Finales

Como otros en la serie, al final de la historia principal cada personaje tiene un final distinto, pero que también se ve afectado por la casa o ruta en que pertenecen. Así aquí se encuentra una transcripción directa del juego.

  • Notas:
    - Se necesita verificar más a fondo, debido a que el juego los tiene algo agrupados sin especificaciones directas. Además, especificar la ruta/casa a la que pertenecen algunos finales también. Pueden ayudar por aquí.
    - Igualmente para los finales de Byleth con los diferentes personajes, indicando a qué ruta/casa pertenece cada uno.
    - También falta por agregar los títulos, teniendo en cuenta que variará dependiendo del final, y los personajes de DLC.

Finales en solitario

Byleth
Byleth [] Byleth [Águilas negras]
Byleth derrotó a las Serpientes de las Tinieblas y a la Furia Blanca. Ascendió al trono de Fódlan, que había perdido durante la contienda a sus líderes más carismáticos, unificando el gobierno del continente. Desde entonces, se entregó por completo a la tarea de reparar los estragos causados por la guerra y devolver a sus gentes el optimismo y la esperanza por un futuro mejor. Tras una cruenta batalla, Byleth y Edelgard acabaron con la tiranía de la Diosa y sus acólitos. [Herido, Herida] y [desprovisto, desprovista] de su antiguo poder divino, Byleth volvió a tomar las armas para enfrentarse a las Serpientes de las Tinieblas y devolver la paz a Fódlan.
Byleth [Leones azules] Byleth [Ciervos dorados]
Byleth y Dimitri frustraron las ambiciones del Imperio. Una vez concluida la guerra, Rhea renunció a su puesto, por lo que Byleth se convirtió en [el nuevo Arzobispo, la nueva Arzobispa] de la Iglesia de Seiros. Bajo su mando, el Sacro Reino de Faerghus unió el gobierno de todo Fódlan y abrió una nueva era de paz y libertad. Byleth y Claude derrotaron a Némesis, el Rey Cruel, devolviéndolo a las tinieblas de las que procedía. Tiempo después, Claude volvió a Almyra y dejó el gobierno del continente en manos de Byleth, quien, tras ascender al trono, trabajó sin descanso para construir un mundo en el que todas las culturas pudieran coexistir en paz.


Personajes masculinos
Dimitri Claude
Dimitri accedió al trono tras su coronación y dedicó el resto de su vida a gobernar y a reconstruir Fódlan. Aparte de mejorar las condiciones de vida de los huérfanos y las relaciones internacionales, escuchó a su pueblo e introdujo una serie de reformas para concederle voz y voto en las decisiones políticas. Vivió por y para su gente, que le dio el sobrenombre de «Rey Salvador». Claude volvió a su país natal, Almyra y, en calidad de príncipe, participó activamente en la política. Tiempo después ascendió al trono y abrió nuevas rutas de comercio con Fódlan. También envió tropas para sofocar las revueltas de los últimos nostálgicos del Imperio. Su mayor legado fue establecer una relación de confianza y lealtad entre ambos territorios, que aprendieron a superar sus viejos prejuicios.
Ferdinand [Águilas Negras] Hubert
Tras convertirse oficialmente en el nuevo duque de Aegir, Ferdinand emprendió la reforma de su territorio y superó numerosas dificultades para lograr la recuperación. Como reconocimiento por su labor tanto durante la guerra como tras ella, la emperatriz lo nombró primer ministro. En lo sucesivo permaneció al lado de Edelgard y la ayudó a traer una era de gran prosperidad al Imperio. Como mano derecha de la emperatriz Edelgard, Hubert consagró su vida a su señora. Siempre discreto, libró a su soberana de mil y una cargas sin atribuirse ningún mérito. Sabedor del miedo que imponía su mirada huraña y de la pobre reputación que arrastraba, nada le impidió jamás llevar a cabo su labor con la mayor de las diligencias.
Caspar [Águilas Negras] Ferdinand [Otras casas]
Las hazañas de Caspar durante la contienda le valieron el nombramiento como ministro de Guerra del nuevo Imperio de Adrestia, puesto desde el que comandó a todo el ejército. A pesar de su impulsividad, supo capear las grandes crisis con éxito. A juzgar por las crónicas de la época, sus éxitos militares y su jovialidad lo convirtieron en un personaje celebrado por el pueblo y por sus subordinados. Tras reclamar el título de duque de Aegir, Ferdinand emprendió la reforma de su territorio y superó numerosas dificultades hasta lograr una paulatina recuperación. Sus esfuerzos por promover el desarrollo de todo el continente le valieron un lugar destacado en la historia de Fódlan.
Linhardt Caspar [Otras casas]
Linhardt renunció a su título nobiliario y abandonó sus tierras para establecerse en el monasterio de Garreg Mach, donde se consagró al estudio de los emblemas, a la pesca y a la vida contemplativa. A su muerte dejó una obra inmensa con sensacionales avances en emblemología que jamás quiso publicar en vida. Tras la guerra, Caspar emprendió un largo viaje para encontrarse a sí mismo que lo llevó a los confines de Fódlan y, en ocasiones, fuera del continente. A su paso causó varios episodios divertidos por su impulsividad que dieron lugar a descacharrantes anécdotas y que hicieron reír a generaciones enteras de fodlaneses.
Felix [Leones azules] Dedue
Como duque de Fraldarius, Felix trabajó incansablemente para reconstruir los territorios de su familia. Llegó a ser el valido del rey, que siempre apreció sus consejos en diversos asuntos, sobre todo los de índole militar. Con el tiempo, el pueblo llegó a aclamarlo con el mismo sobrenombre que en su día había recibido su padre: el «Escudo de Faerghus». Como vasallo del rey Dimitri, Dedue dedicó su vida a su señor y a su reinado. Tras la muerte del soberano, Dedue abandonó la corte. Se dice que pasó el resto de sus días custodiando la tumba del antiguo rey, en las cercanías de Fhirdiad, pero sin dejar de velar por la pacífica nación que había ayudado a construir.
Ashe Felix [Otras casas]
Tras la guerra, Ashe fue nombrado formalmente caballero y accedió a la jefatura de la Casa Gaspard, que carecía de sucesor. El trato amable que dispensaba a sus vasallos fue alabado en todo Fódlan, hasta el punto de que muchos veían reflejado en Ashe el ideal de la caballería, como él siempre había soñado. Su bondad y sus logros dieron lugar a innumerables relatos. La conclusión de la guerra no supuso un fin abrupto de las hostilidades: se seguían produciendo escaramuzas con frecuencia por todo Fódlan, lo que llevó a Felix, siempre sediento de lucha, a renunciar a su título nobiliario y vivir como soldado de fortuna. Apenas se sabe nada sobre sus posteriores aventuras, pero, décadas más tarde, entre la soldadesca seguían corriendo rumores acerca de un misterioso guerrero que era capaz de acabar con decenas de enemigos a la velocidad del rayo.
Lorenz [Ciervos dorados] Sylvain
Tras la guerra, Lorenz no tardó en acceder a la jefatura de la Casa Gloucester y participó en la política de Fódlan como representante de la antigua Alianza de Leicester. Su valía política se tradujo en una serie de revolucionarias medidas que mejoraron especialmente las condiciones de vida de la plebe. Como marqués de Gautier, Sylvain se dedicó a mejorar las relaciones con el pueblo sreng y a hacer proselitismo entre la nobleza de un modo de vida en el que reliquias y emblemas no resultaban indispensables. Pasó a la historia como el perfecto ideal de aristócrata, pero no pudo impedir que se acuñase la expresión «discípulo de Gautier» para referirse a los amantes disolutos e infieles.
Raphael Lorenz [Otras casas]
Al acabar la guerra, Raphael retornó a su hogar para ponerse al servicio de su señor como caballero al tiempo que echaba una mano en la posada que abrieron su abuelo y su hermana. Pasados unos años, colgó las armas para dedicarse por completo al negocio familiar, donde se hizo famoso por su enorme talento para la cocina. Tras la guerra, Lorenz no tardó en acceder a la jefatura de la Casa Gloucester y participar en los asuntos imperiales como representante de la antigua Alianza de Leicester. Su valía política se tradujo en una serie de revolucionarias medidas que mejoraron especialmente las condiciones de vida de la plebe.
Seteth Ignatz
Seteth permaneció en el monasterio de Garreg Mach, desde donde trabajó incansablemente para restaurar la autoridad de la Iglesia de Seiros. Acabó con la antigua rigidez del clero y practicó la tolerancia hacia otras creencias, lo que resolvió buena parte de las disputas intestinas que antaño abundaban en Fódlan. Ignatz volvió a casa y convenció a sus padres de que le permitieran iniciar un viaje y formarse como artista. Se dedicó principalmente a pintar paisajes y a retratar las costumbres del pueblo, tanto en Fódlan como más allá de sus confines. Su inconfundible estilo personal marcó un antes y un después en la historia del arte.
Alois - Padre devoto [Águilas negras] Alois - Dechado de caballería [Iglesia y Leones azules]
Una vez acabada la larga lucha contra las Serpientes de las Tinieblas, Alois volvió a Remire con su familia para explotar una granja. Se dice que estaba muy feliz por haber cambiado la espada por el azadón y llevar una vida modesta y sencilla. Una vez acabada la contienda, Alois accedió oficialmente al cargo de capitán de los Caballeros de Seiros. Se granjeó el afecto de sus subordinados gracias a su carácter y logró que sus soldados estuvieran más unidos que nunca. Se dice que sus hazañas incluso llegaron a superar a las del mandato de Jeralt.
Gilbert Hanneman
Gilbert volvió a la capital del Reino, donde volvió a servir como caballero a las órdenes de Dimitri, a cuyas órdenes permaneció muchos años. Cuando el Reino recuperó la estabilidad, se retiró. Según cuentan, vivió el resto de sus días en paz, dedicado a enseñar estrategia e instrucción militar al joven príncipe heredero. A pesar de los cambios que había experimentado Fódlan, la meta de Hanneman permaneció inalterable: descifrar el funcionamiento de los emblemas y acabar con las desigualdades sociales que causaban. La ingente labor del «Padre de la Emblemología» dio sus frutos y le permitió crear instrumentos mágicos que podían ser usados incluso por quienes no portaban un emblema.
Cyril  
Liberado de su misión de proteger a Rhea, Cyril intentó abandonar la Iglesia, pero se dejó convencer para ayudar en las tareas de reconstrucción del monasterio. Gracias a su enorme dedicación, la Academia de Oficiales pudo volver a abrir sus puertas transcurridos no muchos años. Decidido a dar un giro a su vida, Cyril se matriculó en la Academia y pasó a ser un estudiante más.  
 
Personajes femeninos
Edelgard Bernadetta
Como soberana del nuevo Imperio de Adrestia, Edelgard insufló aire fresco al gobierno de Fódlan. No reparó en sacrificios para reformar el sistema de clases y regalarle a su pueblo una sociedad libre. Años más tarde, cuando consideró que su obra estaba completada, le cedió su puesto a un digno sucesor y desapareció de la vida pública. Bernadetta heredó de su padre el título de condesa de Varley, pero se limitó a encerrarse en su alcoba y dejó completamente de lado la política para centrarse solo en la administración de su territorio. Sus costumbres le valieron el nombre de «Reclusa de Varley» entre el pueblo.
Dorothea Petra
Dorothea volvió a la Compañía Operística Mittelfrank en cuanto acabó la guerra y trabajó incansablemente para hacerla renacer de sus cenizas. Gracias a su talento como cantante, la compañía operística recuperó su popularidad. Cumplida así su misión, Dorothea designó una sucesora y abandonó los escenarios para siempre. Más tarde conoció al amor de su vida y vivió feliz y tranquila el resto de sus días. Petra regresó a las islas de Brigid, su patria, donde heredó el trono de su abuelo. Abolió el vasallaje que su pueblo rendía a Fódlan y promovió unas relaciones cordiales pero de igualdad tanto con el continente como con Dagda. Se dice que la paz y la prosperidad que trajo a las gentes de Brigid duraron muchas generaciones.
Mercedes [Leones azules] Mercedes [Otras casas]
Mercedes abandonó su hogar y abrió junto con su madre un modesto orfelinato en Faerghus en el que acogió huérfanos de la guerra sin distinciones de origen. Se dice que, con el tiempo, el pueblo en el que estableció el orfelinato se convirtió en una bella ciudad donde era habitual ver sonreír a los niños. Mercedes abandonó su hogar para tomar los hábitos en Garreg Mach. Se dice que los fieles la veneraban por el trato amable que dispensaba a quien necesitase ayuda. Mercedes dedicó su vida tanto a la Diosa como al pueblo, y su ejemplo fue seguido durante generaciones.
Ingrid [Leones azules] Ingrid [Otras casas]
En lugar de convertirse en condesa de Galatea, Ingrid sirvió como caballero en la Casa Blaiddyd. Entre sus grandes logros se cuenta la creación de un cuerpo de jinetes pegaso de élite que sirvió como guardia personal de la nobleza. Nunca se desposó. Ingrid logró el restablecimiento de los territorios de la familia Galatea, que habían sido usurpados, y le fue encomendado su gobierno. Dedicó sus esfuerzos a promover el bienestar de su gente, lo que redundó en una ambiciosa reforma agraria que acabó con la carestía de alimentos y le granjeó la admiración de sus vasallos.
Annette Lysithea
Annette volvió a Fhirdiad y aceptó un puesto como profesora en su prestigiosa escuela de magia. Su labor fue muy fructífera y permitió a numerosos estudiantes seguir su vocación y convertirse en magos. La cordialidad y humildad de la que siempre hacía gala le granjeó el respeto de sus alumnos. Lysithea volvió a su hogar para ayudar a sus padres en las labores de reconstrucción de sus territorios. Años más tarde, cuando se habían restañado las heridas de la guerra, renunció al título de la Casa Ordelia, cedió sus tierras a un noble vecino y desapareció junto con sus padres. Se desconoce adónde se dirigió o a qué se dedicó.
Marianne Hilda
Marianne volvió a su hogar, donde fue recibida por el pueblo como una heroína. Reconociendo su valía, su padre adoptivo la eligió como su sucesora. Tal y como le había enseñado su padre biológico, Marianne siempre otorgó más importancia a las palabras que a las armas y pasó a la historia de Fódlan como una gran oradora. Tras la guerra, Hilda dedicó su tiempo libre a la creación de complementos, y sus originales creaciones le valieron una gran fama. Más tarde, su hermano la ayudó a abrir una reputada escuela de diseño en Fódlan, donde ejerció como profesora y directora. Ayudó a numerosos alumnos a seguir su vocación y a convertirse en grandes creadores.
Flayn Flayn
Flayn desapareció al poco de acabar la guerra. El paso del tiempo borró toda huella de su existencia. Tras largos años, apareció en un Fódlan irreconocible una joven que miró al hombre que estaba junto a ella y le preguntó: «¿En esta época me estará permitido llamaros "padre"?» Flayn desapareció al poco de acabar la guerra. El paso del tiempo borró toda huella de su existencia. Tras largos años, una joven apareció en el monasterio de Garreg Mach, que había recuperado su anterior gloria, y musitó estas palabras: «He vuelto».
Leonie Manuela
Leonie se unió al grupo de mercenarios que otrora dirigiera Jeralt. Como su mejor discípula, llegó a sucederlo como jefa e incluso heredó el apodo de «Quiebraespadas». También ganó gran fama por su desmedida afición a la bebida, llegando a ser conocida como «Jeralt II» por su costumbre de dejar deudas en cada taberna que visitaba. Manuela abandonó Garreg Mach para establecerse en una aldea en la que fundó una escuela. Se dedicó en cuerpo y alma a las labores de reconstrucción al tiempo que enseñaba a sus alumnos todo lo necesario para valerse por sí mismos. Permaneció soltera durante toda la vida, pero feliz de estar rodeada de niños.
Catherine Catherine
Catherine dejó los Caballeros de Seiros y dedicó su vida a proteger a Rhea, quien abandonó su puesto como Arzobispa para vivir en reclusión. Aunque nunca se separó del Filo del Trueno, perdió su viejo apodo y pasó a ser conocida como la «Guardiana de Zanado». Catherine dejó los Caballeros de Seiros para viajar por todo Fódlan. Siempre armada con el Filo del Trueno, dedicó su vida a proteger a los débiles y castigar a los malvados. Sus incontables hazañas la convirtieron en una heroína de leyenda y le valieron la devoción de las gentes.
Shamir  
Poco después de acabar la guerra, Shamir dejó el ejército sin dejar rastro. De manera casi simultánea, emergió una misteriosa ladrona de simpar talento con el arco que se dedicaba a castigar a quienes se llenaban los bolsillos oprimiendo a los más débiles.  
   

Finales en pareja

Finales en pareja - Byleth y personaje masculino
Byleth y Dimitri Byleth y Claude
El enlace entre Byleth, la nueva Arzobispa, y Dimitri, que acababa de ascender al trono del Sacro Reino de Faerghus, fue un motivo añadido de dicha tras el fin de la guerra. Ambos se afanaron en mejorar las condiciones de vida de los habitantes de Fódlan, para lo que iniciaron una reforma integral del sistema de gobierno y la Iglesia. Como cabezas del estado y el clero, en ocasiones discutían acaloradamente; sin embargo, cada vez que disfrutaban juntos de momentos de asueto, dejaban de lado sus títulos para ser una pareja armoniosa y bien avenida. Tras ascender al trono como [primer, primera] monarca del Reino de Fódlan, Byleth inició la reconstrucción de los pueblos y ciudades arrasados por la guerra y alentó la reforma de la Iglesia de Seiros. Tras unos meses, soldados del antiguo ejército del Imperio se aliaron con los restos de las Serpientes de las Tinieblas para lanzar un ataque contra la capital, Derdriu. La joven nación no tenía capacidad para repelerlos. Cuando parecía que la derrota era inevitable, se produjo un milagro: Claude, el nuevo rey de Almyra, envió ayuda y no tardó en romper el cerco y dispersar a los atacantes. Este episodio marcó el inicio de una nueva era de concordia entre ambos territorios.
Byleth y Hubert Byleth y Ferdinand []
Tras una cruenta batalla, Byleth y Edelgard acabaron con la tiranía de la Diosa y sus acólitos. Herida y desprovista de su antiguo poder divino, Byleth siguió luchando junto a la emperatriz para traer la paz. Por su parte, el siempre leal Hubert también se mantuvo al lado de su señora y cumplió así su promesa de enfrentarse a las Serpientes de las Tinieblas. La admiración y el respeto que nació entre Byleth y Hubert durante aquella terrible contienda se convirtió en amor, y, una vez casados, nada pudo separarlos jamás. Tras ascender al trono como primera monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Ferdinand, quien a la sazón había heredado el título de duque de Aegir. El rey consorte debió superar numerosas dificultades para reconstruir las tierras de su familia y de los Hrym, pero decidió declinar cualquier cargo oficial en la corte y se limitó a ser un consejero informal. Los anales de la época destacan sus logros como señor de sus territorios, pero apenas recogen información sobre su matrimonio con la primera reina, por lo que una parte significativa de su obra está rodeada de misterio.
Byleth y Ferdinand [] Byleth y Ferdinand []
Tras convertirse en la nueva Arzobispa de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Ferdinand, quien a la sazón había heredado el título de duque de Aegir. El esposo de la Arzobispa debió superar numerosas dificultades para reconstruir las tierras de su familia y de los Hrym, pero se negó a ocupar ningún cargo oficial al servicio del clero y se limitó a ser un consejero informal. Los anales de la época destacan sus logros como señor de sus territorios, pero apenas recogen información sobre su matrimonio con la Arzobispa, por lo que una parte significativa de su obra está rodeada de misterio. Byleth y Ferdinand celebraron su enlace en una boda fastuosa. Casi inmediatamente después se inició la lucha contra las llamadas «Serpientes de las Tinieblas». Ferdinand acababa de heredar el título de duque de Aegir y debió superar numerosas dificultades para reconstruir las tierras de su familia y de los Hrym. De manera simultánea, tanto él como su esposa prosiguieron su lucha con miras a lograr una paz duradera en Fódlan. Los anales de la época destacan sus logros como señor de sus territorios, pero apenas recogen información sobre las batallas que libró junto a su consorte, por lo que una parte significativa de su obra está rodeada de misterio.
