Capítulo 05 - Legado paterno

Parte 1 - Una pérdida inmensurable

>> Apertura
- Henriette: Gustav...
- Sharena: Padre... ¿Recuerdas cuando dijo que nuestra familia había sufrido una pérdida y debíamos aceptarla y pasar página? No estaba hablando de Alfonse... Se refería a sí mismo.
- Alfonse: Si yo...
- Henriette: Alfonse, hijo mío, nada de esto es culpa tuya. Se ha sacrificado de buena gana para salvarte. ¡Y lo haría de nuevo si pudiera! Que no te quepa duda.
- Alfonse: Pero... Padre... Nunca lograré ser tan buen rey como él... No debería haberse sacrificado por mí.
- Henriette: Alfonse, escúchame. Tu padre estaba muy enfermo... A decir verdad, no le quedaba mucho tiempo.
- Alfonse: ¿Que padre estaba enfermo? ¡Pero si tenía mejor aspecto que nunca! Parecía fuerte y lleno de energía...
- Henriette: Así era él... Decidió fingir y ocultarlo para mantener a nuestros enemigos a raya y no preocupar al pueblo. Tenía planeado ocultar su estado de salud al mundo hasta que tú estuvieras preparado para reinar.
- Alfonse: ¡He sido un idiota! Nunca habría adivinado cuáles eran sus planes..., ni sus verdaderos sentimientos.
- Sharena: Alfonse...
- Alfonse: Padre me enseñó una rama seca... ¿Qué tiene que ver la rama en todo este asunto? No entiendo nada...
- Henriette: Ah, sí. La espada del coraje...
- Alfonse: ¿La espada del coraje?
- Henriette: Así es como decidiste llamarla tú. ¿No lo recuerdas? Creo que aún no habías cumplido los tres años. Estabas empezando a ser consciente de lo que implicaba ser el príncipe de Askr. Un día le trajiste una rama a tu padre y se la entregaste con gesto solemne. Y tú, que también tenías tu propia rama, posaste como si fueras todo un guerrero. Entonces, lo miraste y le dijiste: «Padre, juntos protegeremos Askr. ¡Déjame ayudarte!» El rey... Tu padre... no pudo evitar sonreír de oreja a oreja, ¿sabes?
- Alfonse: Padre...

>> Inicio de la batalla
- Anna: El enemigo ha ocupado las puertas del reino de los muertos y la batalla está paralizada. Los caballeros del rey han logrado pararle los pies, pero no aguantarán mucho. Por si fuera poco, siguen apareciendo refuerzos enemigos. Es casi como si el ejército de Hel no tuviera fin...
- Alfonse: Si no hacemos algo, Hel se volverá más y más fuerte y, al final, nos aniquilará uno por uno...
- Anna: Tienes razón, pero me temo que el comandante de los caballeros del rey ha caído en combate. La reina y el capitán de la guardia han controlado la situación, pero por ahora tan solo podemos defendernos. No tenemos tiempo que perder. ¡Derrotar a Hel está en manos de los Guardianes de Askr!
- Sharena: Alfonse y yo hemos pasado la noche en la biblioteca real buscando pistas que pudieran sernos de ayuda.
- Alfonse: Había fragmentos que parecían prometedores, pero al final no hemos encontrado nada útil. Sin embargo, hay un lugar en el que todavía no hemos buscado respuestas...
- Sharena: ¡Yo ya estoy lista para ponerme en marcha! Pero ¿a qué lugar te refieres?
- Alfonse: Al reino de los muertos.
- Sharena: ¡¿Cómo?!
- Anna: Así que quieres adentrarte en el reino de los muertos...
- Alfonse: Bueno, Hel es su soberana, ¿no? Estoy seguro de que allí hallaremos la información que necesitamos.

>> Fin de la batalla
- Anna: Los números del ejército enemigo siguen aumentando de forma lenta pero constante. Si no logramos que una avanzada de nuestras tropas atraviese sus líneas y entre en el reino de los muertos...
- Alfonse: Puede que no volvamos de una pieza de una misión de este calibre... Pero también puede que esta sea nuestra única oportunidad de pararle los pies a Hel.
- Anna: Los Guardianes de Askr nacieron para realizar operaciones a pequeña escala como esta. ¡Podemos hacerlo! Así que... ¡allá vamos! Derrotaremos a Hel y salvaremos Askr. ¿Quién está conmigo?

