes de la próxima batalla.
- Edelgard: Coincido contigo. ¡Seguro que a partir de ahora lograr la victoria será todavía más fácil!
- Anna: ¿Sabes? Me sigue costando creer que no seas más que una estudiante.
- Edelgard: Piensa en el príncipe Alfonse. Nuestras vidas son similares, al fin y al cabo. Como él, no soy solo una simple estudiante…, ¡también soy la heredera del Imperio de Adrestia! Me inicié en el sutil arte de la política y la guerra mucho antes de entrar en la Academia.
- Anna: Entiendo… Aún así, resulta curioso ver a alguien de tu edad actuar como una líder tan curtida.
- Edelgard: No eres la primera persona que lo piensa. Sea como sea, ya no estoy en mi hogar. Supongo que es cierto que solo soy una estudiante más.
- Anna: Te equivocas, Edelgard. ¡También eres una heroína de primera!

[Apoyo S]
- Anna: No he podido evitar fijarme en que llevas un libro a todas partes. ¿De qué trata?
- Edelgard: Es un tomo que narra la historia de este mundo. Se lo pedí al príncipe Alfonse para conocer mejor vuestra realidad. Askr es tan diferente a Fódlan… Nuestra organización territorial y política no tiene nada que ver. Estoy aprendiendo muchísimo.
- Anna: Ya veo, ya… Pero no todo es estudiar y entrenar en esta vida, ¿sabes? ¿Es que nunca haces nada divertido? Alguna afición tendrás…
- Edelgard: Sí, pero solo puedo disfrutar de mis pasatiempos cuando no hay nadie presente.
- Anna: Uy, ¿tan malo es que te vean divertirte? ¿O acaso tienes unos pasatiempos particulares? Perdona… No tienes que responder si no quieres. ¡Tampoco quiero entrometerme!
- Edelgard: Si me aíslo es porque no sé relajarme de otra manera, no porque me avergüence. A veces simplemente me tumbo a disfrutar de la paz que me aporta la soledad. Es uno de los pocos momentos en los que puedo ser yo misma.
- Anna: ¡Hala! Pues no te puedo imaginar tumbada a la bartola sin más.
- Edelgard: Lo sé. No es nada propio de una heredera a la corona… Y no quiero que mi pueblo piense que soy de esas soberanas que se echan la siesta en el trono.
- Anna: ¡No quería decir eso! Además, ahora no estás en Adrestia. Piensa que aquí eres una estudiante. ¡Lo has reconocido tú misma! Y, como toda estudiante que se precie, debes relajarte de vez en cuando. Venga, ven conmigo. ¡Estaré encantada de explicarte cómo descanso en mis ratos libres!
- Edelgard: Bueno, si tú lo dices… Pero solo un rato, no vaya a ser que me vea alguien.

» Soñador astuto Claude
[Apoyo C]
- Claude: Anda, si estás aquí. Te ha atraído este olorcito, ¿eh?
Resulta que en este reino crecen unos hongos la mar de raros y me he animado con la cocina.
Justo tengo en el fuego una variedad muy peculiar que ya había visto en mi mundo.
Eso sí, ni se te ocurra catarlos. ¡Si pruebas un bocado empezarás a echar humo por las orejas!
El último que los probó se pasó tres días más blanco que un cadáver por la fiebre y el dolor de tripa.
¿Que por qué los estoy guisando? Tranquilo, no me los voy a comer: ¡solo estoy extrayendo el veneno!
Piensa en sus aplicaciones bélicas. ¡Podríamos diezmar grandes ejércitos sin desenfundar una espada!
No sé tú, pero yo usaría cualquier ardid con tal de salvar a mis amigos de la guerra.
Además, no mataríamos al enemigo, solo lo dejaríamos indispuesto.
Un poco de aliño de hongos en su comida y evitaríamos una hecatombe en toda regla.
Vamos, no pongas esa cara. ¡Toda persona cauta guarda un par de ases en la manga!
En fin, me voy a buscar la manera de colarme en las cocinas enemigas y endosarles este brebaje. ¡Adiós!