Byleth y Linhardt [] Byleth y Linhardt []
Tras ascender al trono como primer monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Linhardt, quien, como consorte del nuevo rey, puso todo su empeño en recuperar la grandeza de Fódlan... o así habría sido si no hubiese dedicado casi todo su tiempo a investigar los emblemas, pescar y llevar una vida libre de preocupaciones. Sin embargo, cuando el nuevo rey descubrió un tratado con sensacionales avances en emblemología que Linhardt tenía oculto en su escritorio, este se vio obligado a poner su talento al servicio del joven reino, a cambio de lo cual se le permitió echar prolongadas siestas con Byleth. Tras su nombramiento como nuevo Arzobispo de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Linhardt, quien renunció a su herencia y puso todo su empeño en recuperar la grandeza de Fódlan... o así habría sido si no hubiese dedicado casi todo su tiempo a investigar los emblemas, pescar y llevar una vida libre de preocupaciones. Sin embargo, cuando el Arzobispo descubrió un tratado con sensacionales avances en emblemología que Linhardt tenía oculto en su escritorio, este se vio obligado a poner su talento al servicio del clero, a cambio de lo cual se le permitió echar prolongadas siestas con Byleth.
Byleth y Linhardt [] Byleth y Caspar []
Linhardt celebró con Byleth el fin de la guerra que había arrasado Fódlan, pero la contienda contra las Serpientes de las Tinieblas no les dejó tiempo para sestear. Muy al contrario, obligó a Linhardt a abandonar las tierras de su familia y tomar las armas para traer la paz a Fódlan. La guerra fue cruenta, pero se consolaba pensando en que, cuando tocase a su fin, él y Byleth tendrían tiempo para relajarse y dedicarse a lo que más les gustaba, lejos del mundanal ruido. Tras acceder al trono como primera monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Caspar. Este, incapaz de permanecer durante mucho tiempo en el mismo lugar, emprendió varios viajes en los que a veces llevaba a su esposa. Su impulsividad causó multitud de incidentes que obligaron a la reina a revelar su identidad para deshacer entuertos, lo que dio lugar a una serie de descacharrantes anécdotas que hicieron reír a generaciones enteras de fodlaneses.
Byleth y Caspar [] Byleth y Caspar []
Tras su nombramiento como nueva Arzobispa de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Caspar. Este, incapaz de permanecer durante mucho tiempo en el mismo lugar, emprendió varios viajes en los que a veces llevaba a su esposa. Su impulsividad causó multitud de incidentes que obligaron a la Arzobispa a revelar su identidad para deshacer entuertos, lo que dio lugar a una serie de descacharrantes anécdotas que hicieron reír a generaciones enteras de fodlaneses. Al poco de celebrarse el enlace entre Byleth y Caspar, dio comienzo la guerra contra las Serpientes de las Tinieblas. Caspar, que había sido nombrado ministro de Guerra, ayudó a Byleth a dirigir el ejército del Imperio y a luchar por traer la paz a Fódlan. Su valentía, atemperada por la sensatez de su esposa, resultó fundamental en el devenir de muchas batallas, y sus tropas contagiaban entusiasmo al resto del ejército y tenían fama de no arredrarse ante ningún peligro.
Byleth y Dedue Byleth y Felix []
Byleth sucedió a Rhea como nueva Arzobispa y un año más tarde anunció su enlace con Dedue, quien había renunciado a su puesto como vasallo del rey. Se dice que su boda estuvo decorada con bellas flores de Duscur que dieron un toque de color a la nueva etapa conjunta que la pareja iniciaba. Dedue medió entre Faerghus y la Iglesia y colaboró con la Arzobispa en sus esfuerzos por restablecer el orden en Fódlan. Se interesó especialmente en mejorar los derechos de los extranjeros, tanto dentro como fuera de Fódlan. Cuando la Arzobispa anunció su retirada, Dedue la siguió y pasaron juntos el resto de sus días en Duscur dedicados a cultivar flores. Cuando Byleth ascendió al trono como primera monarca del Reino de Fódlan, también anunció su enlace con Felix. La gestión del nuevo país exigía a veces mano de hierro, labor que Felix se ofreció a realizar y que le valió el sobrenombre de «Espada de la Reina». Cuando consideraron que su cometido había acabado, renunciaron a sus títulos y dieron paso a una nueva generación. Juntos iniciaron un viaje y no se volvió a saber de ellos, pero, años más tarde, empezaron a circular rumores sobre una pareja de mercenarios de inigualable valor y destreza en combate.
Byleth y Felix [] Byleth y Felix []
Tras suceder a Rhea como Arzobispa, Byleth anunció su enlace con Felix, que había heredado el título de duque de Fraldarius. Este se desvivió por restablecer el orden en su territorio y contribuir al desarrollo del Reino. También colaboró con la Iglesia como esposo y consejero de la Arzobispa. Sus numerosas obligaciones los llevaban a pasar mucho tiempo separados, pero cuando coincidían solían cruzar espadas antes que palabras. Sus sirvientes decían que, cada vez que sus hojas chocaban, la cara se les iluminaba y se olvidaban de lo que los rodeaba. Byleth y Felix se comprometieron poco después de la batalla de Fhirdiad. La lucha contra las Serpientes de las Tinieblas fue larga y ardua, pero siempre se tuvieron el uno al otro para ofrecerse consuelo. Al acabar la guerra, celebraron su enlace con una ceremonia modesta que dio paso a una nueva etapa como marido y mujer. Nadie sabe con certeza adónde se dirigieron, pero se cree que viajaron por el mundo arma en mano como soldados de fortuna.
Byleth y Ashe [] Byleth y Ashe []
Una vez unificado Fódlan, Byleth ascendió al trono y Ashe permaneció a su lado: primero como fiel escudero y más tarde como esposo. La reina se volcó en la tarea de reparar los daños causados por la guerra, ayudada por la Iglesia de Seiros, con especial énfasis en proporcionar comida, alojamiento y educación a los numerosos huérfanos que el conflicto había dejado. Se dice que quien la impulsaba a estos actos altruistas era casi siempre Ashe, aunque él, modesto hasta la médula, decía que todo el mérito era de su querida esposa. Byleth fue nombrada nueva Arzobispa de la Iglesia de Seiros y Ashe permaneció a su lado: primero como escudero y consejero, y más tarde como esposo. La Arzobispa, ayudada desde Faerghus, se volcó en la tarea de reparar los daños causados por la guerra, con especial énfasis en proporcionar comida, alojamiento y educación a los numerosos huérfanos que el conflicto había dejado. Se dice que quien la impulsaba a estos actos altruistas era casi siempre Ashe, aunque él, modesto hasta la médula, decía que todo el mérito era de su querida esposa.
Byleth y Ashe [] Byleth y Sylvain []
Una vez concluida la guerra, Byleth y Ashe continuaron luchando contra las Serpientes de las Tinieblas. La amistad que los unía creció durante las innumerables y cruentas batallas hasta convertirse en amor, y se volvieron inseparables. Cuando la paz llegó por fin, la pareja se embarcó en un largo viaje alrededor del mundo. Su misión era reparar los daños causados por la guerra y sanar a los heridos. Apenas quedan documentos escritos sobre aquel viaje, pero sus hazañas se convirtieron en leyenda y los bardos las glosaron por todo el continente. Byleth anunció su enlace con Sylvain poco después de proclamarse su ascenso al trono del nuevo Reino de Fódlan unificado. El flamante marqués de Gautier se reveló como un consumado orador y un experto diplomático, lo que ayudó a la reina a mejorar las relaciones con otros países y con la Iglesia de Seiros. A pesar de su fama de mujeriego, Sylvain fue un marido intachable y un padre ejemplar, que trató a sus hijos por igual, sin importarle el hecho de que portaran o no un emblema al nacer.
Byleth y Sylvain [] Byleth y Sylvain []
Byleth anunció su enlace con Sylvain poco después de proclamarse nueva Arzobispa de la Iglesia de Seiros. El flamante marqués de Gautier se reveló como un consumado orador y un experto diplomático, lo que ayudó a la Arzobispa a mejorar las relaciones con Faerghus y a remodelar su propia institución. A pesar de su fama de mujeriego, Sylvain fue un marido intachable y un padre ejemplar, que trató a sus hijos por igual, sin importarle el hecho de que portaran o no un emblema al nacer. Una vez concluida la guerra, Byleth y Sylvain contrajeron matrimonio. Como jefes de la Casa Gautier, centraron sus esfuerzos en restablecer el orden en el norte de Fódlan, que había padecido especialmente las penurias del conflicto. Cumplida su misión, la pareja se dedicó a mejorar las relaciones con el pueblo sreng y a promover entre la nobleza de un modo de vida en el que reliquias y emblemas no resultaran indispensables. La tarea requirió un gran esfuerzo, pero acabó por dar sus frutos, y el matrimonio volcó entonces sus energías en educar a sus hijos, a los que trataban por igual y sin importarles que portasen o no un emblema.
Byleth y Lorenz [] Byleth y Lorenz []
Tras ascender al trono como primera monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Lorenz, quien se entregó con igual pasión a su papel de consorte real y al de jefe de la Casa Gloucester, en cuyos territorios trabajó con ahínco para reparar los daños causados por la guerra. Sus políticas eran especialmente beneficiosas para las clases más desfavorecidas, lo que le valió el amor de la plebe y el apelativo de «Señor de las Rosas». Tras muchos años de servicio a Fódlan, Lorenz cayó enfermo y se retiró de la vida pública. La reina lo acompañó, dejando el trono en manos del príncipe, que era la viva imagen de su marido. Tras proclamarse nueva Arzobispa de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Lorenz, quien se entregó con igual pasión a su papel de consorte y al de jefe de la Casa Gloucester, en cuyos territorios trabajó con ahínco para reparar los daños causados por la guerra. Sus políticas eran especialmente beneficiosas para las clases más desfavorecidas, lo que le valió el amor de la plebe. Tras muchos años de servicio, en los que devolvió la autoridad perdida a la Iglesia, Lorenz cayó enfermo y se retiró de la vida pública. La Arzobispa lo acompañó, dejando el gobierno de la Casa Gloucester en manos de su hijo, que era la viva imagen de Lorenz.
Byleth y Lorenz [] Byleth y Raphael []
Casi sin dar tiempo a que Byleth y Lorenz celebrasen su fastuoso enlace, la lucha contra las Serpientes de las Tinieblas comenzó. Cuando, tras muchos avatares, la paz regresó a Fódlan, los nuevos condes de Gloucester pudieron al fin centrarse en la reconstrucción de sus tierras. Aun así, nunca dejaron de lado su compromiso con los asuntos militares, y participaron juntos en numerosas campañas bélicas. Por desgracia, estas acabaron pasando factura a Lorenz, que cayó enfermo y se vio forzado a retirarse. Byleth lo acompañó en su retiro, dejando el gobierno de la Casa Gloucester en manos de su hijo, que era la viva imagen de Lorenz. Tras ascender al trono como primera monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Raphael, quien, en calidad de caballero de la nueva Guardia Real, contribuyó a la restauración del orden y a la estabilidad de la incipiente nación. Se dice que la pareja solía mostrarse muy afectuosa en sus numerosas comparecencias públicas, y que siempre gozaron de la aprobación del pueblo, que los recordó durante muchas generaciones, en parte gracias a los magníficos retratos que de ellos pintó uno de los mayores talentos artísticos de su era: Maya, la hermana de Raphael.
Byleth y Raphael [] Byleth y Raphael []
Tras proclamarse nueva Arzobispa de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Raphael, quien, como cabeza de los nuevos Caballeros de Seiros, contribuyó a paliar los daños y las penurias que la guerra había causado. Se dice que la pareja solía mostrarse muy afectuosa en sus numerosas comparecencias públicas, y que siempre gozaron de la aprobación del pueblo, que los recordó durante muchas generaciones, en parte gracias a los magníficos retratos que de ellos pintó uno de los mayores talentos artísticos de su era: Maya, la hermana de Raphael. Casi sin dar tiempo a que Byleth y Raphael celebrasen su discreto pero alegre enlace, la lucha contra las Serpientes de las Tinieblas dio comienzo. Raphael se encomendó por entero a la tarea de proteger a su esposa hasta que el caos de la guerra llegó a su fin. Se dice que el amor que se profesaban mutuamente fue el símbolo de la nueva era, y que el pueblo los recordó durante muchas generaciones, en parte gracias a los magníficos retratos que de ellos pintó uno de los mayores talentos artísticos de su época: Maya, la hermana de Raphael.
Byleth e Ignatz [] Byleth e Ignatz []
Tras ascender al trono como primera monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Ignatz, quien, además de apoyar a su esposa en las tareas de reconstrucción como consorte, se hizo mundialmente famoso por su talento con el pincel. Donó muchos de sus cuadros a las iglesias del reino, y se dice que quienes acudían a los templos a contemplarlos sentían gran solaz y olvidaban las penurias de la guerra. Su obra más famosa, «El retorno de la Diosa», mostraba la llegada de la deidad, venida de los cielos para dirigir a sus fieles. Quienes conocían a la reina solían señalar su gran parecido con la Diosa que aparecía en el cuadro. Tras proclamarse nueva Arzobispa de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Ignatz, quien, además de apoyar a su esposa en las tareas de reconstrucción como consorte, se hizo mundialmente famoso por su talento con el pincel. Donó muchos de sus cuadros a las iglesias del reino, y se dice que quienes acudían a los templos a contemplarlos sentían gran solaz y olvidaban las penurias de la guerra. Su obra más famosa, «El retorno de la Diosa», mostraba la llegada de la deidad, venida de los cielos para dirigir a sus fieles. Quienes conocían a la Arzobispa solían señalar su gran parecido con la Diosa que aparecía en el cuadro.
Byleth e Ignatz [] Byleth y Seteth []
Casi sin dar tiempo a que Byleth e Ignatz celebrasen su discreto pero alegre enlace, la lucha contra las Serpientes de las Tinieblas dio comienzo. Ignatz se empleó en la guerra no solo como general, sino también como artista. Capturó en sus lienzos las imágenes de su esposa, que siempre combatía al lado de la emperatriz. Su memorable serie de escenas bélicas «Crónicas de una heroína» ejerció una influencia innegable en generaciones posteriores de artistas, pero fue su cuadro más memorable, «El retorno de la Diosa», el que le valió la admiración del público. Se dice que para la imagen de la deidad tomó como modelo a Byleth, su amada esposa. Tras ascender al trono como primera monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció que Seteth sería su primer ministro. La bondad de la reina y el rigor del ministro resultaron una combinación ideal para la tarea de reconstruir Fódlan, y ambos se ganaron el cariño del pueblo fácilmente. Sus personalidades también les granjearon excelentes resultados al tratar con la aristocracia, sobre todo con los nobles más obstinados. Cumplida su misión, la pareja anunció su enlace, para sorpresa de propios y extraños, pero también para regocijo de sus ciudadanos, que acogieron la noticia como una nueva bendición.
Byleth y Seteth [] Byleth y Hanneman []
Tras proclamarse nueva Arzobispa de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció que Seteth continuaría en su puesto de consejero principal. La bondad de la Arzobispa y el rigor de Seteth resultaron una combinación ideal para la tarea de reconstruir Fódlan y la Iglesia. Desempeñaron una labor impagable al frente de la institución y se ganaron el cariño de los fieles. Cumplida su misión, la pareja anunció su enlace, para sorpresa de propios y extraños, pero también para regocijo de sus devotos, que acogieron la noticia como una nueva bendición. Tras ascender al trono como primera monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Hanneman, que apoyó a la reina en las tareas de restauración de Fódlan con su sabiduría y sus consejos. Sin embargo, su ocupación principal continuó siendo el estudio de los emblemas; en particular, descubrir el modo de acabar con las desigualdades que provocaban. Sus investigaciones dieron como fruto una serie de artilugios mágicos que podían utilizarse sin poseer un emblema. La reina no tardó en darles uso, y pronto se convirtieron en la base sobre la que se sustentaron los mayores avances de la incipiente nación.
Byleth y Hanneman [] Byleth y Hanneman []
Tras proclamarse nueva Arzobispa de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Hanneman, que apoyó a su esposa en las tareas de restauración de Fódlan con su sabiduría y sus consejos. Sin embargo, su ocupación principal continuó siendo el estudio de los emblemas; en particular, descubrir el modo de acabar con las desigualdades que provocaban. Sus investigaciones dieron como fruto una serie de artilugios mágicos que podían utilizarse sin poseer un emblema. La Arzobispa no tardó en darles uso, y pronto se convirtieron en la base sobre la que se sustentó el gran avance que experimentó el continente. Casi sin dar tiempo a que Byleth y Hanneman celebrasen su discreta boda, la guerra contra las Serpientes de las Tinieblas comenzó. La pareja luchó en numerosas batallas y devolvió al fin la paz a Fódlan. Cumplida su misión, los dos volcaron sus esfuerzos en aquello que aún obsesionaba a Hanneman: el estudio de los emblemas. En particular, querían acabar con las desigualdades que provocaban. Sus investigaciones dieron como fruto una serie de artilugios mágicos que podían utilizarse sin poseer un emblema y que acabarían convirtiéndose en la base de muchos futuros avances, lo que les reportó fama y respeto en todo el continente.
Byleth y Gilbert Byleth y Alois []
Tras proclamarse [nuevo Arzobispo, nueva Arzobispa] de la Iglesia de Seiros —en sustitución de Rhea—, Byleth se entregó por completo a las obligaciones de su nuevo puesto y alcanzó un acuerdo de colaboración con el Reino para reparar los daños causados por la guerra en todo Fódlan. Clave en estas negociaciones resultó la figura de sir Gustave, antiguo caballero de Seiros que respondía previamente al nombre de Gilbert, y que acompañó en cada reunión [al Arzobispo, a la Arzobispa]. Se dice que Byleth valoraba enormemente sus consejos y que lo mantuvo a su lado hasta el día en que renunció al cargo. Tras la guerra, Byleth ascendió al trono como [primer, primera] monarca del Reino de Fódlan, y Alois abandonó los Caballeros de Seiros para [servirlo, servirla] como su mano derecha y fundar una nueva orden de caballería. El veterano guerrero no escatimó esfuerzos en su desempeño: viajó por todo el continente en representación de[l nuevo monarca, la nueva monarca] y se ganó la admiración de sus subordinados, que ensalzaban su carácter jocoso y afable. Tan respetado era Alois que su orden se convirtió en la más numerosa de todo Fódlan. Muchos afirmaban que Byleth confiaba en él como si fuera su propio padre.
Byleth y Alois [] Byleth y Alois []
Tras la guerra, Byleth se proclamó [nuevo, nueva] [Arzobispo de la Iglesia de Seiros, Arzobispa de la Iglesia de Seiros], en sustitución de Rhea, y emprendió la reforma de la institución. Los cambios llegaron hasta la orden de los Caballeros de Seiros, que vio como Alois se convertía en el nuevo capitán y en la mano derecha [del Arzobispo, de la Arzobispa]. El veterano guerrero no escatimó esfuerzos: viajó por todo el continente en representación de la Iglesia y, con su carácter afable, logró unir a los Caballeros como nunca. Muchos sostenían que Byleth confiaba en él como si fuera su propio padre, y que este [lo trataba como a un hijo, la trataba como a una hija]. El día que [el Arzobispo, la Arzobispa] anunció su boda, Alois lloró a moco tendido. Cuando acabó la contienda, Byleth decidió seguir los pasos de su padre y embarcarse en un largo viaje como soldado de fortuna que lo llevó a los cuatro confines de Fódlan. Un buen día llegó a Remire y se rencontró con Alois, quien explotaba una granja allí junto a su familia. Siguiendo el consejo de este, decidió quedarse durante una temporada, y, casi sin darse cuenta, pasaron cinco años. Se dice que conoció a una apuesta chica de la aldea y que se casó con ella en una modesta ceremonia. Al parecer, Alois se emocionó tanto que se le oyó llorar en varias leguas a la redonda.
