Capítulo 04 - Un digno rey

Parte 1 - Muerte inevitable

>> Apertura
- Sharena: Alfonse..., ¿cómo te encuentras?
- Alfonse: Sharena... Bueno, bien, al menos puedo moverme. Pero aún noto una sensación extraña, como si tuviera una hoja helada clavada en el pecho...
- Eir: Es por la maldición de Hel...
- Alfonse: Eir, te lo ruego, dime lo que sepas; toda información es útil.
- Eir: Mi madre es la diosa de la muerte. Cuando maldice a alguien, dictamina cuánto tiempo de vida le queda. Sus víctimas fallecen en la fecha que les marca. No hay modo de evitarlo...
- Sharena: ¡Ni hablar! Debe de..., no, ¡seguro que hay un modo de evitarlo!
- Anna: Alfonse, han llegado el rey y la reina.
- Henriette: Hijo mío...
- Gustav: ¡Hel te ha maldecido!
- Alfonse: Te desobedecí, padre, ¡lo siento!
- Anna: Majestad, fue un ataque por sorpresa. Nuestros exploradores no pudieron detectar la presencia del enemigo. Aparecieron de la nada como si fueran espectros... No tuvimos tiempo de reaccionar.
- Gustav: El mero hecho de acudir al campo de batalla fue un error. Alfonse, mira lo que tu temeridad ha ocasionado...
- Alfonse: Padre, yo... lo siento muchísimo.
- Gustav: Hel... también reclamó la vida de mi padre. No hay alternativa, Alfonse, la maldición no tiene escapatoria.
- Henriette: ¡Gustav, es la vida de tu hijo la que está en juego!
- Gustav: Henriette, escucha, por favor. Prestadme atención todos. La familia real de Askr, nuestra familia, ha sufrido una pérdida. Debemos aceptarla y pasar página.
- Sharena: ¡Padre, no puedes hablar en serio! ¡Alfonse está vivo y lo tienes aquí, a tu lado! Tiene que haber algo que podamos hacer...
- Gustav: No se puede escapar a la muerte.
- Sharena: ¡No lo sabremos si no lo intentamos!
- Gustav: ¡He oído suficiente! Regreso con mi ejército; he de planear nuestro próximo movimiento.
- Sharena: Padre...
- Alfonse: Te he fallado, padre, lo lamento. Hasta que llegue mi hora, pensaré en algún modo de derrotar a Hel. Lo único que espero es poder seros de ayuda como sea...
- Gustav: Me parece bien.

>> Inicio de la batalla
- Anna: Debemos matar a Hel... Solo así salvaremos a Alfonse. No nos queda otra opción.
- Alfonse: Según muchas leyendas, una maldición se rompe cuando quien la lanza muere... Princesa Eir, si Hel muriera, ¿qué ocurriría?
- Eir: No lo sé... Nadie ha asesinado nunca a mi madre.
- Sharena: ¡Pues seremos los primeros!
- Anna: Matar a Hel no solo acabaría con la amenaza que se cierne sobre Askr, sino que, además, salvaría a Alfonse. Manteneos atentos. Nuestro objetivo es encontrar a Hel y acabar con ella.

>> Fin de la batalla
- Anna: No está aquí. ¡Sigamos adelante!

Parte 2 - Familia kitsune

>> Inicio de la batalla
- Kaden :Soy Kaden. Como puedes ver, pertenezco a la raza más hermosa del mundo: ¡kitsune!

Parte 3 - Familia ulfhedin

>> Inicio de la batalla
- Keaton: Me llamo Keaton y soy un ulfhedin.

>> Cierre
- Gustav: Hijo.
- Alfonse: Hola, padre.
- Gustav: No he venido a verte, Alfonse, me dirijo a una reunión con mis tropas.
- Alfonse: Entiendo. Sin embargo, si no te parece mal, te acompañaré hasta que te unas a ellos.
- Gustav: No hace falta. ¿Acaso doy muestras de tal debilidad que mi hijo se siente en la necesidad de protegerme?
- Alfonse: Yo... no pretendía ofenderte.
- Gustav: En fin... ¿Te acuerdas de esto, Alfonse?
- Alfonse: ¿Una rama seca? Parece antigua... La verdad es que no la recuerdo.
- Gustav: Eso veo. Olvídalo, no importa. No te preocupes por mí, iré al encuentro de mis tropas.
- Alfonse: Padre, espera, por favor, deja que...
- Gustav: Ya te he dicho que no hace falta, chico. Ocúpate de tus asuntos.
- Alfonse: Te pido disculpas de nuevo. ¿Seguro que eso que llevaba padre era solo una rama?

Parte 4 - A contrarreloj

>> Inicio de la batalla
- Velouria: Estar vinculada a un contrato es de lo más aburrido, pero no hay nada que pueda hacer al respecto...

>> Fin de la batalla
- Sharena: No hay forma de dar con Hel, ¿dónde estará? Alfonse...
- Alfonse: ... Sharena, no dejemos que el pánico nos venza y sigamos buscando. Si yo no me rindo, tú tampoco.