[Apoyo B]
- Claude: ¿Te acuerdas del veneno de hongos? Pues aparté la vista de la olla un minuto ¡y un héroe probó un sorbo!
Menos mal que lo vi a tiempo y le hice vomitarlo, pero Byleth me cantó las cuarenta igual.
Y eso que suele hacer la vista gorda con mis trastadas…
Resulta que mi despiste les podría haber salido caro a mis compañeros, así que no le dejé más remedio.
¿Sabes? Ahora que lo pienso, Byleth y tú os parecéis muchísimo.
Tenéis grandes dotes estratégicas, sabéis cómo liderar con compasión y es imposible adivinar qué pensáis.
¿En qué andas pensando metido ahora mismo, Avatar?
Jo, qué cotilla soy. ¡No tienes por qué darme explicaciones!
La cuestión es que no sé callarme cuando me topo con algo interesante. ¡Siempre me puede el ansia de saber!
Vaya, aunque quizá no debería haberte llamado «algo interesante» a la cara. En fin, ya me callo…

[Apoyo A]
- Claude: ¡Anda, mira quién ha salido de patrulla! ¿Necesitabas estirar las piernas o algo?
No te veía con pinta de mezclarte en asuntos de sangre y espadas, si te soy sincero.
Y no lo digo como algo malo. ¡Cada uno tiene un papel diferente que cumplir en esta historia!
Mira, yo me aplico el cuento. He conseguido moler el veneno hasta reducirlo a este polvo.
Ahora ya no tendré que jugarme el cuello colándome en las cocinas del enemigo.
¡Bastará con esparcirlo por su campamento y esperar a que lo inhalen!
Aunque, claro, de algún modo tendré que colarme allí…
Oye, no me mires así, ¡que no lo hago por diversión!
Yo solo pongo mis talentos al servicio de los nuestros para inclinar la balanza de la guerra.
(...)
Vale, me has pillado. Sí que lo hago un poquito por diversión. ¡Pero ese no es el objetivo principal!
Me pirran las pocio… Ufff, ¿y este dolor de cabeza repentino? Ay, que se me revuelve el estómago.
Creo que… he respirado polvo de hongos… sin querer…
¡Argh! ¿Dónde hay un baño por aquí? Creo que voy a…

[Apoyo S]
- Claude: Uf, qué mal trago pasé el otro día. ¡Y lo peor es que me lo busqué yo solito!
Tres días enteros de cama y sopitas, echando humo por las orejas y con la habitación dándome vueltas.
Eso sí, una cosa está clara: ¡el veneno funciona de maravilla!
Pero, en mi convalecencia, tuve un momento de claridad y vi el punto flaco del plan.
¡Piensa en la cantidad de veneno que haría falta para abatir a un ejército entero!
Este hongo es muy escaso y me llevaría una eternidad recolectar la cantidad necesaria.
Jo, menudo bajón. Estaba tan seguro de que mi plan iba a funcionar…
Tú también, ¿verdad? En fín, ¡fuera las caras largas! Ya se me ocurrirá otro ardid.
A fin de cuentas, cuando de maquinar se trata no hay quien me supere.
Y no me malinterpretes, ya sé que tus habilidades como estratega son impecables.
Pero ya que he acabado aquí, voy a entregarme en cuerpo y alma para ayudarte en tu lucha.
En cuestiones de vida o muerte no dejo nada al azar. Haré cuanto sea necesario para conseguir la victoria.
Oye, ¿y si…? ¡Claro, eso es! Si la vida no te da limones, plantas un limonero.
Desempolvaré algunos viejos tomos de botánica y aprenderé a cultivar los hongos yo mismo.
Y, ya de paso, a fabricar una mascarilla para no volver a inhalar el veneno…

» Profesora capaz Byleth
[Apoyo C]
- Sharena: El mundo del que procedes me tiene intrigada, Byleth. He oído hablar sobre las hazañas de los Diez Elegidos. ¡Fascinantes es decir poco! Y tú podrías ser la persona adecuada para narrármelas. Eres profesora, ¿verdad?
- Byleth (mujer): En efecto, pero no creo que la docencia sea mi fuerte.
- Sharena: Ah, ¿no? ¡Pues tus alumnos parecen tenerte en un pedestal!
- Byleth (mujer): Y yo agradezco su reconocimiento, te lo aseguro. No obstante, el mérito de sus avances corresponde a su talento y esfuerzo, no a mis enseñanzas.
- Sharena: En cualquier caso, ellos te adoran. Aunque también hay rumores de que lo que tienes de buena profesora también lo tienes de excéntrica.
- Byleth (mujer): Mi padre me crió como mercenaria errante, sin otra educación que la propia del oficio. Nunca tuvimos un sitio al que llamar hogar, más allá que los bosques donde nos cobijábamos de la noche. Entenderás que las reglas sociales no van conmigo. A saber qué imagen tienen los nobles de mí…
- Sharena: Vaya, de mercenaria a profesora. ¡La de vueltas que da la vida…!
- Byleth (mujer): Sí. La mía ha dado ya demasiadas, pero sigo sin saber qué me deparará el futuro.
- Sharena: Pues, de momento, ¡tenerme como alumna!
- Byleth (mujer): No sé si te seré útil como profesora. Irás un paso por delante de todo lo que yo pueda enseñarte.
- Sharena: Mira, sin ir más lejos, podrías darme clases de historia sobre tu tierra natal.
- Byleth (mujer): Faltaría más, Sharena. Aunque bien nos podría llevar un par de semestres…