Byleth y Cyril [] Byleth y Cyril []
Byleth proclamó en Garreg Mach la fundación del Reino de Fódlan y se convirtió en su primera monarca. Cyril ocupó el puesto de chambelán y se encargó de los asuntos generales del país. Cuando se decidió establecer la corte en una nueva capital, Cyril quiso acompañar a la reina, quien, para su sorpresa, lo obligó a estudiar en la reinaugurada Academia de Oficiales, orden que cumplió a regañadientes. Un año más tarde, cuando Cyril ya había madurado, la soberana anunció su enlace con él. Esta decisión tan repentina dejó perplejos a muchos, entre ellos al propio Cyril, que, eso sí, recibió la noticia con inmensa alegría. Byleth sustituyó a Rhea como Arzobispa de la Iglesia de Seiros, mientras que Cyril continuó su labor como sirviente. Cuando se restableció el orden en Fódlan y la Academia de Oficiales pudo reanudar su actividad, la Arzobispa le ordenó a Cyril que se matriculara como estudiante. Un año más tarde, al ver todo lo que Cyril había aprendido y madurado, la Arzobispa anunció por sorpresa su enlace con él. Esta decisión causó perplejidad en muchos, aunque no tanta como en el propio Cyril, que se sintió inmensamente feliz.
   
Finales en pareja - Personajes masculinos
Dimitri y Dedue Dimitri y Felix
Dedue permaneció siempre al lado de Dimitri, quien, tras ser coronado como nuevo monarca del Sacro Reino de Faerghus, buscó con todas sus fuerzas la reconciliación con el pueblo de Duscur. La empresa requirió múltiples y extensas negociaciones, así como superar los prejuicios que había alimentado un pasado lleno de traiciones y opresión, pero Dimitri jamás se rindió. Se dice que, aunque él y Dedue se comportaban en público como señor y vasallo, en privado su relación era casi familiar. Cuando, muchos años después, el monarca cayó gravemente enfermo, Dedue no se apartó de su lecho. Y, al morir este, lo enterraron junto a su señor. Dimitri fue coronado como nuevo monarca del Sacro Reino de Faerghus y pasó el resto de su vida gobernando Fódlan con mano firme pero justa. A su lado siempre tuvo al más fiel de sus consejeros: Felix, el duque de Fraldarius. El vínculo que los unía se volvió inquebrantable y, cuando muchos años después el monarca falleció, se dice que nadie lloró su pérdida más que Felix; ni siquiera la propia reina. Las historias de sus aventuras pasaron de generación en generación, y muchos las comparaban incluso con las de Loog, el Rey de los Leones, y su inseparable Kyphon, el famoso espadachín.
Dimitri y Gilbert Claude y Lorenz
Dimitri fue coronado como nuevo monarca del Sacro Reino de Faerghus y pasó el resto de su vida gobernando Fódlan con mano firme pero justa. A su lado siempre tuvo al afamado caballero Gustave, que había renunciado a su antiguo nombre, Gilbert, y renovado su juramento de lealtad hacia la familia real. Tras muchos años de servicio, en los que sirvió a su rey con inquebrantable abnegación, llegó el día en que se planteó colgar las armas y disfrutar de un merecido descanso. Pero Dimitri no estaba dispuesto a prescindir de él y le encargó la tutela del joven príncipe, a lo que Gustave no supo oponerse. Esta fue la misión a la que dedicó el resto de su vida. Claude abandonó Fódlan tras la guerra, dejando a Lorenz, el nuevo jefe de la Casa Gloucester, al frente de la reunificación de Fódlan. Este impulsó varias medidas revolucionarias para lograr una rápida recuperación tras la guerra. Una vez restablecido el orden, Lorenz se dedicó a mejorar las relaciones diplomáticas con los países vecinos. Almyra no fue una excepción: cuando las dos naciones celebraron una cumbre en el Gorjal de Fódlan, la delegación de Almyra estaba encabezada por Claude, el nuevo rey. Hubo quienes sospecharon que todo formaba parte de un plan urdido por este, rumor que ambos mandatarios se apresuraron a desmentir.
Hubert y Ferdinand Linhardt y Caspar
Hubert y Ferdinand se convirtieron en consejeros de la emperatriz Edelgard y nunca dejaron de lado su rivalidad. Sus personalidades eran del todo antagónicas: el ministro del Consejo Imperial se mostraba taciturno e inflexible, mientras que el primer ministro era alegre y compasivo. A pesar de todo, su rivalidad sacaba lo mejor de cada uno. Gracias a ellos, el Imperio vivió una época de prosperidad, lo que les valió el sobrenombre de «las Dos Joyas». Sus logros fueron celebrados durante generaciones, y hasta se cuenta que suscitaron la envidia de la mismísima emperatriz Edelgard. Tras la guerra Linhardt y Caspar abandonaron sus obligaciones como nobles para embarcarse juntos en un largo viaje. Visitaron muchos lugares de Fódlan y hasta se aventuraron más allá del continente. Caspar solía meterse en asuntos ajenos, lo que le llevaba a causar incidentes por aquí y por allá, de modo que Linhardt se veía obligado a intervenir para arreglar los entuertos. Sus aventuras, desventuras y continuas siestas se narran con fino humor en la famosa novela «Mil sendas y siete mares», de autoría desconocida. Tampoco se sabe a ciencia cierta dónde acabaron tras sus interminables andanzas.
Caspar y Ashe Dedue y Ashe
Al concluir la guerra, Caspar y Ashe se embarcaron juntos en un largo viaje. Visitaron muchos lugares de Fódlan y hasta se aventuraron más allá del continente. Su objetivo era ayudar a los más débiles y a los necesitados allá donde hiciera falta. Caspar causaba altercados por doquier, y la mano izquierda de Ashe solía evitar que las cosas fueran a mayores, aunque en ocasiones el arrojo de aquel era lo que los sacaba del apuro. Sus personalidades eran del todo opuestas, pero ambos creían en la justicia, y disfrutaron de su mutua compañía el resto de sus vidas. Sus aventuras y desventuras quedaron para la historia en forma de novelas que los jóvenes de Fódlan devoraban. Aunque se demostró la inocencia de los duscurianos, los prejuicios se resistieron a desaparecer de la capital del Reino. Esto fue lo que impulsó a Ashe a rechazar el nombramiento como caballero cuando se le propuso, prefiriendo en su lugar abrir una posada especializada en comida de Duscur. Dedue comenzó a frecuentarla cuando se lo permitían sus obligaciones como vasallo del rey, y acabó revelándole sus secretos culinarios. A medida que la posada ganaba popularidad, la gente del Reino fue viendo con mejores ojos a los duscurianos, lo que propició un rápido y duradero acercamiento entre ambas culturas.
Felix y Sylvain Ashe y Cyril
Una vez finalizada la guerra, Felix y Sylvain heredaron los títulos de duque de Fraldarius y marqués de Gautier respectivamente y se afanaron por restaurar el orden en el Reino. Sus numerosas responsabilidades no hicieron sino acrecentar su amistad con el paso de los años. Uno y otro nunca dejaron de hacerse visitas mutuas que generalmente derivaban en una serie de pullitas y piques de hiriente sonoridad pero en el fondo siempre amistosa. Se dice que, en realidad, se sentían muy unidos. Tanto que incluso murieron el mismo día, como atestiguando que no podían vivir el uno sin el otro. Ashe fue nombrado caballero tras la guerra y heredó el título de la Casa Gaspard, que no tenía más pretendientes. Al principio de su mandato, su juventud e inexperiencia resultaron un obstáculo, pero acabaría superándolo gracias a la aparición de su nuevo consejero, Cyril, que puso todo lo que había aprendido en la Academia de Oficiales al servicio de su señor. Con el tiempo, las medidas propuestas por Cyril trajeron prosperidad a la región, y Ashe se convirtió en un personaje muy popular. Los dos jóvenes se apoyaron siempre en momentos de necesidad, y la amistad que los unía permaneció inquebrantable el resto de sus vidas.
Raphael e Ignatz  
Raphael regresó a casa para servir como caballero a su patria y, de paso, ayudar a su abuelo y a su hermana, Maya, en la posada que acababan de abrir. Pero un día Maya declaró que deseaba ser artista y desapareció sin dejar rastro, así que Raphael renunció a su puesto como caballero y tomó las riendas de la posada. Su hermana regresó años después, convertida en la esposa de un artista de escaso renombre que, para sorpresa de Raphael, resultó ser Ignatz. Pese a su falta de notoriedad, toda la familia creía en su talento, y tal confianza se vio recompensada cuando, a la postre, Ignatz se convirtió en uno de los artistas de mayor éxito y prestigio en todo Fódlan.  
   
Finales en pareja - Byleth y personaje femenino
  Byleth y Bernadetta []
  Tras acceder al trono como primer monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Bernadetta, que había heredado el título de condesa de Varley. Muchos temieron que se recluyese en sus tierras, pero se trasladó a la corte con el rey y lo acompañó allá adonde fuese. A pesar de todo, Bernadetta nunca pudo superar su gran timidez, de modo que procuraba rodearse de sirvientes discretos que no la asustasen. Por lo general, estos sirvientes resultaron ser también la mar de eficientes, así que Bernadetta se ganó fama de tener buen ojo para juzgar a la gente.
Byleth y Bernadetta [] Byleth y Bernadetta []
Tras su nombramiento como nuevo Arzobispo de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Bernadetta, que había heredado el título de condesa de Varley. Muchos temieron que se recluyese en sus tierras, pero se trasladó a Garreg Mach y acompañó al Arzobispo en sus viajes. A pesar de todo, Bernadetta nunca pudo superar su gran timidez, por lo que el clero se llenó de colaboradores que no la asustaban. Por lo general, estos ayudantes resultaron ser también la mar de eficientes, así que Bernadetta se ganó fama de tener buen ojo para juzgar a la gente. Casi sin dar tiempo a que Byleth y Bernadetta celebrasen su enlace, la lucha contra las Serpientes de las Tinieblas dio comienzo. Bernadetta había heredado el título de condesa de Varley, por lo que muchos temieron que se recluyese en sus tierras. Sin embargo, se unió a la causa de su marido y lo siguió adonde fuese. Curtida en multitud de batallas, terminó por convertirse en una guerrera consumada que no se arredraba ante nadie.
Byleth y Dorothea [] Byleth y Dorothea []
Tras acceder al trono como primer monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Dorothea, la antigua cantante de ópera, cuyas apariciones en público cesaron casi por completo. Se convirtió en la más estimada consejera del rey, que se desvivía por reconstruir un continente arrasado, y que apreciaba contar con una opinión menos encorsetada que las habituales entre la nobleza. Años después de la muerte de Dorothea, se descubrió un diario que arrojaba luz sobre su feliz vida privada junto al rey. Incluía bellos sonetos que se dedicaron el uno al otro y que posteriormente fueron publicados en una antología poética. Tras acceder al trono como primera monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Dorothea, la antigua cantante de ópera, cuyas apariciones en público cesaron casi por completo. Se convirtió en la más estimada consejera de la reina, que se desvivía por reconstruir un continente arrasado, y que apreciaba contar con una opinión menos encorsetada que las habituales entre la nobleza. Años después de la muerte de Dorothea, se descubrió un diario que arrojaba luz sobre su feliz vida privada junto a la monarca. Incluía bellos sonetos que se dedicaron la una a la otra y que más tarde fueron publicados en una antología poética.
Byleth y Dorothea [] Byleth y Dorothea []
Tras acceder al trono como nuevo Arzobispo de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Dorothea, la antigua cantante de ópera, cuyas apariciones en público cesaron casi por completo. Se convirtió en la más estimada consejera del Arzobispo, que se desvivía por reconstruir un continente arrasado, y que apreciaba contar con una opinión menos encorsetada que las habituales entre el clero. Años después de la muerte de Dorothea, se descubrió un diario que arrojaba luz sobre su feliz vida privada junto al Arzobispo. Incluía bellos sonetos que se dedicaron el uno al otro y que más tarde fueron publicados en una antología poética. Tras acceder al trono como nueva Arzobispa de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Dorothea, la antigua cantante de ópera, cuyas apariciones en público cesaron casi por completo. Se convirtió en la más estimada consejera de la Arzobispa, que se desvivía por reconstruir un continente arrasado, y que apreciaba contar con una opinión menos encorsetada que las habituales entre el clero. Años después de la muerte de Dorothea, se descubrió un diario que arrojaba luz sobre su feliz vida privada junto a la Arzobispa. Incluía bellos sonetos que se dedicaron la una a la otra y que más tarde fueron publicados en una antología poética.
Byleth y Dorothea [] Byleth y Dorothea []
Poco después del enlace entre Byleth y Dorothea, comenzó la guerra contra las Serpientes de las Tinieblas. Sin embargo, ella no tomó las armas y se limitó a cuidar del hogar y a ofrecer apoyo moral a su marido, que luchaba por traer una paz duradera a Fódlan. Años después de la muerte de Dorothea, se descubrió un diario que arrojaba luz sobre su feliz vida privada junto a su esposo. Incluía bellos sonetos que se dedicaron el uno al otro y que más tarde fueron publicados en una antología poética. Poco después del enlace entre Byleth y Dorothea, comenzó la guerra contra las Serpientes de las Tinieblas. Sin embargo, Dorothea no tomó las armas y se limitó a cuidar del hogar y a ofrecer apoyo moral a su esposa, que luchaba por traer una paz duradera a Fódlan. Años después de la muerte de Dorothea, se descubrió un diario que arrojaba luz sobre su feliz vida privada junto a Byleth. Incluía bellos sonetos que se dedicaron la una a la otra y que más tarde fueron publicados en una antología poética.
Byleth y Petra [] Byleth y Petra []
Cuando Byleth ascendió al trono como primer monarca del Reino de Fódlan, también anunció su enlace con Petra, que renunció a sus derechos dinásticos para vivir junto a su esposo y tender puentes con Brigid. El nuevo rey se esforzó por restablecer el orden en Fódlan y hacer realidad los deseos de su esposa de fortalecer los vínculos con su país natal. Como extranjera, la reina fue recibida con cierto escepticismo, pero toda reticencia se disipó cuando se conoció su carácter. El matrimonio sentó los cimientos para una futura unión política entre Fódlan y Brigid, aunque eso aún tardaría muchos años en suceder. Cuando Byleth fue nombrado nuevo Arzobispo de la Iglesia de Seiros, también anunció su enlace con Petra, que renunció a sus derechos dinásticos para vivir junto a su esposo y tender puentes con Brigid. El nuevo Arzobispo se esforzó por restablecer el orden en Fódlan y hacer realidad los deseos de su esposa de fortalecer los vínculos con su país natal. Como extranjera, Petra fue recibida con cierto escepticismo, pero toda reticencia se disipó una vez que se hizo patente su personalidad. El matrimonio sentó los cimientos para una futura unión política entre Fódlan y Brigid, aunque eso aún tardaría muchos años en suceder.
Byleth y Petra [] Byleth y Mercedes []
Cuando Byleth reanudó la lucha con las Serpientes de las Tinieblas, Petra renunció a sus derechos dinásticos y se unió a él. Juntos libraron innumerables batallas para eliminar por completo a su temible enemigo y traer una paz duradera a Fódlan que llegaría años después. La pareja pudo por fin descansar: decidieron establecerse en Nuvelle, una ciudad situada en el extremo occidental de Fódlan, cuyas costas baña el mismo mar que salpica las islas de Brigid, el hogar de Petra, y donde se resarcieron de todas las penurias que habían sufrido y vivieron felices. Se cuenta que Petra logró dominar la lengua fodlanesa y que Byleth aprendió también la de Brigid. Cuando Byleth ascendió al trono como [primer, primera] monarca del Reino de Fódlan, también anunció su enlace con Mercedes. A sugerencia de esta, se puso en marcha un programa de apoyo para los huérfanos de la guerra y para la gente que había perdido su medio de vida. La pareja solía mezclarse con el pueblo: no era raro [verlos, verlas] trabajar codo con codo con los ciudadanos, actitud que les granjeó su admiración y respeto y que marcaría el inicio de una nueva era de paz y prosperidad.
Byleth y Mercedes [] Byleth y Mercedes []
Cuando Byleth se proclamó [nuevo Arzobispo, nueva Arzobispa] de la Iglesia de Seiros, también anunció su enlace con Mercedes. A sugerencia de esta, se puso en marcha un programa de apoyo para los huérfanos de la guerra y para la gente que había perdido su medio de vida. La pareja solía mezclarse con el pueblo: no era raro [verlos, verlas] trabajar codo con codo con los ciudadanos, actitud que les granjeó su admiración y respeto y que marcaría el inicio de una nueva era de paz y prosperidad. Byleth y Mercedes se casaron, pero enseguida tuvieron que centrar sus atenciones en los últimos coletazos de la lucha contra las Serpientes de las Tinieblas. La ardua contienda se alargó más de lo esperado, pero la pareja supo sobreponerse a todas las adversidades. Acabada por fin la guerra, se trasladaron a una aldea de Faerghus en la que abrieron un orfanato para darles techo y sustento a los niños que habían perdido a sus familias durante el conflicto, sin importarles su procedencia. Se dice que nada hacía más feliz a Mercedes que verse rodeada de niños sonrientes.
Byleth y Annette [] Byleth y Annette []
Cuando Byleth ascendió al trono como primer monarca del Reino de Fódlan, también anunció su enlace con Annette, que adoptó un papel protagonista en las labores de reconstrucción del continente, a las que contribuyó con su inteligencia y sabios consejos. A pesar de ser la reina consorte, tuvo tiempo para desempeñarse como docente en la escuela de magia, donde formó a muchos futuros hechiceros que alcanzarían gran renombre. Aunque nadie dudó nunca de su talento, Annette siempre arrastró fama de ser proclive a las meteduras de pata. Cuando Byleth se proclamó nuevo Arzobispo de la Iglesia de Seiros, también anunció su enlace con Annette, que adoptó un papel protagonista en las labores de reconstrucción del continente, a las que contribuyó con su inteligencia y sabios consejos. También tuvo tiempo para desempeñarse como docente en la escuela de magia, donde formó a muchos futuros hechiceros que alcanzarían gran renombre. Aunque nadie dudó nunca de su talento, Annette siempre arrastró fama de ser proclive a las meteduras de pata.
Byleth y Annette [] Byleth e Ingrid []
Al concluir la guerra, la Academia de Oficiales volvió a abrir sus puertas. Byleth retomó su puesto como maestro, y Annette, su esposa, pasó también a formar parte del claustro como profesora de magia. Tras educar a varias generaciones de estudiantes, se retiraron a una tranquila aldea cercana a la ciudad natal de Annette, pero la vida allí les resultó tan aburrida que no tardaron demasiado en abrir otra escuela y ponerse de nuevo a dar clases, ocupación que los mantuvo felices hasta el fin de sus días. Cuando Byleth ascendió al trono como primer monarca del Reino de Fódlan, también anunció su enlace con Ingrid. Juntos, pusieron en marcha medidas para restañar las heridas causadas por la guerra y devolver la gloria perdida al continente. Ingrid cumplió siempre con su papel de reina consorte, pero también protegía al rey en calidad de caballero, por lo que se ganó el apelativo de «Reina Guerrera». Entre sus numerosas hazañas, hubo una que inspiró numerosas canciones y leyendas: la de aquella vez que un asesino se coló en palacio y, cuando estaba a punto de asesinar al rey, Ingrid se interpuso para desviar con su arma la estocada mortal.
Byleth e Ingrid [] Byleth e Ingrid []
Cuando Byleth sucedió a Rhea como Arzobispo de la Iglesia de Seiros, también anunció su enlace con Ingrid. Juntos, pusieron en marcha medidas para restañar las heridas causadas por la guerra y devolver la gloria perdida al continente. Ingrid cumplió siempre con su papel de consorte, pero también protegía al Arzobispo en calidad de caballero de Seiros. Entre sus numerosas hazañas, hubo una que inspiró numerosas canciones y leyendas: la de aquella vez que un asesino se coló en palacio y, cuando estaba a punto de asesinar al Arzobispo, Ingrid se interpuso para desviar con su arma la estocada mortal. Cuando la guerra tocó a su fin, Byleth e Ingrid se instalaron en las tierras de esta, las de la Casa Galatea, que el Imperio se había anexionado durante la contienda. Ingrid fue nombrada gobernadora de las tierras de su familia. La pareja fue recibida con escepticismo por parte de la plebe, pero acabó ganándose su respeto y admiración gracias a las reformas que emprendió. Se cuenta que las tierras de los Galatea se convirtieron, con el tiempo, en el más fértil de todos los vergeles de Fódlan.