Parte 5 - Llega la muerte

>> Apertura
- Alfonse: Ah...
- Gustav: Alfonse.
- Alfonse: ¡Padre!
- Gustav: Ha llegado la fecha señalada, ¿verdad? ¿Has hallado la forma de romper la maldición de Hel?
- Alfonse: No, y no tengo ninguna excusa para lo que va a sucederme.
- Gustav: No la busques, hijo mío, sabíamos que este momento llegaría. No hay forma de evitar la muerte. Alfonse..., quédate cerca de mí hoy y no te alejes tampoco de tus aliados. Cuando el plazo de la maldición venza, imagino que Hel en persona acudirá a despojarte de toda vida...
- Alfonse: Y ahí es cuando la atacaremos.
- Gustav: No, es imposible acabar con la muerte. Atacarla en ese momento no servirá de nada, no sucumbirá. Sin embargo, quizá descubramos un punto débil, algo que nos permita acabar con ella.
- Alfonse: Entiendo... Te haré caso, padre. Espero que, de este modo, mi muerte no sea en vano. Estoy seguro de que o tú o Kiran la venceréis. Me aferraré a ese convencimiento.
- Gustav: ¿Tu [aliado,aliada] de otro mundo? Debemos valernos por nosotros mismos, sin depender de poderes de fuera de Askr. Al fin y al cabo, Hel vino a nosotros desde otro reino... Entrar en contacto con otros reinos solo sirve para abrir nuevas puertas al infortunio.
- Alfonse: Entiendo lo que dices, padre, pero el vínculo que me une a Kiran es fuerte.
- Gustav: Lo diré una vez más: entrometerse en los asuntos de otros reinos nunca lleva a nada bueno.
- Alfonse: Padre... Je, je.
- Gustav: ¿Te divierte algo?
- Alfonse: Ah, disculpa. He recordado algo que me dijo madre. Dijo que de joven te comportabas igual que yo ahora.
- Gustav: Ah, ¿sí? Debo admitir que era un tanto despreocupado. Viajaba espada en mano, siempre dispuesto a luchar. Es cierto que actuaba como tú ahora. Y aquí me tienes, aleccionándote...
- Alfonse: No me malinterpretes, padre. Me alegró saber que me parezco a ti de joven. Y valoro muchísimo tu preocupación y tus consejos.
- Gustav: Ay, Alfonse...
- Alfonse: Hoy es el día de mi muerte. Te he fallado como sucesor, y no hay nada que lamente más. Sin embargo... me ha gustado mucho poder hablar así contigo, de forma tan sincera.
- Gustav: Alfonse...

>> Inicio de la batalla
- Anna: En esta batalla debemos permanecer junto al ejército de Askr. Será una pelea muy dura; tened cuidado. Debemos encontrar a Hel sea como sea. ¡No podemos permitir que acabe con Alfonse!

>> Fin de la batalla
- Anna: Hemos machacado al enemigo, pero no hay rastro de Hel.
- Sharena: No logramos encontrarla, y se está acabando el tiempo...
- Alfonse: (...)
- Eir: Ah, sí... Ha llegado la hora. La muerte se aproxima.

>> Cierre
- Hel: Mortal... Ha llegado la hora de que tu vida termine.
- Alfonse: ¡Hel! Ah... No... puedo...
- Hel: No hay escapatoria. Muchos lo han intentado con todas sus fuerzas...
- Sharena: ¡No dejaré que te lleves a mi hermano! ¿Cómo es posible?
- Anna: Nuestros ataques no surten efecto. ¿Es una ilusión? ¿Un espectro? Tenemos que encontrar la forma...
- Hel: Estáis malgastando energía y aliento. La muerte es la única certeza absoluta e ineludible. Te ha llegado la hora. Mi guadaña está lista.
- Alfonse: Arg... Lo siento, Kiran...
- Hel: Ahora.
- Gustav: ¡Aaaah!
- Alfonse: ¿Padre?
- Hel: Lo has... protegido.
- Gustav: Entiendo cómo funciona tu maldición, Hel. Afecta a la sangre de Askr. Aprendí esa lección de mi padre. Formo parte de la realeza de Askr, y soy yo quien se unirá a los muertos. Las condiciones de la maldición se han cumplido. Márchate, diosa de la muerte.
- Alfonse: ¿Padre?
- Hel: Necio. Te has dejado llevar por el sentimentalismo..., pero ¿a qué precio? No tienes derecho a llevar la corona.
- Gustav: No entiendes nada.
- Hel: ¿Cómo?
- Gustav: Mi deber es proteger al pueblo de Askr aun a costa de mi vida. Siempre lo he tenido presente. Desde el día en que perdí a mi padre... me prometí que jamás lo olvidaría. ¿Cuántos años tendría por delante? Mi hijo todavía es joven, y merece seguir viviendo. Como rey, ¿acaso tenía otra opción?
- Hel: Así que piensas que este principito tiene madera de rey... Entonces morirás sin remordimientos. Como soberana de los muertos, declaro que tu vida ha concluido.
- Alfonse: ¡No!
- Gustav: Alfonse... Hijo mío, conviértete en rey.

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