[Apoyo B]
- Sharena: ¿Sabes, Byleth? Tu expresión se transforma en el campo de batalla. ¡Pareces una persona distinta al blandir un arma!
- Byleth (mujer): ¿En serio? No tenía ni idea…
- Sharena: Es difícil de explicar, pero así es. Normalmente solo veo a Byleth, la profesora entregada a sus alumnos. Pero en el fragor de la batalla, veo despertar a la mercenaria que llevas dentro. ¡La diferencia es drástica!
- Byleth (mujer): Vaya, gracias por el halago, Sharena.
- Sharena: ¿Cómo qué «halago»? Era una simple observación.
- Byleth (mujer): Créeme, me halaga mucho. Toda mi vida me han tachado de fría e impasible. No sé cómo expresar lo que siento, y solo mi padre y otros mercenarios sabían leer mi semblante. Para el resto del mundo siempre he parecido un libro cerrado…
- Sharena: Seguro que yo puedo adivinar qué pasa por esa cabeza. Ahora mismo, percibo… ¡hambre!
- Byleth (mujer): Bueno… Si tienes apetito, podemos seguir hablando mientras almorzamos.
- Sharena: Anda, no te hagas la dura, ¡que oigo cómo te rugen las tripas!
- Byleth (mujer): (...)
- Sharena: ¡Oye, pero no te enfades!

[Apoyo A]
- Sharena: ¡Menos mal que te encuentro, Byleth! No acabo de comprender esta estrategia. En teoría, esta formación sirve para contrarrestar escuadrones de arqueros, pero no veo cómo…
- Byleth (mujer): (...)
- Sharena: Te noto rara. ¿Te encuentras bien?
- Byleth (mujer): No, tranquila. Sólo pensaba en que me recuerdas mucho a mis alumnos. En cuestiones tácticas, la comandante Anna me da mil vueltas. ¿Por qué no le preguntas a ella? No quiero que piense que estoy intentando usurpar su lugar.
- Sharena: Anda, no digas tonterías. La comandante Anna es mi líder, pero tú eres mi profesora. ¡Seguro que está de acuerdo en que toda ocasión es buena para aprender!
- Byleth (mujer): ¿Tú crees?
- Sharena: ¡Claro! Pero, si de verdad te quita el sueño, le puedo preguntar a ella y listo.
- Byleth (mujer): Preferiría que sí, la verdad.
- Sharena: Vaya… Espero que, aunque dejes de ser mi profesora, puedas ser mi amiga.
- Byleth (mujer): Ah, pero ¿no éramos amigas ya? Yo como mínimo nos consideraba aliadas.
- Sharena: Eso está claro, ¡pero la amistad es un sentimiento mucho más profundo!
- Byleth (mujer): Mmm… Pues si ese es el caso, creo que nunca he tenido una amiga de verdad.
- Sharena: ¡¿E-en serio!? Qué triste… No me esperaba que me confesaras algo así, Byleth. No sé qué decirte…

[Apoyo S]
- Sharena: ¡Ahí estás, Byleth! Te estaba buscando.
- Byleth (mujer): Sharena, parece que vengas de correr una maratón. ¿Sucede algo?
- Sharena: He estado pensando en la conversación de antes y tengo algo muy importante que decirte. No es cierto que no tengas amigos. ¡Me tienes a mí!
- Byleth (mujer): (...)
- Sharena: ¡Pero di algo!
- Byleth (mujer): Eres muy amable. Si te soy sincera, le he estado dando vueltas y hay algo que no acabo de entender. ¿Qué significa de verdad ser amigos?
- Sharena: Pues, mira, un amigo es… eso mismo: ¡un amigo! Ufff, esto es más difícil de lo que pensaba.
- Byleth (mujer): Yo creo que las personas se relacionan de mil maneras distintas. En la vida, podemos llegar a ser camaradas, profesores, alumnos… ¡e incluso almas gemelas! La chispa de la amistad puede iluminar hasta los rincones más recónditos. Para mí el afecto es la base de la amistad, y eso mismo es lo que siento por ti, Sharena.
- Sharena: ¡Yo no lo habría explicado mejor! El sentimiento es mutuo, Byleth.
- Byleth (mujer): En ese caso, tenías razón: ¡somos amigas!
- Sharena: ¡Estupendo! Misterio resuelto. ¿Qué te parece si vamos a comer algo para celebrarlo?