Byleth y Lysithea [] Byleth y Lysithea []
Tras ascender al trono como primer monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Lysithea, quien, antes de casarse, regresó a su hogar para ayudar a su padre a restaurar las tierras de los Ordelia y ceder después su control al gobierno del incipiente reino. Cumplida esta misión, Lysithea se despidió de su familia y se convirtió por fin en reina. Incluso tras desprenderse de sus dos emblemas, la monarca demostró gran aptitud para las tareas de gobierno, e hizo gala de una perspicacia e inteligencia poco comunes que ayudarían a construir un Reino de Fódlan próspero y más justo. La pareja tuvo muchos hijos y disfrutó de una larga y placentera vida. Tras proclamarse nuevo Arzobispo de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Lysithea, quien, antes de casarse, regresó a su hogar para ayudar a su padre a restaurar las tierras de los Ordelia y ceder después su control a los nobles de los territorios colindantes. Cumplida esta misión, Lysithea se despidió de su familia y se convirtió por fin en la esposa del Arzobispo. Aun tras desprenderse de sus dos emblemas, demostró gran aptitud para asistir a su marido como consejera, e hizo gala de una perspicacia e inteligencia poco comunes que ayudarían a renovar la Iglesia de Seiros. La pareja tuvo muchos hijos y disfrutó de una larga y placentera vida.
Byleth y Lysithea [] Byleth y Marianne []
Casi sin dar tiempo a que Byleth y Lysithea anunciasen su compromiso, la guerra contra las Serpientes de las Tinieblas comenzó. Ambos lucharon sin descanso y, tras muchos avatares, lograron restaurar la paz en Fódlan. Cumplida su misión, abandonaron el ejército imperial para regresar a las tierras de los Ordelia, donde se casaron oficialmente y ayudaron a reparar los daños causados por la guerra. Después desaparecieron de la vida pública, junto con los padres de Lysithea, y poco más se supo de ellos, aunque corría el rumor de que se habían instalado en Derdriu, donde vivían tranquilamente dedicados a la repostería. Tras ascender al trono como primer monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Marianne, quien, antes de casarse, regresó a su hogar para preparar la ceremonia y aprender de su padre adoptivo los rudimentos de la administración de sus tierras. La fastuosa boda se celebró durante la luna arbórea, y los recién casados se enfrascaron entonces en la tarea de reconstruir Fódlan. Se dice que la sabiduría del rey impulsó un crecimiento sin parangón en todo el continente, y su recuerdo permaneció imborrable en los libros de historia, pero quienes conocían a la reina sabían que su perspicacia fue la clave de la recuperación.
Byleth y Marianne [] Byleth y Marianne []
Tras proclamarse nuevo Arzobispo de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Marianne, quien, antes de casarse, regresó a su hogar para preparar la ceremonia y aprender de su padre adoptivo los rudimentos de la administración de sus tierras. La fastuosa boda se celebró durante la luna arbórea, y los recién casados se enfrascaron entonces en la tarea de reconstruir Fódlan. Se dice que la sabiduría del Arzobispo impulsó un crecimiento sin parangón en todo el continente, y su recuerdo permaneció imborrable en los libros de historia, pero quienes conocían a Marianne sabían que su perspicacia fue la clave de la recuperación. Casi sin dar tiempo a que Byleth y Marianne anunciasen su compromiso, la guerra contra las Serpientes de las Tinieblas dio comienzo. Ambos lucharon sin descanso y, tras muchos avatares, lograron restaurar la paz en Fódlan. Cumplida su misión, abandonaron el ejército imperial para viajar a las tierras de los Edmund, donde se casaron oficialmente y aprendieron el arte de la política de mano del marqués. Con la aprobación de la emperatriz, la pareja se anexionó parte del territorio de los Riegan, incluida la ciudad de Derdriu, y promovió medidas para mejorar las relaciones y el comercio internacional. Su contribución al renacer del Imperio fue inestimable.
Byleth y Hilda [] Byleth y Hilda []
Tras ascender al trono como primer monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Hilda. La nueva reina participó rara vez en la toma de decisiones políticas, pero su contribución al resurgir de Fódlan fue a pesar de ello incuestionable, principalmente por su infalible instinto para elegir ministros y consejeros. La afición de Hilda por la fabricación de accesorios también reportó un gran beneficio al reino, dado que la llevó a abrir una escuela de artesanía que formaría a grandes talentos. Se dice que uno de los alumnos de esta academia esculpió una fenomenal estatua del rey en la que se le veía aceptando un regalo de su esposa. Tras proclamarse nuevo Arzobispo de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Hilda. Esta participó rara vez en la toma de decisiones políticas, pero su contribución al resurgir de Fódlan fue a pesar de ello incuestionable, principalmente por su infalible instinto para elegir consejeros. La afición de Hilda por la fabricación de accesorios también reportó pingües beneficios, dado que la llevó a abrir una escuela de artesanía en Garreg Mach que formaría a grandes talentos. Se dice que uno de los alumnos de esta academia esculpió una fenomenal estatua del Arzobispo en la que se le veía aceptando un regalo de su esposa.
Byleth y Hilda [] Byleth y Leonie []
Casi sin dar tiempo a que Byleth y Hilda celebrasen su suntuosa boda, la guerra contra las Serpientes de las Tinieblas se reanudó. Ambos lucharon sin descanso y, tras muchos avatares, lograron restaurar la paz en Fódlan. Cumplida su misión, abandonaron el ejército imperial para viajar a las tierras de los Goneril, donde la afición de Hilda por la fabricación de accesorios reportó sus frutos, dado que convenció a su marido de abrir una academia para formar artesanos. El proyecto atrajo a muchos alumnos de singular talento, y uno de ellos llegó a esculpir una fenomenal estatua de Byleth en la que se le veía aceptando un regalo de su esposa. Tras ascender al trono como primer monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Leonie. Aunque aceptó de buen grado su nuevo estatus, la flamante reina se negó a colgar las armas, y era poco usual verla en palacio. Llegó incluso a fundar la Compañía de Jeralt, un escuadrón de élite formado por los mejores soldados de la Guardia Real, a los que ella misma elegía. Además de despachar a monstruos y bandidos, el grupo se encargó de sofocar los últimos rescoldos del ejército imperial e impedirles que organizasen revueltas. Se dice que el soldado más temido de la Compañía de Jeralt era el propio rey, disfrazado para que nadie lo reconociera.
Byleth y Leonie [] Byleth y Leonie []
Tras proclamarse nuevo Arzobispo de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Leonie. Esta aceptó de buen grado su nuevo estatus, pero se negó a colgar las armas, y procuró mantenerse al margen de la Iglesia. Decidió fundar la Compañía de Jeralt, un escuadrón de élite formado por soldados de los Caballeros de Seiros que ella misma elegía. Además de proteger al Arzobispo, el grupo se encargaba de despachar a monstruos y bandidos. Se dice que el soldado más temido de la Compañía de Jeralt era el propio Arzobispo, disfrazado para que nadie lo reconociera. Casi sin dar tiempo a que Byleth y Leonie celebrasen su animada boda, comenzó la guerra contra las Serpientes de las Tinieblas. La pareja abandonó el escuadrón del Águila Negra y fundó la Compañía de Jeralt, un batallón de élite para el que eligieron a los soldados de su mayor confianza. El grupo luchó por todo el continente, afianzando la victoria del Imperio y erradicando a sus últimos enemigos. Cumplida su misión, la compañía se disolvió, pero Byleth y Leonie siguieron viviendo como mercenarios. Aceptaron encargos de todo tipo (desde eliminar monstruos a vigilar tabernas) y se forjaron una legendaria reputación.
Byleth y Flayn [] Byleth y Flayn []
Tras ascender al trono como primer monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Flayn, quien, en su papel de consorte, participó rara vez en la toma de decisiones políticas. En cambio, se ganó el respeto y la admiración de la gente gracias a sus apariciones públicas, en las que se mostraba siempre cercana y apacible. Una vez reparados los daños que la guerra había causado en el continente, la pareja dejó el trono en manos de sus hijos y se retiró a su palacete de la costa de Rhodos, al oeste de Fódlan, donde pasaron plácidamente el resto de sus días. Se dice que les encantaba pescar y que los años no pasaban por ellos. Tras proclamarse nuevo Arzobispo de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Flayn. Esta decidió no inmiscuirse en los asuntos de la Iglesia y centrarse en sanar a los heridos que la guerra había dejado a su paso. Su compasión sin límites le valió el apelativo de «la segunda rencarnación de Santa Cethleann». Una vez reparados los daños ocasionados por el conflicto, el Arzobispo nombró un sucesor y la pareja se retiró a su palacete de la costa de Rhodos, al oeste de Fódlan, donde pasaron plácidamente el resto de sus vidas. Se dice que les encantaba pescar y que los años no parecían pasar por ellos.
Byleth y Manuela [] Byleth y Manuela []
Tras ascender al trono como primer monarca del Reino de Fódlan, Byleth anunció su enlace con Manuela. Esta dedicó sus considerables talentos a la tarea de reconstruir Fódlan, para lo que se sirvió de su red de contactos —tejida durante sus etapas como cantante y maestra—, que le permitiría confeccionar un gran equipo de ministros. También se convirtió en la médica personal del rey, a quien mantuvo en gran forma gracias a sus fantásticos cuidados. La pareja vivió feliz, como prueban muchos cuadros de la época, en los que se les ve sonrientes y rodeados de sus numerosos hijos. Tras proclamarse nuevo Arzobispo de la Iglesia de Seiros, Byleth anunció su enlace con Manuela. Esta dedicó sus considerables talentos a la tarea de reconstruir el continente y la propia Iglesia, para lo que se sirvió de su red de contactos —tejida durante sus etapas como cantante y maestra—, que le permitiría confeccionar un gran equipo de consejeros. También se convirtió en la médica personal del Arzobispo, a quien mantuvo en gran forma gracias a sus fantásticos cuidados. La pareja vivió feliz, como prueban muchos cuadros de la época, en los que se les ve sonrientes y rodeados de sus numerosos hijos.
Byleth y Manuela [] Byleth y Catherine []
Casi sin dar tiempo a que Byleth y Manuela celebrasen su espléndida y ostentosa boda, la guerra contra las Serpientes de las Tinieblas comenzó. La pareja luchó en muchas batallas, pero Manuela se vio obligada a dejar el frente cuando descubrió que estaba embarazada. Tuvo que pasar más tiempo del que deseaba separada de su marido, pero la paz acabó llegando a Fódlan y se produjo el esperado rencuentro. A partir de entonces, no volvieron a separarse jamás, y de su felicidad dan cumplida cuenta un sinfín de cuadros en los que se les ve la mar de sonrientes y rodeados de sus numerosos hijos. Byleth anunció su enlace con Catherine poco después de acceder al trono del Reino de Fódlan. Mientras el monarca se centraba en restablecer el orden en el continente, Catherine se convirtió en su escolta y, cuando la situación requería la intervención del ejército, movilizaba las tropas e iba al campo de batalla. Bajo su protección, Fódlan conoció una nueva era de prosperidad. Entre el pueblo se decía que el rey de Fódlan contaba con dos armas poderosas: la Espada de la Creación y su mujer.
Byleth y Catherine [] Byleth y Shamir []
Byleth anunció su enlace con Catherine poco después de sustituir a Rhea como jefe de la Iglesia de Seiros. Mientras el Arzobispo se centraba en restablecer el orden en el continente, Catherine se convirtió en su escolta y, cuando la situación requería la intervención del ejército, movilizaba las tropas e iba al campo de batalla. Bajo su protección, Fódlan conoció una nueva era de prosperidad. Entre el pueblo se decía que el Arzobispo contaba con dos armas poderosas: la Espada de la Creación y su mujer. Byleth anunció su enlace con Shamir poco después de acceder al trono del Reino de Fódlan. Mientras el monarca se centraba en restablecer el orden en el continente, Shamir se convirtió en su escolta y confidente, llegando a ser la capitana de la Guardia Real y ganando gran fama como reina atenta y amable. La pareja tenía múltiples obligaciones y era famosa por su parquedad en palabras: ambos pasaban gran parte de su tiempo en silencio, pero se dice que eso cambió cuando empezaron a tener hijos.
Byleth y Shamir [] Byleth y Shamir []
Byleth anunció su enlace con Shamir poco después de sustituir a Rhea como jefe de la Iglesia de Seiros. Mientras el Arzobispo se centraba en restablecer el orden en el continente, Shamir se convirtió en su escolta y confidente, llegando a ser la lugarteniente del capitán de los Caballeros de Seiros y ganando gran fama. La pareja tenía múltiples obligaciones y era famosa por su parquedad en palabras: ambos pasaban gran parte de su tiempo en silencio, pero se dice que eso cambió cuando empezaron a tener hijos. Poco después de que Byleth y Shamir celebrasen una modesta ceremonia de enlace, la lucha contra las Serpientes de las Tinieblas comenzó. Los dos lucharon mano a mano en numerosas batallas, en las que Shamir puso su talento y experiencia al servicio de los Caballeros de Seiros y la pacificación de Fódlan. La pareja tenía múltiples obligaciones y era famosa por su parquedad de palabras: ambos pasaban gran parte de su tiempo en silencio, pero se dice que eso cambió cuando empezaron a tener hijos.
   
Finales en pareja - Personajes femeninos
Edelgard y Bernadetta Edelgard y Dorothea.
Cuando heredó de su padre el título de la Casa Varley, Bernadetta trató de alejarse de la política y recluirse en sus dominios, pero Edelgard, la flamante emperatriz de Adrestia, no lo permitió. Nombró a Bernadetta consejera del gobierno de Fódlan, en parte quizá con la intención de introducir algo de pasión en un ejecutivo un tanto desapegado y frío. Se contaba que la nueva asesora se tomaba los asuntos que la emperatriz decidía consultar con ella muy a pecho, y que, en ocasiones, sus lamentos y gritos de pánico podían oírse desde los alrededores del palacio. Como soberana del nuevo Imperio de Adrestia, Edelgard devolvió a Enbarr su antiguo esplendor. Reconstruyó el edificio de la ópera, lo que inspiró a la Compañía Operística Mittelfrank a crear una magnífica obra sobre las aventuras de la emperatriz y sus compañeros, protagonizada ni más ni menos que por Dorothea. Al principio, Edelgard se oponía a que el espectáculo viera la luz, pero, tras comprobar la pasión con la que Dorothea interpretaba su papel, cambió de parecer. Desde entonces, se dice que la emperatriz adquirió un inusitado gusto por la ópera, y que asistía a funciones siempre que se le presentaba la ocasión.
Edelgard y Lysithea Edelgard y Manuela
Tras la guerra, Edelgard y Lysithea se ocuparon de los últimos coletazos de las Serpientes de las Tinieblas. La lucha se alargó durante más tiempo del previsto y resultó ardua, pero también reportó beneficios: el análisis de sus milenarias técnicas reveló un modo de recuperar los años de vida que a ambas les habían arrebatado. Concluido el conflicto, la emperatriz y su fiel consejera se centraron en la labor de gobernar Fódlan, reformando su rígido sistema de clases y promoviendo la libertad de sus gentes. Lysithea se ganó el apodo de «Luz del Imperio», y junto a Edelgard abrió el camino a una nueva era de paz y prosperidad. Como soberana del nuevo Imperio de Adrestia, Edelgard insufló bríos al gobierno de Fódlan. Su primer objetivo era reformar el sistema de clases y asegurarse de que el pueblo disfrutara de independencia y libertad. A este fin, nombró como consejera a Manuela, avalada para el puesto por su extensa red de contactos y su dilatada experiencia. La antigua cantante se convirtió también en la médica personal de la emperatriz, a quien mantuvo siempre en buena forma y con una salud de hierro. Se dice que las dos permanecieron solteras el resto de sus vidas y que su relación llegó a ser íntima.
Edelgard y Constance Dorothea y Petra
  Petra regresó a las islas de Brigid, su patria, donde heredó el trono de su abuelo. Abolió el vasallaje que su pueblo rendía a Fódlan y promovió unas relaciones cordiales pero de igualdad con el continente. A su lado siempre estuvo Dorothea, que había viajado a Brigid con ella. Gracias a la red de contactos que había tejido durante su época como cantante de ópera, incluso entre la nobleza —por la que nunca había ocultado su desdén—, la misión dio los frutos esperados. Dorothea ya se había ganado el amor de Petra, pero, tras sus éxitos diplomáticos, el pueblo de Brigid también cayó rendido a sus pies.
Dorothea y Manuela Mercedes y Annette []
Cuando estaba a punto de desaparecer, la Compañía Operística Mittelfrank resurgió cual ave fénix con la vuelta a los escenarios de dos de sus estrellas: Dorothea y Manuela. Su gira las llevó por todo Fódlan, e incluso actuaron para las tropas del frente. Lograron levantar la moral a un pueblo que deseaba olvidar la guerra y destinaron parte de sus ingresos a la beneficencia. Al acabar el conflicto, ambas se retiraron del mundo del espectáculo. Ya habían cumplido el sueño de actuar juntas sobre un escenario y ahora querían disfrutar de su vida en común el resto de sus días. El punto y final del conflicto supuso también la separación de Annette y Mercedes: la primera aceptó un puesto de profesora en la escuela de magia de Fhirdiad, mientras que la última tomó los hábitos en Garreg Mach. La distancia no evitó, empero, que mantuvieran el contacto a través de cartas en las que relataban su día a día con tal detalle que les daba la impresión de no haberse separado nunca. Décadas después, ambas decidieron retirarse y pasar los últimos años de sus vidas juntas en una coqueta casita de Arianrhod, la ciudad fortificada.
Mercedes y Annette [] Mercedes y Constance
Acabada la guerra, Annette y Mercedes se separaron: la primera trabajaba como profesora en la escuela de magia de Fhirdiad, mientras que la segunda dirigía un orfelinato en un pueblo de Faerghus. A pesar de eso, nunca dejaron de cartearse y conocían tantos detalles de la vida de la otra que era como si viviesen juntas. Pasadas muchas décadas, Annette dimitió de su puesto y se fue a vivir con Mercedes para ayudarla a atender a los huérfanos. Se cuenta que llevaron una vida humilde aunque muy feliz.  
Marianne y Hilda Leonie y Shamir
Hilda y Marianne regresaron a sus respectivos hogares, pero se mantuvieron en contacto por correspondencia y su amistad perduró. La afición de Hilda por fabricar accesorios la llevó a planear la apertura de una escuela para formar a grandes artesanos. Cuando le explicó su idea a Marianne, esta se comprometió a financiarla con los fondos de la Casa Edmund. Años después, las escuelas de artesanía de Hilda poblaban todo Fódlan, produciendo talentos inigualables y obras de calidad nunca vista. La propia Hilda creó accesorios que envió después a Marianne y que devinieron tesoros de incalculable valor, conservados en museos. Leonie se unió a los mercenarios que había dirigido Jeralt. Un buen día, la contrataron para proteger a un noble que había sido amenazado de muerte. La nota listaba todas las fechorías del caballero y estaba firmada con la imagen de una araña, rúbrica que enseguida reconoció Leonie. Tal y como esperaba, la asesina que apareció al día siguiente era ni más ni menos que Shamir. Por una vez, Leonie no tuvo reparos en romper su contrato y ayudar a su amiga, a quien ofreció un puesto en la compañía. Con tal incorporación, se convirtió en la banda de mercenarios más conocida de Fódlan; su estandarte era la imagen de una araña... y otro bicho de aspecto bastante repulsivo.
Catherine y Shamir Hapi y Constance
Catherine y Shamir abandonaron la orden de los Caballeros de Seiros y se embarcaron juntas en un largo viaje que las llevó a recorrer el continente entero hasta llegar a Dagda, el hogar de Shamir. Durante su periplo vivieron todo tipo de aventuras, pero también muchas desventuras provocadas por su tendencia a entrometerse en los asuntos ajenos. En cualquier caso, se dice que jamás encontraron un rival que estuviera a la altura de la puntería de Shamir y del poder del Filo del Trueno.  

