Capítulo 17: Retorno del príncipe

133 – Cap.17: El dragón de magia.
- Morzas: Ja, ja, ja… Así que el pobre principito vuelve a casa en busca de su destino. ¿Qué estúpido desperdicia así su vida después del precio que pagó por ella? Tu madre, Liza, está muerta. Yo mismo le quité la vida. Y tu hermana, Elice, solo vive por que Gharnef lo quiso así. ¿Qué harás tú ahora, principito? ¿Huirás para salvar tu vida una ve más o aceptarás, al fin, la muerte? El emperador Medeus no me habría puesto en este trono si no hubiera creído que me lo podías arrebatar. ¡Ja, ja, ja!

 

134 – Cap.17: Héroe y salvador.
- Nyna: ¡Marth! ¿Qué ha ocurrido? ¿Has encontrado a tu familia? ¿Tu hermana?...
- Marth: No… Gharnef ha raptado a mi hermana. No está aquí. y… mi madre… está muerta. Ese dragón de Doluna fue quien la mató.
- Nyna: ¡No!... Oh, Marth, cuánto lo siento…
- Marth: Pensaba que aún quedaría algo… alguna parte de mi antigua vida, de los días felices. He luchado tanto…
- Nyna: Has luchado como un héroe, Marth.
- Malledus: Disculpad, señor. ¿Tenéis un momento?
- Marth: Todos los momentos que quieras, Malledus. ¿De qué se trata?
- Malledus: Vuestro pueblo se ha reunido frente al castillo. Están celebrando que vuelven a ser libres, señor, y desean ver a su príncipe.
- Marth: De acuerdo, iré ahora mismo. Gracias, Malledus.
- Nyna: Marth… Quizás debas esperar un poco hasta que puedas compartir su júbilo. Podríamos enviar a otra persona en tu lugar.
- Marth: No, debo hacerlo yo mismo. Hoy es un día muy importante para mi reino y para mi pueblo. Debo celebrarlo con ellos ahora, no más tarde. De lo contrario, sería un insulto a los que murieron por Altea. Soy un príncipe, antes que un hijo o un hermano. Marchemos pues, Malledus. Saludaré a mi gente.

Así fue la historia de cómo Altea volvió a ser finalmente libre. Su pueblo, que había estado sumido bajo la tiranía de Doluna durante años, se agolpaba delante del castillo, deseoso de celebrar el que para muchos sería el día más feliz de toda su vida.
Todos se abrazaban y reían. Y cuando Marth, su príncipe, apareció en el balcón, todos saludaron a su héroe con una gran ovación llena de felicidad: “¡Larga vida a Marth, nuestro príncipe de la luz! ¡Larga vida a nuestro héroe y salvador!”.
Marth sonrió a su pueblo y alzó su mano para saludar a su gente. Aquél día, la última victoria del gran comandante fue impedir que las lágrimas brotaran de sus ojos.

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