Creando Lazos (Historia) - Unión victoriosa

[Apoyo C]
- Claude: A ver si entiendo lo que pasa aquí. Nos habéis invocado a este mundo porque somos… ¿«héroes»?
- Dimitri: Eso dicen. Y que hemos sufrido un ataque de enemigos que también proceden de otro mundo…
- Edelgard: ¿Soy la única que no le ve ni pies ni cabeza a esto? Aunque, visto dónde hemos ido a parar, hasta me empieza a parecer una historia factible.
- Sharena: Ahora no tenemos tiempo para más explicaciones. Resguardaos en el castillo. ¡Nosotros nos ocuparemos del resto de enemigos!
- Edelgard: No los veo por la labor de dejarnos escapar así como así…
- Anna: Mmm… Oigo pasos cerca. ¡Parece que tenemos un batallón pisándonos los talones!
- Alfonse: La superioridad numérica juega a su favor. No nos conviene entablar combate…
- Claude: Creo que no tenemos otra opción que luchar. No he venido hasta aquí para convertirme en pasto de los buitres.
- Dimitri: Estoy de acuerdo. Además, contamos con nuestras armas. ¡Sobreviviremos si luchamos juntos!
- Edelgard: ¿Vosotros dos poniéndoos de acuerdo en algo? Está siendo un día de lo más extraño. En fín. ¡Plántemosles cara y volvamos a casa cuanto antes!
- Anna: No era nuestra intención poneros en peligro nada más traeros aquí. ¿Estáis seguros de esto?
- Byleth (mujer): Tranquila, saben cuidar de sí mismos. Pese a su corta edad, ya son diestros guerreros. Además, contarán con nuestra inestimable ayuda. ¡A las armas!

[Apoyo B]
- Byleth (mujer): El nombre de los guardianes de Askr parece inspirar un gran temor en el enemigo. Han mandado muchas tropas en pos de nosotros.
- Edelgard: Sugiero que nos ocultemos hasta que aparezca la ocasión de huir. Aunque no será fácil; el enemigo tiene ojos por todos lados
- Dimitri: Nuestra única opción de victoria es atravesar las líneas enemigas. Mmm… Y sí, es más fácil de decir que de hacer.
- Byleth (mujer): Rendirse no es una opción. Saldremos de esta cueste lo que cueste.
- Dimitri: (...)
- Edelgard: (...)
- Claude: ¿A qué vienen esas miraditas?
- Edelgard: Todos te conocemos de sobra. Raro sería que no estuvieras maquinando algo ya.
- Claude: Curiosa manera de pedir ayuda, ¿eh? He estado buscando la manera de salir de aquí de una sola pieza. ¡Y la he encontrado! Pero me temo que necesitaremos vuestra ayuda, príncipe Alfonse y princesa Sharena.
- Sharena: ¡Lo que haga falta! Puedes contar con nosotros.
- Claude: Profe, te necesito al mando. Perfilo un par de detalles y te dejo a cargo de exponer el plan al resto.
- Anna: No entiendo nada… ¿Estamos en clase o urdiendo tácticas de combate?
- Dimitri: Claude, Edelgard y yo estudiamos en la Academia de Oficiales, ¿sabes? Byleth es nuestra profesora.
- Alfonse: Mmm… Pues sí, parece que estamos en mitad de una clase. ¿Alguien tiene papel y pluma?

[Apoyo A]
- Sharena: ¡Victoria! Está claro que tenéis madera de héroes. Vuestra química en el campo de batalla es increíble.
- Edelgard: ¡No es para tanto! Además, estamos en casas diferentes y nunca nos habíamos visto obligados a confiar tanto los unos en los otros.
- Claude: Así es. Por si fuera poco, cada uno tiene que ocuparse de los problemas de su país. Aunque la verdad es que luchar juntos no ha estado tan mal…
- Dimitri: Sí… Pero estaremos de acuerdo en algo: no habríamos cooperado si no fuera por la profesora.
- Sharena: Sea como sea, ¡formáis un equipo fantástico! Jo, incluso me dais un poco de envidia…
- Edelgard: Además, Avatar ha congeniado genial con vosotros.
- Alfonse: Cierto…
- Claude: Llevar las riendas de una clase y llevar las riendas de un ejército de héroes no es tan diferente. Al final, todo radica en promover el trabajar en equipo.
- Alfonse: ¡Y a nadie se le da mejor que a Avatar! Ha conseguido reunir infinitud de héroes para luchar por un mismo propósito.
- Dimitri: Consideradnos vuestras más recientes incorporaciones a la causa. Nuestro brazo no flaqueará en la batalla.
- Byleth (mujer): Hemos acabado a vuestro lado, y a vuestro lado permaneceremos hasta el fin.

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