 
Finales en pareja - Personajes femenino y masculino
Edelgard y Hubert Edelgard y Ferdinand
Como soberana del nuevo Imperio de Adrestia, Edelgard insufló aire fresco al gobierno de Fódlan. No reparó en sacrificios para reformar el sistema de clases y regalarle a su pueblo una sociedad libre, objetivo que cumplió gracias en parte a la ayuda de Hubert, a quien siempre tuvo a su lado, dispuesto a librarla de toda carga pesada. Años más tarde, cuando la emperatriz consideró que su obra estaba completada, cedió su puesto a un digno sucesor y desapareció con Hubert de la vida pública. Se dice que pasaron el resto de sus días juntos, aunque muchos dudan que llegaran a reconocer abiertamente lo que sentían el uno por el otro. Como soberana del nuevo Imperio de Adrestia, Edelgard nombró a Ferdinand primer ministro. Sus puntos de vista eran totalmente opuestos en muchos asuntos, pero siempre se mostraron capaces de alcanzar acuerdos que redundaron en medidas beneficiosas para el Imperio. Unidos por su ambición de construir un futuro mejor para Fódlan, poco a poco su respeto mutuo se convirtió en amor, y no tardaron en anunciar su enlace. Sus hijos, criados por los dos máximos artífices del nuevo orden social, aprendieron desde jóvenes a forjarse su propio destino.
Edelgard y Linhardt Edelgard y Caspar
Como soberana del nuevo Imperio de Adrestia, Edelgard insufló bríos al gobierno de Fódlan. Gracias a su sacrificio y a su incansable afán, fue posible sustituir el anquilosado sistema de clases por uno basado en la meritocracia. Sin embargo, muchos aún recuerdan que Edelgard desapareció de la vida pública por un tiempo durante su etapa al frente del Imperio. Se dice que pasó una larga temporada en el instituto de emblemología dirigido por Linhardt, poniéndose al tanto de sus avances y disfrutando de un descanso, algo a lo que no estaba acostumbrada. La aventura duró poco, pero ambos recordarían los días que pasaron juntos el resto de sus vidas. Como soberana del nuevo Imperio de Adrestia, Edelgard nombró a su marido, Caspar, ministro de Guerra. Este se granjeó enseguida la fama de ser demasiado impulsivo para el puesto, algo que compensó con sus numerosos éxitos en el campo de batalla. La emperatriz, que valoraba los resultados prácticos, lo mantuvo a su lado, por más que, en su relación como pareja, las disputas eran frecuentes y por lo general bastante escandalosas. Pero se dice que a Edelgard le encantaba manipular a Caspar, y que él encontraba muy satisfactorio lograr que la emperatriz diera, de vez en cuando, su brazo a torcer. Era un matrimonio peculiar, pero feliz a pesar de todo.
Edelgard y Hanneman Dimitri y Mercedes
Como soberana del nuevo Imperio de Adrestia, Edelgard insufló bríos al gobierno de Fódlan, gracias en parte a las inestimables investigaciones sobre los emblemas de Hanneman, que seguía empeñado en solucionar las desigualdades que ocasionaban. El «Padre de la Emblemología» inventó una serie de herramientas mágicas que podían usar los no portadores, algo que encajaba de lleno con los planes de Edelgard, quien no tardó en encontrarles utilidad. Como era de esperar, dos personas con ideales y ambiciones tan afines acabaron transformando su relación, hasta entonces puramente laboral, en una de índole romántica. Dimitri fue coronado como monarca del Sacro Reino de Faerghus y anunció su enlace con Mercedes, su vieja amiga. Dada la humilde posición social de la nueva reina, muchos se mostraron sorprendidos, pero toda reticencia se esfumó en cuanto vieron la devoción con la que Mercedes se entregaba a la causa de reparar los daños ocasionados por la guerra. Desde entonces, la consideraron la compañera ideal para aquel a quien habían dado en llamar «el Rey Salvador». A pesar de las enormes dificultades a las que hicieron frente, se dice que el amor que sentían el uno por el otro jamás desfalleció.
Dimitri y Annette Dimitri y Ingrid
Dimitri fue coronado como nuevo monarca del Sacro Reino de Faerghus y pasó el resto de su vida gobernando Fódlan con mano firme pero justa. A su lado siempre estuvo la reina, Annette, que no se limitó a apoyar a Dimitri con sus sabios consejos, sino que promovió muchas medidas revolucionarias con las que se ganó la devoción del pueblo. La pareja gozó de tal aceptación durante su etapa al frente de Fódlan que sus descendientes retuvieron el trono durante generaciones y generaciones. Se dice que vivieron muchos años y que fueron enormemente felices. Dimitri fue coronado como nuevo monarca del Sacro Reino de Faerghus y pasó el resto de su vida gobernando Fódlan con mano firme pero justa. A su lado siempre estuvo Ingrid, que había abandonado la Casa Galatea para servir a la Casa Blaiddyd como caballero. Los años que ambos pasaron juntos, trabajando por reconstruir el Reino, los llevaron a enamorarse y, finalmente, a casarse. Ingrid aceptó su papel como consorte, tanto en su vida privada como en público, pero jamás renunció a las armas ni a combatir en primera línea.
Dimitri y Marianne Dimitri y Flayn
Dimitri fue coronado como nuevo monarca del Sacro Reino de Faerghus y pasó el resto de su vida gobernando Fódlan con mano firme pero justa. Varios años después se casó con Marianne, quien, en su papel de reina consorte, fue responsable directa de muchos de los grandes avances de su época, algo que ella achacaba a la educación recibida de su padre adoptivo, el marqués de Edmund. Se dice que, cuando Dimitri cayó mortalmente enfermo, Marianne no se separó de su lado en ningún momento. Un pasaje del diario de la reina rezaba: «No cambiaría la felicidad que él me hizo sentir por nada en el mundo». Dimitri fue coronado como nuevo monarca del Sacro Reino de Faerghus y pasó el resto de su vida gobernando Fódlan con mano firme pero justa. Tras ascender al trono anunció su boda con Flayn, que ocupaba una posición de gran influencia dentro de la Iglesia. Por este motivo, muchos interpretaron el enlace como una maniobra política, idea que se desmoronó cuando la evidencia del amor que sentían el uno por el otro se hizo patente. Sus vidas transcurrieron como un remanso de paz; muchos años después, cuando Dimitri falleció, se reveló que guardaba en su diario un minucioso recuento de todas las veces que había comido con su esposa.
Dimitri y Catherine Claude y Annette
Dimitri fue coronado como nuevo monarca del Sacro Reino de Faerghus y pasó el resto de su vida gobernando Fódlan con mano firme pero justa. Tras ascender al trono anunció su enlace con Catherine, noticia que sorprendió a propios y extraños. Tal unión se antojaba inexplicable: muchos decían que se debía a la insistencia de Dimitri durante años por conquistarla, y otros aseguraban que la cuestión se había resuelto con un duelo. En todo caso, la pareja trabajó codo con codo por la reconstrucción de Fódlan, y se dice que sus breves descansos los pasaban también juntos, practicando en la plaza de armas: el fragor de sus espadas podía oírse, aseguran, por todo el castillo. Tras dejar el futuro de Fódlan en manos de sus amigos, Claude partió hacia Almyra con Annette para casarse con ella. Su padre, el rey de Almyra, quedó tan complacido por el desarrollo de su hijo y la sabiduría de Annette que decidió confiarles el trono. Tras convertirse en monarca, Claude fundó una escuela de magia con el fin de tender puentes entre Almyra y Fódlan. Annette se convirtió en su directora y cumplió el deseo de Claude de tener alumnos procedentes de diversos países, cosa que redundó en una mejora palpable de las relaciones entre ambos territorios.
Claude e Ingrid Claude y Petra
Tras dejar el futuro de Fódlan en manos de sus amigos, Claude partió hacia Almyra con Ingrid para casarse con ella. Su padre, el rey de Almyra, quedó tan complacido por el desarrollo de su hijo y la sinceridad de Ingrid que decidió confiarles el trono. Las discusiones entre la pareja no hicieron más que recrudecerse tras convertirse en monarcas, pero dicen que —a pesar de que no era infrecuente ver a la reina persiguiendo al rey por el palacio— en el fondo se llevaban mejor de lo que parecía, lo que parece confirmar su numerosa descendencia. Claude abandonó Fódlan dejando el futuro del continente en manos de sus amigos. Su intención inicial era volver a Almyra, pero su amor por Petra lo llevó hasta Brigid. Tras celebrar una audiencia con el abuelo de esta, el rey, le reveló su derecho al trono de Almyra y le pidió matrimonio. Tras el enlace, ambos heredaron el trono de sus respectivos países, cosa que aseguró unas cordiales relaciones diplomáticas entre los dos territorios, situados en extremos opuestos de Fódlan.
Claude y Lysithea Claude y Marianne
Tras dejar el futuro de Fódlan en manos de sus amigos, Claude retornó a Almyra para reclamar el trono. Una vez convertido en rey, le propuso matrimonio a Lysithea para hacer realidad su sueño de mejorar las relaciones diplomáticas con Fódlan. Lysithea lo rechazó debido a su reducida esperanza de vida. Incapaz de olvidarla, Claude renunció al trono para embarcarse en la búsqueda de un modo de salvar a su amada. Años más tarde se presentó de improviso ante Lysithea para anunciarle que había encontrado un remedio; poco después, ambos escapaban en barco con destino incierto. Tras dejar el futuro de Fódlan en manos de sus amigos, Claude retornó a Almyra para reclamar el trono. Años más tarde, una vez convertido en rey, inició el establecimiento de rutas comerciales con Fódlan y entró en negociaciones con el marqués de Edmund. Durante las cumbres volvió a rencontrase con Marianne, quien se había convertido en una mujer sabia y talentosa bajo la guía de su padre adoptivo. Esta le ofreció su colaboración para lograr una relación de amistad entre las dos naciones, lo que derivó en que cayeran profundamente enamorados el uno del otro.
Claude y Hilda Claude y Leonie
Tras dejar el futuro de Fódlan en manos de sus amigos, Claude retornó a Almyra para reclamar el trono, cosa que la familia real vio con buenos ojos al comprobar lo mucho que había madurado. Años más tarde, cuando ya era rey, anunció por sorpresa su compromiso con Hilda. Después de haberse preparado con su hermano para la llegada de ese momento, Hilda hizo gala de un insólito talento para la diplomacia y contribuyó en gran medida al establecimiento de relaciones de amistad entre Fódlan y Almyra. El hecho de contar durante dos generaciones seguidas con una reina nacida en Fódlan provocó un gran cambio en el sistema de valores de Almyra. Leonie volvió a Sauin para saldar su deuda y se marchó sin dejar rastro. Años más tarde, tras el establecimiento de relaciones comerciales entre Fódlan y Almyra, llegó a la aldea la noticia de que la comitiva del rey de Almyra pasaría por allí de camino a Garreg Mach. La aldea se vistió de gala para recibir al mandatario. Cuando el esperado día llegó, todos se quedaron de piedra al ver a Leonie ataviada con lujosos ropajes al lado del rey. Al parecer, había ido a Almyra a visitar a Claude y acabó quedándose allí tras convertirse en su reina.
Claude y Flayn Claude y Shamir
Tras dejar el futuro de Fódlan en manos de sus amigos, Claude retornó a Almyra para reclamar el trono. Años más tarde, una vez convertido en rey, inició el establecimiento de relaciones diplomáticas con Fódlan, para lo que pidió ayuda a Garreg Mach. Durante esos contactos volvió a encontrarse con Flayn, que había estado ayudando a Seteth a administrar la Iglesia. Mientras colaboraban para lograr una relación de amistad entre sus naciones se enamoraron profundamente, aunque se dice que Seteth nunca llegó a saber nada de aquello. Tras la guerra, Claude volvió a Almyra para ocupar su puesto en la familia real. Años más tarde, una vez convertido en rey, promovió medidas para mejorar las relaciones con Fódlan y proteger a los niños que habían quedado huérfanos tras la guerra. Tras lograr sus objetivos, abdicó en un miembro de su familia y abandonó Almyra. En sus viajes coincidió con Shamir, quien había estado recorriendo el mundo como mercenaria. Se sabe que a partir de ese día siguieron viajando juntos, aunque su destino sigue siendo un misterio.
Hubert y Bernadetta Hubert y Dorothea
El repentino enlace del recién nombrado ministro del Consejo Imperial con la nueva condesa de Varley fue durante largo tiempo la comidilla de la corte del refundado Imperio de Adrestia. Tras el matrimonio, Bernadetta emprendió una serie de viajes por los vastos territorios del Imperio mientras que Hubert se dedicó con gran éxito a la administración del condado de Varley. La pareja se compenetraba a la perfección y colaboró para proteger Fódlan de las amenazas. Se dice que, para mostrar el amor que se profesaban, ambos llevaban bordadas bellas flores a juego. Tras la guerra, la Compañía Operística Mittelfrank pudo retomar su actividad gracias en gran parte al mecenazgo de Hubert, el confidente de la emperatriz. Dorothea volvió a los escenarios, recorrió todo Fódlan y donó una generosa parte de sus ganancias para paliar los estragos de la guerra. El pueblo estaba hambriento de cualquier distracción que les hiciera olvidar las penurias de la guerra, por lo que la gira de la compañía tuvo un éxito sin precedentes y les granjeó más popularidad que nunca. Durante años nadie llegó a sospechar que tal gira no fue más que una tapadera controlada por Hubert y Dorothea para reunir información para el Imperio.
Hubert y Petra Hubert y Shamir
Poco después de la guerra, Brigid renegoció su relación con el Imperio de Adrestia para acabar con su vasallaje y convertirse en un aliado de pleno derecho. Esta entente incluía el enlace entre Petra, reina de Brigid, y Hubert, el marqués de Vestra. Hay quien cree que fue un matrimonio político celebrado por orden de la emperatriz Edelgard, mientras que otros sostienen que fue fruto del amor. A pesar de que sus obligaciones los obligaban a vivir separados con relativa frecuencia, compartieron un hogar en Nuvelle, en el extremo occidental de Fódlan, y no tardaron en llenarlo de hijos. Como mano derecha de la emperatriz Edelgard, Hubert consagró su vida a su señora. Siempre discreto, libró a su soberana de mil y una cargas sin atribuirse ningún mérito. En el frente de batalla confiaba en la ayuda de Shamir, la antigua mercenaria, que comandaba las tropas de élite imperiales. Tras su enlace, aparentaban ser una pareja corriente formada por un dirigente y su fiel esposa, pero en realidad dedicaron muchas noches a batirse con las Serpientes de las Tinieblas y otros grupos que se oponían al Imperio. A pesar de que debían poner sus vidas en riesgo continuamente, eso no impidió que su matrimonio fuera armonioso y estuviera lleno de amor.
Ferdinand y Mercedes [] Ferdinand y Mercedes []
Tras la guerra, Mercedes viajó a Fhirdiad para visitar a su padre adoptivo, aunque le ocultó que estaba prometida con Ferdinand. Tras casarse en secreto, ambos se embarcaron en la reforma de los territorios del ducado de Aegir. Su enorme éxito no pasó desapercibido para la emperatriz Edelgard, quien nombró a Ferdinand primer ministro. Desde ese momento, su vida no conoció descanso; aunque, como él solía decir, «ver a mi familia sonreír compensa cualquier sacrificio». Tras la guerra, Mercedes viajó a Fhirdiad para visitar a su padre adoptivo, aunque le ocultó que estaba prometida con Ferdinand. Tras casarse en secreto, ambos se embarcaron en la reforma de los territorios del ducado de Aegir. El enorme éxito de Ferdinand lo llevó ser un referente en el gobierno central de la nación. Desde ese momento, su vida no conoció descanso; aunque, como él solía decir, «ver a mi familia sonreír compensa cualquier sacrificio».
Ferdinand y Bernadetta [] Ferdinand y Bernadetta []
Tras la guerra, Bernadetta renunció a su título hereditario de condesa de Varley y se desposó con Ferdinand, quien se convirtió en el nuevo duque de Aegir. Ambos iniciaron una serie de reformas en el ducado y trabajaron para restaurar el orden en sus posesiones. Ferdinand delegó en su esposa la administración de sus tierras cuando accedió al puesto de primer ministro por la eficaz gestión de sus territorios. Debido a que Bernadetta se negaba a salir del ducado, Ferdinand se vio obligado a vivir a caballo entre la capital y sus tierras, pero siempre volvía a casa con una sonrisa. Tras la guerra, Bernadetta renunció a su título hereditario de condesa de Varley y se desposó con Ferdinand, quien se convirtió en el nuevo duque de Aegir. Ambos iniciaron una serie de reformas en el ducado y trabajaron para restaurar el orden en sus posesiones. Ferdinand delegó en su esposa la administración de sus tierras cuando fue llamado a ayudar en la gestión política de Fódlan. Debido a que Bernadetta se negaba a salir del ducado, Ferdinand se vio obligado a viajar continuamente, pero siempre volvía a casa con una sonrisa.
Ferdinand y Dorothea [] Ferdinand y Dorothea []
Tras convertirse en el nuevo duque de Aegir, Ferdinand emprendió una serie de reformas políticas en sus tierras encaminadas a mejorar las condiciones de vida de la plebe y que propiciaron una pronta recuperación tras la guerra. Al parecer, detrás de estas iniciativas no se encontraba otra que la bella cantante Dorothea. El éxito de Ferdinand no pasó desapercibido para la emperatriz Edelgard, quien lo nombró primer ministro y le encomendó la gestión de todos sus territorios. Su vida no conoció descanso desde entonces, pero eso no le impidió ser feliz con su esposa y sus retoños en un hogar donde nunca faltó la música. Tras reclamar el título de duque de Aegir, Ferdinand emprendió una serie de reformas políticas en sus tierras encaminadas a mejorar las condiciones de vida de la plebe y que propiciaron una pronta recuperación tras la guerra. Al parecer, detrás de estas iniciativas no se encontraba otra que la bella cantante Dorothea. El éxito de Ferdinand le permitió acceder a un puesto desde el que extendió sus medidas políticas a todo Fódlan. Su vida no conoció descanso a partir de entonces, pero eso no le impidió ser feliz con su esposa y sus retoños en un hogar donde nunca faltó la música.
Ferdinand y Petra [] Ferdinand y Petra []
Tras convertirse en el nuevo duque de Aegir, Ferdinand solicitó a la emperatriz Edelgard que lo nombrase ministro de Asuntos Exteriores en lugar de primer ministro, deseo que le fue concedido. Su primer encargo fue negociar con Petra, que había heredado el trono de Brigid y declarado a su nación libre del vasallaje imperial. Ferdinand y Petra colaboraron para estrechar los lazos de amistad entre sus naciones y formar una alianza duradera. Acabaron por enamorarse y —en parte con la intención de simbolizar la nueva época de concordia— se establecieron en Nuvelle, en el extremo occidental de Fódlan. Se dice que ambos negociaron durante años para alcanzar dicho acuerdo. Tras convertirse en el nuevo duque de Aegir, Ferdinand inició la reconstrucción de su territorio al tiempo que impulsó un plan para mejorar las relaciones con Brigid. Petra, que a la sazón había heredado el trono de su país, envió ayuda para paliar los estragos de la guerra. De manera simultánea, los dos estrecharon su relación privada, lo que desembocó en boda apenas se restableció el orden en las tierras de Aegir. Ferdinand se mudó a Brigid como consorte de la nueva reina. Ambos viajaron incansablemente entre sus territorios para mejorar las relaciones bilaterales, lo que no obstante nunca les impidió disfrutar de un feliz matrimonio.
Ferdinand y Marianne [] Ferdinand y Marianne []
Tras convertirse en el nuevo duque de Aegir, Ferdinand anunció su compromiso con Marianne y emprendió una serie de reformas políticas en sus posesiones. Entretanto, Marianne volvió con su padre adoptivo para aprender a gobernar. El duque de Aegir sintió gran felicidad al saber que su mujer deseaba participar de manera activa en la administración de su señorío. Juntos lograron que el ducado se convirtiera en uno de los territorios más prósperos de Fódlan. Ferdinand ordenó erigir una estatua de bronce en honor de su esposa, pero esta solicitó que no se instalase en ningún lugar público. Una vez en posesión del título de duque de Aegir, Ferdinand anunció su enlace con Marianne. Con el apoyo de la Casa Edmund, ambos emprendieron una serie de reformas políticas en el ducado. La ayuda del duque, aunque esencial, era insuficiente para la recuperación, por lo que Marianne decidió tomar un papel más activo en la gestión de sus posesiones. Su gran desempeño se tradujo en una nueva época de prosperidad. Se dice que Ferdinand ordenó erigir una estatua de bronce en honor de su esposa, pero esta solicitó que no se instalase en ningún lugar público.