>> Cierre
- Eir: Dime, Kiran... ¿Qué te parece este plan? ¿De verdad os adentraréis en el reino de los muertos?
- Alfonse: Eir...
- Eir: ¿Por qué os seguís resistiendo? ¡Es inútil! No podéis ganar... Al menos, no contra la muerte. Moriréis y las filas del ejército de mi madre se engrosarán con el pueblo de Askr. Así lo desea ella... Es la reina de los muertos y puede matar sin ningún impedimento. No podéis plantarle cara.
- Alfonse: Te equivocas. Las cosas no son así de simples...
- Eir: ¿A qué te refieres?
- Alfonse: No es tan poderosa como crees. De serlo, este reino no sería más que un cementerio a estas alturas. Askr habría quedado reducido a cenizas y nos habría eliminado a todos en un solo enfrentamiento.
- Eir: (...)
- Alfonse: Su maldición debe tener limitaciones. Por ejemplo, deben pasar nueve días como mínimo para que se cumpla. Además, creo que no me equivoco al afirmar que solo puede maldecir a una víctima a la vez. Y no olvidemos que tuvo que venir hasta aquí tanto para maldecirme como para llevarme con ella. Desde entonces, no la hemos vuelto a ver... ¡Eso solo puede significar que tiene un punto débil!
- Eir: Ya veo... Tienes las ideas bien claras y no te da miedo mi madre.
- Alfonse: Tu madre me aterra, pero quedarme en una esquina temblando no serviría de nada. Ahora que lo pienso, cuando era pequeño me daban muchísimo miedo los monstruos.
- Eir: ¿Los monstruos?
- Alfonse: ¡Pues claro! Por mucho que corras, siempre acaban atrapándote. ¡Y no puedes atacarlos para defenderte! Pero Hel no es la fantasía de un niño pequeño. Es real, ¡y por eso debo vencerla! La derrotaré... ¡Sé que puedo! Estoy completamente seguro.
- Eir: ¿Dices que puedes derrotar a mi madre? ¿A la muerte?
- Alfonse: Claro. Siempre queda un hilo suelto. Con tan solo tirar de él, los misterios empiezan a resolverse. ¡Y te aseguro que lo encontraremos!

Parte 2 - Mercenaria de altos vuelos

>> Inicio de la batalla
- Thea: «Una vez hecha una promesa, nunca la rompemos». Así reza el juramento de los pegasos de Ilia. ¡Y puedo asegurar que siempre cumpliré esa consigna!

Parte 3 - Los guerreros de Sacae

>> Inicio de la batalla
- Sue: La madre Tierra y el padre Cielo siempre me protegerán... Son los únicos en quienes todavía confío.

Parte 4 - El dragon demoniaco

>> Inicio de la batalla
- Idunn: Se me ha ordenado encauzar este mundo, dirigirlo al buen camino... No me importa si en el proceso veo más de mil amaneceres y otros mil anocheceres. ¡Cumpliré mi cometido!

Parte 5 - Las puertas de la muerte

>> Apertura
- Alfonse: Allí están las puertas del mundo de los muertos... Ojalá logremos llegar hasta ellas y cruzarlas...
- Sharena: Alfonse... ¡Alfonse!
- Alfonse: Perdona, Sharena. ¿Qué pasa?
- Sharena: ¿Es que no lo ves? Mira allí... ¡Es padre!

>> Inicio de la batalla
- Gustav: Alfonse.
- Alfonse: ¿Padre? ¿Qué haces aquí?
- Eir: Las víctimas de la maldición de mi madre pasan a ser parte de las filas de su ejército. Madre..., esto es demasiado cruel. Incluso para ti.
- Gustav: ¡Alfonse! Me he convertido en una mera marioneta de Hel. Mi cuerpo no responde a mis órdenes. Acaba conmigo de una vez.
- Alfonse: Pero…
- Gustav: Escúchame bien. Si flaqueas ahora, demostrarás que no eres digno del trono. Enséñale a Hel tu valía. ¡Muéstrale cuán tenaz eres! No te acobardes aunque debas enfrentarte a tu propia sangre... Debes convertirte en el escudo que protegerá a nuestra familia, Alfonse. ¡Nunca lo olvides!
- Alfonse: Sí... Haré todo cuanto sea necesario.

>> Fin de la batalla
- Gustav: Al fin todo vuelve a su cauce...
- Sharena: ¡Padre! No puede ser...
- Alfonse: (...)
- Gustav: Alfonse... Sharena... Os quiero mucho.

>> Cierre
- Anna: Al fin hemos alcanzado las puertas del mundo de los muertos. ¿Estáis preparados? Puede que nunca regresemos a casa...
- Sharena: Sé que esta misión será todo un éxito. ¡Estoy lista!
- Alfonse: ¡Yo también! Nuestro reino depende de nosotros... Y, por si fuera poco, se lo debemos a padre. Vamos, adentrémonos en el mundo de los muertos.

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