Ferdinand y Hilda Ferdinand y Flayn
Tras convertirse en el nuevo duque de Aegir, Ferdinand anunció su enlace con Hilda, hija del duque de Goneril. El pueblo recibió a la pareja de buen grado, esperanzados con que trajeran prosperidad a sus tierras. Ambos iniciaron una serie de reformas políticas que, en efecto, impulsaron la recuperación de la región. Hilda, siempre discreta, se mantuvo en un segundo plano, pero demostró un gran olfato al recomendar a gente excepcional para puestos de responsabilidad. Su afición por los accesorios la llevó a abrir una excelente escuela de artesanía, donde se formó a grandes talentos. El propio Ferdinand estudió allí, y se dice que creó numerosos abalorios para su mujer. Tras convertirse en el nuevo duque de Aegir, Ferdinand se casó con Flayn y tomó posesión de sus nuevos dominios. La pareja se dedicó de inmediato a restablecer el orden en el ducado. Flayn se ganó el corazón de las gentes con su amabilidad y delicadeza, mientras que Ferdinand siempre gozó de gran reconocimiento por la pasión con la que se entregaba a su trabajo. Se dice que el verdadero motivo que explica la rápida recuperación de la región durante aquella época fue la irreprochable actitud de ambos gobernantes, que sirvió de ejemplo e inspiración a todos los ciudadanos del ducado.
Ferdinand y Manuela [] Ferdinand y Manuela []
Tras convertirse en el nuevo duque de Aegir, Ferdinand y Manuela no tardaron en casarse. La pareja inició una serie de reformas políticas que impulsaron la recuperación del ducado, y Manuela se reveló como una excelente gobernante gracias a la red de contactos que había tejido durante su época como cantante de ópera y a su experiencia como maestra y sanadora. Todos estos méritos hicieron renacer las tierras de los Aegir y le valieron a Manuela el nombramiento como primera ministra, cargo que le permitió acometer reformas en todo el Imperio mientras Ferdinand se dedicaba a la administración de sus tierras y la crianza del hijo de la pareja. Tras convertirse en el nuevo duque de Aegir, Ferdinand y Manuela no tardaron en casarse. La pareja inició una serie de reformas políticas que impulsaron la recuperación del ducado, y Manuela se reveló como una excelente gobernante gracias a la red de contactos que había tejido durante su época como cantante de ópera y a su experiencia como maestra y sanadora. Todos estos méritos hicieron que se la involucrase en la toma de decisiones de todo Fódlan. Tras dar a luz a su primer retoño, viajó por todo el continente, mientras Ferdinand se dedicaba a la administración de sus tierras y la crianza del hijo de la pareja.
Linhardt y Annette Linhardt y Bernadetta []
La Academia de Oficiales volvió a abrir una vez concluida la guerra, con Annette y Linhardt —que había renunciado a su título de conde— como parte del profesorado. En su labor como docente, Annette se mostraba seria y meticulosa. En cambio, a Linhardt seguía absorbiéndolo la investigación emblemológica día y noche; tanto que era capaz de quedarse dormido varias veces en mitad de una de sus lecciones. Su esposa trató por todos los medios de corregir su propensión a las siestas, pero con el tiempo se aficionó a despertarlo de formas cada vez más creativas. Linhardt, por su parte, también se acostumbró al dinamismo de Annette e incluso llegó a apreciarlo. Linhardt y Bernadetta causaron un gran revuelo cuando renunciaron a sus títulos y huyeron para casarse en Garreg Mach. En el monasterio la pareja podía sentirse en paz y olvidar la actualidad política. La Academia de Oficiales volvió a abrir sus puertas cuando el Imperio restauró el poder de la Iglesia y la pareja aceptó entrar a formar parte de su profesorado. A Linhardt era frecuente verlo dormirse en mitad de sus lecciones, mientras que a Bernadetta lo frecuente era no verla, sin más, excepto en el aula.
Linhardt y Bernadetta [] Linhardt y Dorothea
Linhardt y Bernadetta causaron un gran revuelo cuando renunciaron a sus títulos y huyeron para casarse en Garreg Mach. En el monasterio la pareja podía sentirse en paz y olvidar la actualidad política. La Academia de Oficiales volvió a abrir sus puertas cuando se restauró el poder de la Iglesia y la pareja aceptó entrar a formar parte de su profesorado. A Linhardt era frecuente verlo dormirse en mitad de sus lecciones, mientras que a Bernadetta lo frecuente era no verla, sin más, excepto en el aula. A la conclusión de la guerra, Linhardt decidió heredar el título de conde de Hevring. Aprendió a administrar sus tierras, algo que jamás había suscitado su interés, y años después se casó con Dorothea. Mientras se las arreglaba de algún modo para cumplir con sus deberes como mandatario, no dejó de lado sus investigaciones, cuyos resultados prácticos eran en ocasiones poco claros, pero que Dorothea se encargaba de transformar y dotar de utilidad pública. Cuando se les acusaba de ser unos dirigentes atípicos en la historia de Fódlan, ambos se reían y argüían con retranca que «quien mira al pasado se pierde el presente y no ve venir el futuro», su refrán favorito.
Linhardt y Petra Linhardt y Lysithea
Petra regresó a las islas de Brigid, su patria, donde heredó el trono de su abuelo. Sustituyó el vasallaje que su pueblo rendía a Fódlan por una alianza en pie de igualdad, al tiempo que se inspiró en el continente como modelo para modernizar el comercio en el archipiélago, y mejoró las relaciones internacionales. Todos estos progresos suscitaron el asombro de propios y extraños, pero en buena medida se debían a una sencilla razón: Petra se había casado con Linhardt, que puso sus vastos conocimientos al servicio del progreso de Brigid. La pareja siempre se llevó a las mil maravillas; formaron una gran familia y vivieron felices hasta el fin de sus días. Linhardt continuó dedicándose a la investigación con la esperanza de encontrar la forma de librar a los portadores de sus emblemas para así salvar a Lysithea, pero seguía sin encontrar cura acabada ya la guerra. Su amada decidió entonces abandonar Garreg Mach y volver con sus padres, agradeciendo todos los desvelos de Linhardt y convencida de que la despedida era definitiva. Pero él no se rindió: arregló sus asuntos pendientes, renunció a su título y se trasladó a la Casa Ordelia para proseguir allí sus estudios, que darían fruto varios años después. Libre al fin de la carga de los emblemas, Lysithea también renunció a su título, se casó con Linhardt y ambos fueron muy felices.
Linhardt y Marianne, Linhardt y Flayn
Marianne, que regresó a su hogar, demostró a su padre adoptivo su valía y recibió formación para gobernar las tierras de la familia. Linhardt renunció a su título y se trasladó también a la Casa Edmund. Al marqués le agradó su peculiar carácter y dio el visto bueno a su enlace con Marianne, además de prometerle financiación para sus investigaciones. Años después, Marianne heredó el título de marquesa e inició una reforma profunda en la región. Se cuenta que le encontró utilidad a cada uno de los experimentos de Linhardt, aprovechándolos para mejorar las condiciones de vida de las gentes. Flayn se marchó de Garreg Mach justo al acabar la guerra. Al mismo tiempo, Linhardt renunció de improviso al título de conde de Hevring y también desapareció. Quienes los conocían sospechaban que habían huido para casarse, pero nadie sabía adónde habían ido. Algo más de una década después de que la Academia de Oficiales hubiera retomado su actividad, comenzó a matricularse cada año un joven estudiante que portaba el emblema mayor de Cethleann. Se dice que solo se pudo verificar que estos misteriosos alumnos eran hermanos por su tendencia a echarse siestas durante las clases, detalle que despertó un gran interés en la comunidad emblemológica.
Linhardt y Catherine [] Linhardt y Catherine []
Cuando Rhea abandonó su puesto como Arzobispa para vivir en reclusión, Catherine dejó los Caballeros de Seiros y la acompañó al Cañón Rojo. Allí las siguió el flamante marido de Catherine, Linhardt, quien prosiguió sus investigaciones sobre los emblemas. Espoleado por el apoyo de su esposa y libre de toda distracción, Linhardt no cesó de lograr avances a un ritmo pasmoso. Los resultados de su trabajo abrieron una nueva era en la emblemología, pero, para mantener su intimidad, siempre publicó sus artículos de manera anónima. Catherine abandonó su puesto en los Caballeros de Seiros y se embarcó en un viaje por Fódlan. Con su fiel Filo del Trueno, nunca dejó de defender a los inocentes y castigar a los malvados a su paso. En su periplo la acompañó Linhardt, quien había renunciado a su título para seguirla. Se dice que Catherine era prácticamente imparable y que Linhardt solo se vio obligado a intervenir en muy contadas ocasiones en las que su gran conocimiento sobre emblemas podía sacarles de un apuro. Sus aventuras fueron cantadas por el pueblo durante generaciones, pero no se sabe con certeza si realmente surgió el romance entre los dos.
Caspar y Annette [] Caspar y Annette []
Las hazañas de Caspar durante la contienda le valieron el nombramiento como ministro de Guerra del nuevo Imperio de Adrestia. A pesar de la fama de su marido, Annette logró templar su carácter agreste y mantener el orden en el ejército imperial. La soldadesca vio en ella una figura materna que los llevó a alcanzar cotas de eficiencia nunca vistas. En la intimidad del hogar las tornas cambiaban: Annette metía la pata a menudo en las tareas domésticas, pero a Caspar, siempre solícito, se le daban de maravilla. Annette se ganó un puesto como profesora de la escuela de magia de Fhirdiad, donde formó a grandes hechiceros. Su afición por los paseos matutinos le jugaría una mala pasada cuando, durante una excursión de su clase a las montañas, se perdió. Por fortuna, Caspar, que se había dedicado a viajar por placer desde el fin de la guerra, pasaba por la zona y encabezó una misión de búsqueda. Finalmente logró dar con Annette, iniciando así lo que se convertiría en una relación romántica que acabaría en boda tiempo después. A los alumnos de Annette les emocionó tanto la aventura que durante un tiempo se puso de moda perderse en las montañas para encontrar pareja.
Caspar y Bernadetta Caspar y Dorothea []
Tras muchas discusiones acerca de su futuro matrimonio, Caspar accedió a la petición de Bernadetta de entrar a formar parte de la Casa Varley, cuyo título iba a heredar ella. El carácter de Caspar nunca cambió, y, cada vez que este provocaba alguna trifulca, Bernadetta lo obligaba a prometer por escrito que jamás volvería a repetirla. La lista llegó a ser tan larga que pasó a la historia como «los 47 mandamientos de Bernadetta», aunque hay que decir que alguno parecía de lo más peregrino, como el de «No confundirás a Bernadetta con una de tus hijas». Y es que la pareja, mandamientos aparte, se llevaba tan bien que tuvo una descendencia numerosísima. Las hazañas de Caspar durante la contienda le valieron el nombramiento como ministro de Guerra del nuevo Imperio de Adrestia, puesto desde el que comandó a todo el ejército. A pesar de su impulsividad, supo capear las grandes crisis con éxito. Al concluir cada batalla, siempre se dirigía al mismo sitio: a casa de Dorothea, que tras la guerra había refundado la Compañía Operística Mittelfrank y pretendía devolverle su gloria perdida. Con el tiempo, cumplida su misión, Dorothea volvería a desaparecer de los escenarios. Se dice que ella y Caspar vivieron juntos y felices el resto de sus días, pero nadie lo sabe con certeza.
Caspar y Dorothea [] Caspar y Petra
Tras la guerra, Caspar emprendió un largo viaje para encontrarse a sí mismo que lo llevó a todos los confines de Fódlan y, en ocasiones, fuera del continente. Durante su periplo, y debido a su impulsividad, provocó un sinfín de escenas hilarantes. Al final de su larga odisea, se dirigió a Enbarr para visitar a Dorothea, que había refundado allí la Compañía Operística Mittelfrank y pretendía devolverle su gloria perdida. Con el tiempo, cumplida su misión, volvería a desaparecer de los escenarios. Se dice que ella y Caspar vivieron juntos y felices el resto de sus días, pero nadie lo sabe con certeza. Petra regresó a las islas de Brigid, su patria, donde heredó el trono de su abuelo. Abolió el vasallaje que su pueblo rendía a Fódlan y promovió unas relaciones cordiales pero de igualdad tanto con el continente como con Dagda. Quien más la ayudó en este cometido fue Caspar, que había viajado con ella hasta el archipiélago y con quien acabaría casándose. Se decía que el padre de Caspar era enemigo declarado de Brigid, razón por la que el pueblo se opuso firmemente a su matrimonio en un primer momento. Pero, viendo la entrega con la que el joven se empleaba por su nueva patria y lo feliz que hacía a la reina, al final acabaron aceptándolo de buen grado.
Caspar y Hilda Caspar y Catherine []
Ni Caspar ni Hilda deseaban heredar los títulos de sus respectivas casas. Decidieron embarcarse juntos en un viaje de placer sin destino definido: visitaron lugares de lo más variopinto y se aventuraron incluso fuera del continente. Debido a su carácter impulsivo, Caspar provocaba altercados por doquier, pero Hilda, lejos de impedírselo, se limitaba a reírse a carcajadas de las situaciones en las que se veía metido. El viaje llegó a su fin el día que Holst, el hermano de Hilda, llamó a ambos a capítulo para que se casaran y sentaran la cabeza, nombrando a Caspar caballero de la Casa Goneril. La pareja tuvo muchos hijos y vivió feliz el resto de sus días. Rhea había abandonado su puesto como Arzobispa para vivir en reclusión, de modo que Catherine dejó los Caballeros de Seiros y se puso a su servicio. Acababa de casarse con Caspar y compartía con este la misión de proteger a la Arzobispa. La pareja residía en el Cañón Rojo de Zanado, entregada a la labranza de sus tierras y a la caza. Vivían en paz, pero sin descuidar jamás su entrenamiento militar: raro era el día que no se oía el estrépito de sus espadas y los gritos de Caspar desde las profundidades del cañón.
Caspar y Catherine [] Caspar y Shamir
Catherine dejó los Caballeros de Seiros para viajar por todo Fódlan con Caspar. Dedicaron su vida a proteger a los débiles y castigar a los malvados, ganándose los apelativos de «Catherine, la Galerna» y «Corazón de Fuego». Sus aventuras se convirtieron en leyendas conocidas en todo el mundo. Hasta pusieron de moda frases como «¡Que el Filo del Trueno te destruya!» o «¡No me toques la espada, que me la mellas!», que luego perdurarían durante generaciones en el acervo popular. Tras la guerra, Caspar y Shamir usaron su influencia para fundar un grupo de mercenarios para hacer justicia y para defender a los más débiles. Era tal su grado de compenetración y su dominio de las técnicas de lucha que su fama se extendió por todo Fódlan e incluso más allá del continente. El carácter indómito de Caspar lo llevó a causar altercados en muchos de esos lugares, pero Shamir, siempre directa y tajante, se las arreglaba para solucionar los desaguisados y convertirlos en simpáticas anécdotas que se recordarían durante generaciones.
Bernadetta y Felix Bernadetta y Felix
Tras el fin de la guerra, Felix heredó de su padre, lord Rodrigue, el título de duque de Fraldarius. Se casó con Bernadetta, quien renunció a su título de la Casa Varley para vivir con él. Tras reparar los desastres de la guerra en sus tierras, Felix siguió viajando por todo Fódlan en representación del rey. Bernadetta, a quien el frío clima de Faerghus había convertido en una reclusa aún más recalcitrante, se encargaba de los asuntos locales en ausencia de su marido. Sin embargo, siempre que él regresaba, dejaba de lado sus manías y era capaz de salir de la habitación con tal de no separarse de su lado. Tras el fin de la guerra, Felix se propuso hacer un viaje en solitario, pero Bernadetta le imploró que no se marchase, y acabó casándose con ella y pasando a formar parte de la Casa Varley, cuyo título había heredado su esposa. La pareja se llevaba de maravilla, tanto que, cuando Felix planteó recluirse en los picos de Oghma para entrenar, Bernadetta se echó a llorar y agarró a su marido con una fuerza inusitada, impidiendo que se moviera. Dado que Bernadetta no salía jamás de casa, la gente empezó a pensar que Felix era el nuevo mandamás, y, de hecho, cada vez firmaba con mayor frecuencia documentos como «Felix, conde de Varley».
Bernadetta y Raphael Bernadetta y Seteth
Bernadetta heredó de su padre el título de condesa de Varley, pero se encerró en su alcoba y dejó de lado la administración de sus tierras. Acudió en su ayuda Raphael, que trató de animarla a ser más sociable. Al principio, Bernadetta se resistía (llegó a dejar escrito en su diario que la experiencia le resultaba humillante), pero la terapia terminó dando sus frutos. La condesa de Varley llegó a ser una persona extrovertida que gozó de gran autoridad y acabó desposándose con un hombre muy fornido. Tras la guerra, Seteth permaneció en Garreg Mach, donde se entregó a la reconstrucción de la Iglesia. No tardó en unirse a él Bernadetta, que había renunciado al título de la Casa Varley para vivir recluida en el monasterio. Con el paso de los años, Seteth escribió una extensa colección de fábulas, primero en sus ratos libres y más tarde como dedicación principal. Su obra llegó a alcanzar gran fama entre los niños de todo Fódlan, en parte gracias a sus magníficas ilustraciones. Cuando se le preguntaba por la autoría de estas últimas, Seteth solía responder: «Pregúntale a mi esposa... si la ves fuera de sus aposentos».
Dorothea y Felix [] Dorothea y Felix []
Tras el fin de la guerra, Felix heredó de su padre, lord Rodrigue, el título de duque de Fraldarius. Se casó con Dorothea y se fueron a vivir juntos. Durante mucho tiempo, después incluso de reparar los desastres de la guerra en sus tierras, Felix siguió viajando por todo Fódlan en representación del rey. Dorothea siempre lo acompañó, incluso cuando la misión implicaba entrar en combate. De hecho, las leyendas sobre las hazañas bélicas de la pareja sobrevivieron durante generaciones, casi siempre en forma de óperas compuestas —se cuenta— por la propia Dorothea. La conclusión de la guerra no supuso un fin abrupto de las hostilidades: se seguían produciendo escaramuzas con frecuencia, lo que llevó a Felix, siempre sediento de lucha, a renunciar a su título nobiliario y vivir como soldado de fortuna. Años después, durante una de sus misiones, Felix visitó Enbarr y se encontró con Dorothea, que había decidido retomar su carrera como cantante de ópera. Desde entonces, Felix aprovechaba cada permiso para asistir a los espectáculos protagonizados por Dorothea. Se dice que, cuando ella lo veía entre el público, solo cantaba para él.
Dorothea y Sylvain Dorothea y Lorenz
Tras nada menos que diez proposiciones de matrimonio rechazadas, Sylvain consiguió al fin el «sí» de Dorothea. Una vez casado, ya como marqués de Gautier, se dedicó a mejorar las relaciones con el pueblo sreng y a promover entre la nobleza un modo de vida en el que reliquias y emblemas no resultaban indispensables. Con el apoyo de Dorothea, logró hacer realidad sus ideas. Para sorpresa de propios y extraños, también cumplió con creces la promesa que le hizo a su esposa el día de su boda: «Seremos felices, comeremos perdices y... ¡no le tiraré los tejos a nadie más!». Lorenz, convertido en jefe de la Casa Gloucester, dedicó buena parte de sus energías al restablecimiento de sus tierras. Con el tiempo, acabó implantando sus políticas en todas las tierras de Fódlan. Cuando estaba en la cima de su carrera política, anunció su enlace con Dorothea, que había retomado su carrera como cantante de la Compañía Operística Mittelfrank. Su boda fue la comidilla de las tertulias de la época, y la pareja se convirtió en un icono para la sociedad fodlanesa durante décadas.
Dorothea y Hanneman Petra y Ashe
A pesar de los cambios que había experimentado Fódlan, La meta de Hanneman permaneció inalterable: descifrar el funcionamiento de los emblemas y acabar con las desigualdades sociales que causaban. La ingente labor del «Padre de la Emblemología» dio sus frutos y le permitió crear instrumentos mágicos que podían ser usados por quienes carecían de emblema. Hanneman también se convirtió en padre, en el sentido más común del término, tras casarse con Dorothea, la cantante, con quien tuvo muchos hijos. Sin embargo, siempre mantuvieron su relación al margen de la opinión pública para no perjudicar sus carreras. Petra regresó a las islas de Brigid, su patria, y heredó el trono de su abuelo. Bajo la guía de Ashe, su primera medida como reina fue abolir el vasallaje que su pueblo rendía a Fódlan y promover unas relaciones cordiales pero de igualdad con el continente. Tras años de intenso trabajo para reformar la política diplomática y militar, surgió el amor entre Petra y Ashe, quienes finalmente se casaron. El pueblo de Brigid recibió con los brazos abiertos esta unión. Se dice que su orden de caballería, los «Leviatanes azures», debe su nombre a la afición de ambos por nadar en el mar.
Petra y Ignatz Petra y Cyril
Petra regresó a las islas de Brigid, su patria, donde heredó el trono de su abuelo. Su primera medida como monarca fue abolir el vasallaje que su pueblo rendía a Fódlan y promover unas relaciones cordiales pero de igualdad tanto con el continente como con Dagda. En todo momento la acompañó su marido, Ignatz, quien había dejado Fódlan para estar con ella. El comercio con las islas floreció en buena parte gracias a la actividad de Exportaciones Victor. Además de ayudar a Petra, Ignatz continuó su exitosa labor pictórica. Sus cuadros paisajísticos, en los que reflejó la belleza de Brigid con su estilo marcadamente fodlanés, tuvieron una gran acogida en todas partes. Petra regresó a las islas de Brigid, su patria, donde heredó el trono de su abuelo. Abolió el vasallaje que su pueblo rendía a Fódlan y promovió unas relaciones cordiales pero de igualdad con el continente. Pocos años después, un nuevo templo en honor a Seiros se erigía en la ciudad de Nuvelle, cerca del extremo occidental de Fódlan. El clérigo que la Iglesia envió a ocuparse de este templo resultó ser Cyril. Petra y él se veían a menudo para discutir asuntos diplomáticos, y su relación fue adquiriendo tintes románticos, hasta que un día anunciaron que se casaban. Su unión sería vista como el símbolo del acercamiento entre Brigid y Fódlan.
Dedue y Mercedes Dedue y Annette
Dos años después de la guerra, Dedue y Mercedes, su mujer, abrieron una escuela en el distrito de Fhirdiad donde vivían los duscurianos. En ella, los niños que nunca habían recibido educación aprendían a leer y escribir, así como matemáticas e incluso la historia de Duscur. Años más tarde, cuando el pueblo duscuriano recuperó su tierra, los exalumnos de la escuela pudieron instalarse allí y recuperar su vieja cultura. Por ese motivo, Dedue y Mercedes siempre fueron recordados en Duscur. Poco después de la guerra, Dedue y Annette se desposaron en una humilde ceremonia y se establecieron en Fhirdiad. Su vida no experimentó grandes cambios tras casarse: Dedue continuó al servicio del rey Dimitri, mientras que Annette encontró empleo como profesora en la escuela de magia de Fhirdiad. Ambos se dedicaban en cuerpo y alma a sus ocupaciones, pero siempre se esforzaron por pasar juntos la mayor parte de su tiempo de asueto dedicados a la cocina y otras actividades cotidianas.
Dedue y Ingrid Dedue y Flayn
Después de la guerra, Dedue e Ingrid sirvieron como protectores del recién coronado rey Dimitri: él como su leal vasallo, y ella como caballero de la Casa Blaiddyd. La pareja, inseparable, luchó codo con codo en innumerables batallas. Los bardos cantaron durante muchos años las hazañas del vasallo taciturno y de la aguerrida guerrera a lo largo y ancho de Fódlan, y se dice que su amistad inspiró la reconciliación entre los pueblos de Faerghus y Duscur. Después de la guerra, Dedue volvió a Fhirdiad para servir al rey Dimitri como vasallo mientras su mujer, Flayn, se ocupaba del hogar. En un primer momento, Dedue debió soportar con estoicismo los desastres culinarios de su esposa, pero finalmente Flayn llegó a ser una reputada cocinera. Se dice que los afortunados que lograban probar su comida siempre preguntaban si podían repetir, y que la mirada de Dedue se llenaba de orgullo cuando Flayn le anunciaba cuál sería su próximo plato.
Dedue y Shamir Felix y Mercedes []
Después de la guerra, Dedue volvió a Fhirdiad para servir al rey Dimitri como vasallo mientras Shamir se puso al servicio del trono como mercenaria y para realizar las misiones que la corte no podía llevar a cabo oficialmente. La relación profesional entre los dos pasó a ser afectiva y no tardaron en casarse. Se dice que, cuando estaban completamente solos, dejaban de lado los formalismos y se comportaban como dos tortolitos. Felix heredó el título de duque de Fraldarius de su padre, Rodrigue, al acabar el conflicto. Un año después se casó con Mercedes, quien lo ayudó en la reconstrucción de sus territorios poniendo especial énfasis en los niños que habían perdido a sus familias en la guerra. Más tarde, Felix entró al servicio del rey como vasallo mientras Mercedes le prestaba su apoyo incondicional. Se dice que solían visitar un cementerio dedicado a los soldados caídos del Imperio, donde depositaban flores en una misteriosa tumba sin identificar tras dedicarle una plegaria.
Felix y Mercedes [] Felix y Annette []
La conclusión de la guerra no supuso un fin abrupto de las hostilidades: se seguían produciendo escaramuzas con frecuencia por todo Fódlan, lo que llevó a Felix, siempre sediento de lucha, a renunciar a su título para vivir como soldado de fortuna. Recorrió el continente en busca de batallas en las que participar, como si deseara dejar de vivir, hasta que volvió a coincidir con Mercedes. Esta había comenzado una nueva vida al servicio de la Diosa y, gracias a su bondad y generosidad, logró que Felix cambiase de vida. Nadie sabe qué fue de ellos, aunque lo cierto es que en ese momento cesaron los relatos acerca de un espadachín que infundía el terror en sus enemigos. Felix heredó el título de duque de Fraldarius de su padre, Rodrigue, al acabar el conflicto. Años más tarde se casó con Annette, y la pareja se esforzó por restaurar el orden en sus posesiones y devolverle su antigua gloria. Felix era muy querido por su dedicación, mientras que Annette se ganó el afecto de todos por su amabilidad. Con el tiempo, esta llegó a ser una consumada compositora de canciones, y, con el apoyo de su marido, creó varias melodías que gozaron de gran fama durante generaciones. Sin embargo, las letras originales se fueron tergiversando con el tiempo y su significado original se perdió.
Felix y Annette [] Felix e Ingrid []
Felix tenía la intención de renunciar a su título nobiliario tras la guerra para ganarse la vida con su espada. El día que iba a abandonar su hogar, Annette se le acercó para suplicarle que no se separase de ella. En su lugar, propuso que se establecieran en la Academia de Oficiales cuando volviera a abrir sus puertas y se convirtieran en profesores. Se cuenta que el nuevo instructor de esgrima era famoso por su dureza, pero que finalmente aprendió a disfrutar de su trabajo, llegando incluso a esbozar una sonrisa en ocasiones, aunque solo si también estaba presente la amable profesora de magia. Felix heredó el título de duque de Fraldarius de su padre, Rodrigue, al acabar el conflicto y se casó con Ingrid, la hija del conde de Galatea. La pareja no escatimó esfuerzos para restaurar el orden en sus dominios, poniendo especial énfasis en la escasez de recursos de Galatea. Pasados unos años, el duque perdió la movilidad del brazo protegiendo a su esposa durante un ataque a su castillo y quedó incapacitado para usar la espada. Se dice que nunca se arrepintió de esa acción, ya que se limitó a cumplir una vieja promesa que le había hecho a su amada.
Felix e Ingrid [] Felix y Lysithea []
La conclusión de la guerra no supuso un fin abrupto de las hostilidades: se seguían produciendo escaramuzas con frecuencia por todo Fódlan, lo que llevó a Felix, siempre sediento de lucha, a renunciar a su título para vivir como soldado de fortuna. Ingrid también renunció a su título para acompañarlo en sus aventuras. Juntos arriesgaron la vida en innumerables ocasiones hasta que, tras el nacimiento de su hijo, se establecieron en una aldea alejada de su hogar donde llevaron una vida apacible en familia. Tras convertirse en el nuevo duque de Fraldarius, Felix se casó con Lysithea, cuya sabiduría lo ayudó a restaurar el orden tanto en sus posesiones como en el resto del Reino. Tampoco era raro verla codearse con el pueblo y guiarlo con sus juiciosos consejos. Tras su muerte, Felix recibió la visita de una persona que le trajo un pastel elaborado con una receta de Lysithea y que le gustó tanto que lo siguió comiendo el resto de sus días. Estos dulces llegaron a ser muy populares y entraron a formar parte de la repostería típica del norte de Faerghus.
Felix y Lysithea [] Felix y Leonie []
Felix renunció a su título nobiliario tras la guerra para ganarse la vida como soldado de fortuna. Recorrió el continente en busca de batallas en las que participar, como si deseara dejar de vivir, hasta que volvió a coincidir con Lysithea, quien vivía en una humilde aldea con sus padres. Felix comprendió el valor de la vida al ver que Lysithea no había perdido la sonrisa y trataba de disfrutar con sus padres, a sabiendas de que sus días estaban contados. Abandonó su espada para vivir con ella y ambos se dedicaron a la repostería. Sus dulces llegaron a ser muy populares y entraron a formar parte de la cocina típica de la región. Leonie tomó las riendas del grupo de mercenarios que otrora dirigiera Jeralt y ganó tanta reputación que fue contratada por el joven duque de Fraldarius, Felix. Este le encomendó muchas misiones delicadas y, pasado un tiempo, Leonie terminó por establecerse con su grupo en el ducado. Ella y Felix visitaban con mucha frecuencia las tabernas de los alrededores, y el duque, conocedor de la fama de Leonie, se cuidaba de descontar por adelantado de su paga la cantidad destinada a la bebida.
Felix y Leonie [] Felix y Flayn []
Felix renunció a su título nobiliario tras la guerra para ganarse la vida como soldado de fortuna junto a Leonie. Sus estilos de lucha eran diferentes pero complementarios, y juntos eran capaces de enfrentarse a cualquier enemigo. Pasado un tiempo se les unió el grupo de mercenarios que otrora dirigiera Jeralt y pasaron a ser los guerreros más temidos de Fódlan. Sin embargo, cuando se extinguieron los últimos rescoldos del conflicto y el trabajo comenzó a escasear, se vieron obligados a cambiar de profesión y se convirtieron en artistas callejeros. Su espectáculo basado en técnicas de lucha cosechó un sorprendente éxito de público allá donde actuaron. Una vez convertido en el duque de Fraldarius, Felix se desposó con Flayn y juntos trabajaron incansablemente por restablecer el orden. La dedicación de Felix y la compasión de Flayn les granjearon el afecto del pueblo, con quienes solían mantener contacto directo. Felix puso su espada al servicio de Dimitri durante su reinado, y a la muerte del monarca se retiró para llevar una vida tranquila. En sus últimos años solo usó la espada para llevar a cabo divertidos trucos como cortar fruta en el aire, cosa que Flayn nunca se cansó de ver.
Felix y Flayn [] Ashe y Mercedes
La conclusión de la guerra no supuso un fin abrupto de las hostilidades: se seguían produciendo escaramuzas con frecuencia por todo Fódlan, lo que llevó a Felix, siempre sediento de lucha, a renunciar a su título para vivir como soldado de fortuna. Recorrió el continente en busca de batallas en las que participar, como si deseara dejar de vivir, hasta que volvió a Garreg Mach. Allí se reunió con Flayn, quien se apenó al ver que Felix seguía usando la espada para matar y decidió acompañarlo. Se rumorea que su amabilidad le ayudó a cambiar de vida y que en ese momento cesaron abruptamente las historias sobre cierto guerrero que sembraba la muerte a su paso. Tras la guerra, Ashe fue nombrado caballero y heredó el título de la Casa Gaspard, que no tenía más pretendientes. Al principio de su mandato, su juventud e inexperiencia resultaron un obstáculo, pero acabaría superándolo en parte gracias a su famosa tenacidad y, sobre todo, merced a los sabios consejos de su esposa, Mercedes. Cuando la pareja encontraba un momento de respiro, se dedicaban a la repostería para levantarse los ánimos el uno al otro. Esta costumbre devino tan popular que, durante generaciones, todos los matrimonios de la región hacían lo mismo en fechas señaladas.
Ashe y Annette Ashe e Ingrid []
Tras la guerra, Ashe fue nombrado caballero y heredó el título de la Casa Gaspard, que no tenía más pretendientes. Se casó con Annette, y juntos afrontaron con tesón y brillantez todos los obstáculos que presentaba la administración de su territorio; bajo su mando, la región floreció como nunca. Ashe llegó a convertirse en un caballero ejemplar, admirado por todo el pueblo. Su asombrosa vida —la del humilde plebeyo que llegó a comandar una de las más ilustres casas de Fódlan— quedó inmortalizada en una novela escrita por su amada esposa. Tras la coronación del nuevo rey en Faerghus, Ashe e Ingrid viajaron a Fhirdiad para jurar fidelidad al monarca. Ambos cumplieron con creces la promesa: protegieron a su señor en infinidad de batallas, demostrando un arrojo y una devoción adamantinos, y granjeándose de paso la fama y la admiración de las gentes. En los numerosos relatos de las aventuras que vivieron juntos no solo se narraban sus hazañas, sino también hasta qué punto se complementaban sus estilos de lucha. Algunos iban incluso más allá y aseguraban que tal afinidad se convirtió en amor, y que acabaron luchando codo con codo como marido y mujer.
Ashe e Ingrid [] Ashe y Marianne
Ingrid logró que se respetaran las fronteras del territorio de los Galatea, que había sido usurpado, y se convirtió en su nueva señora. La gente recordaba que Ingrid había renegado de su linaje antes, por lo que no le deparó un buen recibimiento, pero, gracias al apoyo de Ashe —que había jurado lealtad a la Casa Galatea— y a las reformas que juntos promovieron para reparar los daños de la guerra y mejorar la agricultura, se ganó su confianza. A medida que la región florecía, también lo hacía el amor entre Ashe e Ingrid, que poco después anunciarían su enlace. La boda iba a ser sencilla, pero el entusiasmo de la ciudadanía la convirtió en todo un acontecimiento. Ashe fue nombrado caballero tras la guerra y heredó el título de la Casa Gaspard, que no tenía más pretendientes. Al principio de su mandato, su juventud e inexperiencia resultaron un obstáculo, pero acabaría superándolo gracias a la aparición de Marianne. La hija adoptiva del marqués de Edmund se convirtió en la consejera de Ashe y puso en práctica todo lo que su padre le había enseñado para respaldar a su nuevo señor e impulsar el crecimiento de la región. Los dos jóvenes se enamoraron y pronto anunciaron su boda. Cuando Ashe preguntaba a Marianne por qué lo había apoyado sin ambages desde el primer día, esta respondía feliz que era lo que siempre había soñado.
Ashe y Catherine [] Ashe y Catherine []
Catherine dejó los Caballeros de Seiros para proteger a Rhea, quien abandonó su puesto como Arzobispa y decidió vivir en reclusión en el Cañón Rojo. Años más tarde, llegaron a sus oídos rumores de un joven caballero que se había puesto al frente de la Casa Gaspard. Dicho señor resultó ser Ashe, que se presentó ante ellas y, ni corto ni perezoso, se arrodilló delante de Catherine para proponerle matrimonio. Con la bendición de Rhea, Catherine aceptó y abandonó el Cañón Rojo para embarcarse junto a su esposo en un largo viaje. Ashe fue nombrado caballero tras la guerra y heredó el título de la Casa Gaspard, que no tenía más pretendientes. Pidió matrimonio a Catherine, que había abandonado la orden de los Caballeros de Seiros, pero esta se negó aduciendo que la gente de las tierras de los Gaspard nunca la aceptaría. Ashe no se dio por vencido y, junto a la Iglesia de Seiros, luchó por sacar a la luz la verdad sobre la Iglesia Occidental. Su empeñó acabó dando fruto: convenció al pueblo, que, a regañadientes, aceptó a Catherine cuando esta dio el «sí» a Ashe. Se dice que la antigua caballero no tardó en ganarse las simpatías de la ciudadanía gracias a su carácter y extraordinario talento.
Sylvain y Mercedes Sylvain e Ingrid
Como marqués de Gautier, Sylvain se dedicó a mejorar las relaciones con el pueblo sreng y a hacer proselitismo entre la nobleza de un modo de vida en el que reliquias y emblemas no resultaban indispensables. Pasó a la historia como un líder ejemplar, algo que quizá no habría logrado sin la guía y el apoyo constante de Mercedes, cuya sabiduría derivó en medidas muy beneficiosas para el pueblo. La pareja se casó y tuvo muchos hijos; cuando Sylvain falleció, muchos años más tarde, su primogénito heredó el título de marqués a pesar de no ser portador de un emblema. Como marqués de Gautier, Sylvain se dedicó a mejorar las relaciones con el pueblo sreng y a hacer proselitismo entre la nobleza de un modo de vida en el que reliquias y emblemas no resultaban indispensables. Pasó a la historia como un líder ejemplar, algo que quizá no habría logrado sin la guía y el apoyo constante de Ingrid, cuya tenacidad y sabiduría brindaron una era de prosperidad a la región. Sylvain fue siempre fiel a su esposa, y la pareja vivió feliz y tuvo muchos hijos a quienes quisieron por igual aunque ninguno de ellos portase un emblema.
Mercedes y Lorenz Mercedes e Ignatz []
Lorenz decidió volver a su patria acompañado por Mercedes. Una vez allí, solicitó a su padre, el conde de Gloucester, que les permitiera casarse. Este no veía con buenos ojos el enlace, dado el humilde estatus social de Mercedes, pero fue cambiando de parecer a medida que conocía a la talentosa joven. Al final, no solo accedió a la petición de Lorenz, sino que lo felicitó por la suerte que había tenido al encontrar semejante esposa. Años después, con la pareja ya felizmente casada, Lorenz heredó el título de su padre. La apertura de miras de Mercedes complementaba bien la severidad de Lorenz, y sus años de gobierno trajeron prosperidad a las tierras de Gloucester. Mercedes abandonó su hogar y abrió junto con su madre un modesto orfelinato en Faerghus en el que acogió huérfanos de la guerra sin distinciones de origen. Por su parte, Ignatz había decidido viajar por todo el mundo para convertirse en pintor paisajista. Se llevó con él a su hermano y a su padre y se dedicó a plasmar sobre el lienzo la gente y los lugares que veía. Por un capricho del destino, topó durante su periplo con Mercedes. Años más tarde, vería la luz la obra maestra de Ignatz, «Sonrisa de una santa», aclamada por el público. Cuando presentó el cuadro, a su lado estaba Mercedes, la viva imagen de la santa que protagonizaba el lienzo.
Mercedes e Ignatz [] Mercedes y Alois
Mercedes tomó los hábitos en Garreg Mach; dedicó su vida a la Diosa y a los huérfanos de la guerra, a los que la Iglesia acogía en el monasterio sin distinción de origen. Por su parte, Ignatz había decidido viajar por todo el mundo para convertirse en pintor paisajista. Se llevó con él a su hermano y a su padre y se dedicó a plasmar sobre el lienzo la gente y los lugares que veía. Por un capricho del destino, topó durante su periplo con Mercedes. Años más tarde, vería la luz la obra maestra de Ignatz, «Sonrisa de una santa», aclamada por el público. Cuando presentó el cuadro, a su lado estaba Mercedes, la viva imagen de la santa que protagonizaba el lienzo. Mercedes abandonó su hogar y tomó los hábitos en Garreg Mach. Por su parte, Alois sucedió a Jeralt como capitán de los Caballeros de Seiros. Tanto él como Mercedes vivían muy ocupados con sus quehaceres diarios, pero aprovechaban cualquier respiro para pasar el rato juntos. Durante esos recesos, ella solía contarle historias de fantasmas a Alois, y se dice que a este lo aterraban tanto que, en comparación, el campo de batalla se le antojaba un camino de rosas. Desde entonces, siempre salía al encuentro del enemigo con un arrojo inigualable. Por este motivo, los soldados de Alois llamaban «Diosa de la victoria» a Mercedes.
Annette y Hanneman Annette y Gilbert
Annette y Hanneman aceptaron un puesto en la escuela de magia de Fhirdiad tras la guerra, donde formaron a muchos alumnos y continuaron con sus estudios emblemológicos. Compartían los mismos objetivos y se volvieron inseparables: era habitual verlos pasear, estudiar e impartir lecciones juntos. Escribieron multitud de tratados sobre sus descubrimientos, gracias a los cuales alcanzaron tal notoriedad que recibían solicitudes de grandes hechiceros para que los admitieran en su escuela. Gustave renunció a su antiguo nombre, Gilbert, y renovó su juramento de lealtad hacia el rey Dimitri. Regresó a Fhirdiad, la capital, para servir como caballero a las órdenes del monarca, y se llevó con él a su esposa, que había estado viviendo en las tierras del barón de Dominic. Allí se reunieron con su querida hija, Annette, que daba clases en la escuela de magia. Al principio, la convivencia les resultó un tanto extraña, después de haber pasado tanto tiempo separados, pero poco a poco volvieron a sentirse una verdadera familia. La sombra de la guerra se desvanecía, y los tres pasaron el resto de sus días tranquilos y felices, recuperando el tiempo perdido.
Ingrid y Raphael [] Ingrid y Raphael []
Raphael regresó a casa para servir como caballero a su patria y, de paso, ayudar a su abuelo y a su hermana, Maya, en la posada que acababan de abrir. Un buen día apareció Ingrid, que había renunciado al título de la Casa Galatea, e invitó a Raphael a viajar con ella. No le hizo falta insistir mucho: desde ese día, recorrieron Faerghus juntos, luchando codo con codo para convertirse en la pareja de caballeros más recordada de la historia del Reino. Ingrid logró que se respetaran las fronteras del territorio de los Galatea, que había sido usurpado, y se convirtió en su nueva señora. Poco después, apareció Raphael para jurarle fidelidad y servirla como caballero. En ese momento, lo que realmente urgía era atender los campos, cuyo estado era deplorable, por lo que el primer encargo de Raphael fue buscar algún modo de impulsar la agricultura en la región. Este se puso enseguida manos a la obra, algo que conmovió a las gentes y enamoró a Ingrid —prendada de su carácter resuelto—, que acabó por pedirle matrimonio. Aunque pretendían que su boda fuera modesta, nadie quiso perdérsela.
Ingrid y Seteth Ingrid y Ignatz []
Ingrid renunció a gobernar las tierras de los Galatea y decidió servir a la casa real como caballero. Como enviada diplomática de Faerghus a la sede eclesiástica, se vio a menudo con Seteth para entablar negociaciones de todo tipo. La confianza entre ambos era elevada, lo que condujo a numerosos acuerdos que, entre otras cosas, permitieron atajar de forma conjunta las tareas de reconstrucción de Fódlan. Una vez cumplidos sus objetivos, se dice que Ingrid y Seteth se instalaron en un pueblecito donde pasaron el resto de sus días en paz y practicando la pesca. Ingrid rechazó la jefatura de la Casa Galatea para servir como caballero a la Casa Blaiddyd. Años más tarde se rencontró de manera fortuita con Ignatz, quien había logrado convencer a su familia para ser pintor y recorría Fódlan pintando bellos paisajes. Ignatz se propuso ese día inmortalizar a Ingrid, tarea a la que dedicó buena parte del resto de su carrera. Muchas de sus obras representaron el arrojo de la guerrera en batalla, pero fueron recordadas por su gentil sonrisa, que Ignatz supo capturar con maestría, y que muchos consideraban el reflejo de su felicidad como esposa.
Ingrid y Ignatz [] Lorenz y Lysithea
Cuando las tierras de la familia Galatea fueron usurpadas, Ingrid protestó enérgicamente para mantener la integridad de sus fronteras. Finalmente se salió con la suya y le fue encomendado su gobierno, pero, al haber abandonado su casa con anterioridad, no fue bien recibida por el pueblo. Ignatz logró que finalmente fuese aceptada al mostrar con sus obras una faceta desconocida de Ingrid: su arrojo y coraje en la defensa de Fódlan. Todos se conmovieron primero por la belleza de sus cuadros y, más tarde, por la figura que los había inspirado. Con el paso del tiempo, la región prosperó, Ingrid e Ignatz se rencontraron y acabaron casándose. Lorenz, convertido en jefe de la Casa Gloucester, dedicó buena parte de sus energías al restablecimiento de sus tierras. Con el tiempo, acabó involucrándose de lleno en el gobierno de todas las tierras de Fódlan y ganándose el respeto como político por parte de la plebe. Un buen día anunció que se casaba con su prometida, Lysithea, hija única del antiguo conde de Ordelia. La unión fue muy bien acogida a pesar de que la novia había renunciado a su linaje. Debido a sus problemas de salud, rara vez se dejaba ver en público, aunque eso no implica que se mantuviera ociosa: se rumoreaba que buena parte de las medidas políticas propuestas por Lorenz eran idea suya.
Lorenz y Marianne Lorenz y Hilda
Lorenz, convertido en jefe de la Casa Gloucester, dedicó buena parte de sus energías al restablecimiento de sus tierras. Con el tiempo, acabó involucrándose de lleno en el gobierno de todas las tierras de Fódlan y ganándose el respeto como político por parte de la plebe. Un buen día anunció que se casaba con su prometida, Marianne, hija adoptiva del marqués de Edmund, de quien había aprendido el arte de administrar sus territorios. Tras casarse con Lorenz, participó con frecuencia en la política fodlanesa. La pareja promocionó activamente la ganadería como forma de vida, ganándose el sobrenombre de «padres de rocines y reses»... para disgusto del propio Lorenz. Lorenz, convertido en jefe de la Casa Gloucester, dedicó buena parte de sus energías al restablecimiento de sus tierras. Con el tiempo, acabó involucrándose de lleno en el gobierno de todas las tierras de Fódlan y ganándose el respeto como político por parte de la plebe. Un buen día anunció que se casaba con su prometida, Hilda, hija única del duque de Goneril. Fue ella quien sugirió la creación de academias para formar artesanos por todo Fódlan. Como consecuencia, el gremio experimentó un notable crecimiento, traducido en la producción y exportación masiva de accesorios de gran calidad. Hoy en día hay estatuas en cada academia en honor a la ilustre pareja.
Lorenz y Leonie Lorenz y Manuela
Lorenz, convertido en jefe de la Casa Gloucester, dedicó buena parte de sus energías al restablecimiento de sus tierras. Con el tiempo, acabó involucrándose de lleno en el gobierno de todas las tierras de Fódlan y ganándose el respeto como político por parte de la plebe. Un buen día anunció que se casaba con su prometida, Leonie, reputada mercenaria. A quienes los conocían les sorprendió la noticia, dadas sus apreciables diferencias, pero lo achacaron a las innumerables batallas que habían librado juntos. Ambos contribuyeron decisivamente a hacer de Fódlan un continente próspero y grabaron sus nombres con letras de oro en los anales de la historia. Lorenz, convertido en jefe de la Casa Gloucester, dedicó buena parte de sus energías al restablecimiento de sus tierras. Con el tiempo, acabó involucrándose de lleno en el gobierno de todas las tierras de Fódlan y ganándose el respeto como político por parte de la plebe. Un buen día anunció que se casaba con su prometida, Manuela, directora de colegio en algún pueblo perdido. Lorenz compartía con ella el sueño de garantizar un futuro digno a los niños que más habían sufrido durante la guerra. La pareja abrió multitud de escuelas por el continente, contribuyendo así a su recuperación. Hoy en día hay una estatua de bronce en su honor en cada colegio.
Lorenz y Catherine [] Lorenz y Catherine []
Lorenz, convertido en jefe de la Casa Gloucester, dedicó buena parte de sus energías al restablecimiento de sus tierras. Con el tiempo, acabó involucrándose de lleno en el gobierno de todas las tierras de Fódlan y ganándose el respeto como político por parte de la plebe. Un buen día anunció que se casaba con su prometida, Catherine, antigua Caballero de Seiros, que vivía recluida en el Cañón Rojo de Zanado siguiendo los pasos de la mismísima Rhea. Catherine cedió ante las insistentes propuestas de matrimonio de Lorenz y, con la bendición de Rhea, se unió a la Casa Gloucester, aunque continuó preocupándose por su mentora el resto de sus días. Lorenz, convertido en jefe de la Casa Gloucester, dedicó buena parte de sus energías al restablecimiento de sus tierras. Con el tiempo, acabó involucrándose de lleno en el gobierno de todas las tierras de Fódlan y ganándose el respeto como político por parte de la plebe. Un buen día anunció que se casaba con su prometida, Catherine, antigua Caballero de Seiros, que había abandonado Garreg Mach en busca de libertad, para después ceder ante las insistentes propuestas de matrimonio de Lorenz. Como dama de la Casa Gloucester, recuperó su posición en la alta sociedad, aunque siguió frecuentando más las posadas y tabernas de la ciudad que las tertulias aristocráticas.
Raphael y Lysithea Raphael y Marianne
Raphael regresó a casa para servir como caballero a su patria y, de paso, ayudar a su abuelo y a su hermana, Maya, en la posada que acababan de abrir. Dada la edad de su abuelo, Raphael no tardó muchos años en renunciar a su puesto como caballero y tomar las riendas del negocio familiar. Un día, llegaron a la posada un padre y su hija, que resultó ser Lysithea. Esta había renunciado a sus títulos nobiliarios y vivía en una aldea cercana. A partir de entonces, visitó con frecuencia a Raphael y a su hermana, con los que forjaría una relación tan estrecha que acabaría colaborando con ellos en la posada. Se dice que abrió su propio negocio y que vivió en paz el resto de sus días. Tras servir como caballero a su patria, Raphael abrió una posada. Aseguraba que a la gente le encantaba comer rodeada de aves, de modo que colocó un comedero junto a la puerta de la posada y la nombró «Viandas en Volandas». Se hizo tan famosa que mucha gente viajaba desde tierras lejanas solo para visitarla. Un día, apareció una mujer que parecía capaz de comunicarse con las aves; resultó ser Marianne, que había oído hablar de la posada y quería verla con sus propios ojos. Raphael, encantado, la invitó a quedarse en ella, a lo que Marianne accedió sin dudarlo. Gracias a su talento para hablar con los pájaros, el negocio floreció todavía más.
Raphael y Hilda Raphael y Leonie
Tras servir como caballero a su patria, Raphael abrió una posada junto a Maya, su hermana pequeña. Un buen día, sin previo aviso, apareció Hilda, de quien Maya aún conservaba un precioso collar que le había regalado. Hilda la obsequió entonces con una horquilla para el pelo, lo que suscitó tal entusiasmo en Maya que declaró su intención de convertirse en artesana y transformar la posada en una tienda de accesorios con taller adosado. A Hilda le entusiasmó la idea, de modo que decidió quedarse. Los tres vivieron felices entregados a su nuevo negocio. Leonie tomó las riendas del grupo de mercenarios que otrora dirigiera Jeralt. Debido a que seguía enviando dinero a su aldea, a menudo se quedaba sin blanca y era conocida por dejar cuentas pendientes en las tabernas. Un día llegó a la posada que Raphael regentaba con su familia y se alegró mucho de encontrar un local donde todavía le fiaran. Con el paso de los años, la deuda había crecido tanto que la única manera de pagarla era ponerse a trabajar en el negocio. Al final, ella y Raphael acabaron casándose y vivieron felices el resto de sus días.
Raphael y Flayn Raphael y Shamir
Raphael regresó a casa y, tras servir un tiempo a la patria como caballero, decidió abrir una posada junto a su abuelo y su hermana, Maya. Tenía poco tiempo para entrenar, pero más del que le convenía para picar entre horas, de modo que empezó a ganar peso. Un buen día, pasó por la posada una bella dama, que resultó ser Flayn, desaparecida poco después de acabar la guerra. Reprochó a Raphael haber echado a perder su forma física, aunque reconoció que ella también se había descuidado, de modo que le propuso practicar juntos, y así iniciaron su vida en común. Todavía hoy resuenan en la aldea los gritos que ambos proferían durante sus intensas sesiones de entrenamiento. Shamir abandonó el ejército al poco de concluir la guerra. Raphael hizo cuanto pudo por encontrarla, pero sus intentos fueron en vano y acabó por claudicar y regresar a su aldea. Se convirtió en caballero para servir a su patria y, un buen día, le ordenaron expulsar a unos rufianes. Investigó el asunto y descubrió que las víctimas de los bandidos eran unos canallas que se dedicaban a estafar a la gente con menos recursos. Raphael estalló en cólera, renunció a la caballería y desapareció. Nadie sabe adónde fue, pero desde entonces corre el rumor de que una certera arquera y un musculoso gigante, convertidos en honrados bandoleros, atemorizan a los malhechores de Fódlan.
Ignatz y Lysithea Ignatz y Marianne
Lysithea volvió a su hogar y gobernó las tierras de su familia en nombre de sus padres. Cuando casi había acabado de reparar los daños causados por la guerra, renunció a su título y desapareció sin dejar ni rastro. Por su parte, Ignatz había convencido a su familia para convertirse en pintor paisajista y se dedicaba a viajar por todo el mundo para plasmar sobre el lienzo la gente y los lugares que veía. Por un capricho del destino, topó con Lysithea durante su periplo, y esta quedó obnubilada con su obra. Desde entonces viajaron juntos, y dicen que la mujer del cuadro más famoso de Ignatz, «Retrato de una Diosa», se inspiró en el rostro de Lysithea. Marianne, que regresó a su hogar, demostró a su padre adoptivo su valía y, tras un periodo de formación, acabó gobernando las tierras de la familia. Por su parte, Ignatz había convencido a su familia para convertirse en pintor paisajista y se dedicaba a viajar por todo el mundo para plasmar sobre el lienzo la gente y los lugares que veía. Por un capricho del destino, topó con Marianne durante su periplo, y esta quedó obnubilada con su obra. Desde entonces viajaron juntos, y tiempo después formalizaron su relación casándose. Formaban una pareja tan peculiar que sus anécdotas inspiraron un sinfín de simpatiquísimas obras de teatro.
Ignatz y Hilda Ignatz y Leonie
Hilda regresó a su tierra y allí hizo realidad sus sueños con la apertura de una academia para formar artesanos. Desde entonces se entregó por completo a su trabajo. Por su parte, Ignatz había convencido a su familia para convertirse en pintor paisajista y se dedicaba a viajar por todo el mundo para plasmar sobre el lienzo la gente y los lugares que veía. Hilda, que andaba en busca de materiales para fabricar accesorios, invitó a Ignatz a dar clases en su academia y, con el tiempo, el amor floreció entre ambos. Su matrimonio fue tan feliz que, se cuenta, originó un movimiento artístico. Leonie tomó las riendas del grupo de mercenarios que otrora dirigiera Jeralt. Por su parte, Ignatz había logrado convencer a su familia para convertirse en pintor paisajista y se dedicaba a viajar por todo el mundo para plasmar sobre el lienzo la gente y los lugares que veía. Por un capricho del destino, topó con Leonie, quien recordó la promesa que le había hecho tiempo atrás a Ignatz de viajar juntos y resolvió disolver su grupo de mercenarios. Se cuenta que los dos abandonaron Fódlan en busca de aventuras, pero no se sabe adónde fueron.
Ignatz y Flayn Ignatz y Shamir
Flayn desapareció poco después de concluir la guerra. Ignatz la buscó sin descanso aunque sin éxito, y acabó por claudicar y regresar a casa. Una vez allí, convenció a su familia para convertirse en pintor paisajista y se dedicó a viajar por todo el mundo para plasmar sobre el lienzo la gente y los lugares que veía. Un buen día, mientras pintaba junto a la estatua de santa Cethleann, una voz le dijo: «Prometiste que me retratarías a mí y no a esta dichosa estatua...». Se trataba de Flayn, y tal fue la dicha de Ignatz por rencontrarse con ella que, a partir de ese día, no dejó de retratarla hasta completar su obra maestra: «El segundo advenimiento de la santa». Shamir desapareció poco después de concluir la guerra. Ignatz la buscó sin descanso aunque sin éxito, y acabó por claudicar y regresar a casa. Una vez allí, convenció a su familia para convertirse en pintor paisajista y se dedicó a viajar por todo el mundo para plasmar sobre el lienzo la gente y los lugares que veía. Durante su periplo, topó por casualidad con Shamir en una posada. Al saber que Ignatz nunca había salido de Fódlan, lo animó a hacerlo y se ofreció a acompañarlo en calidad de guardaespaldas. Poco después, la pareja se hizo a la mar desde la costa occidental de Fódlan con destino desconocido.
Lysithea y Hanneman Lysithea y Cyril
Lysithea regresó al territorio de los Ordelia —donde la esperaban sus padres— acompañada de Hanneman, que estaba empeñado en encontrar el modo de prolongar la esperanza de vida de la joven. Ambos se enfrascaron en complicadísimas investigaciones hasta que lograron diseñar un dispositivo capaz de eliminar los emblemas. Lysithea decidió entonces renunciar a su título para ayudar a Hanneman con su labor. Cuando este falleció, fue ella quien tomó su testigo, por lo que pasaría a la historia como «la gran dama de la emblemología». Lysithea regresó a su hogar con la intención de restaurar las tierras de su familia. Años más tarde, y tras haber cumplido su objetivo, viajó a Garreg Mach para informar a la Iglesia de que renunciaba al título de la Casa Ordelia. Allí se encontró con Cyril, que se había graduado en la Academia de Oficiales y ahora engrosaba las filas de los Caballeros de Seiros. Cuando vio a Lysithea, el joven se le declaró y le pidió matrimonio. Al principio ella se negó, preocupada por su corta esperanza de vida, pero la insistencia de Cyril acabó por desarmarla y finalmente accedió a pasar el resto de su vida con él. Poco más se sabe de ellos, salvo que fueron muy felices.
Marianne y Hanneman Hilda y Seteth
Marianne y Hanneman mantuvieron el contacto tras la guerra por correspondencia y su amistad perduró. Los estudios emblemológicos de Hanneman atravesaban un mal momento, pero Marianne se comprometió a patrocinarlos con los fondos de la Casa Edmund, y las investigaciones acabaron por dar su fruto: armas y herramientas mágicas que podían usar los no portadores, y que empezaron a producirse en masa poco después. Cuando Marianne heredó el título de los Edmund, quiso que una parte de los fondos se destinasen a investigar usos pacíficos de la emblemología. Los resultados de esta iniciativa serían su mayor legado a la historia de Fódlan. Acabada la guerra, Seteth se entregó a la tarea de restaurar la Iglesia. En sus ratos libres, seguía escribiendo cuentos para niños, pero le molestaba no contar con ilustraciones a la altura de sus fábulas. La noticia llegó a oídos de Hilda, que de inmediato viajó a Garreg Mach para completar las historias de Seteth con sus dibujos y comenzar a distribuirlas por todo Fódlan. Se dice que se hicieron tan famosas que, durante muchas generaciones, no hubo niño en todo el continente que no se las leyera desde la primera hasta la última.
Hilda y Cyril Leonie y Seteth
Hilda regresó a su hogar, donde fundó la primera escuela de artesanía de Fódlan. Como directora de la institución, viajó a Garreg Mach para ofrecer una donación a la renovada Iglesia. Allí se topó con Cyril, que se había graduado en la Academia de Oficiales y ahora engrosaba las filas de los Caballeros de Seiros. Los dos habían madurado, y el afecto que sentían el uno por el otro acabó transformándose en amor. Tiempo después, Cyril dejaba el monasterio, recién casado con Hilda, para convertirse en caballero de la Casa Goneril. A las órdenes de Holst, su cuñado, resultó clave en las negociaciones diplomáticas que los Goneril entablaron con sus vecinos almyrienses. Acabada la guerra, Seteth se entregó a la tarea de restaurar la Iglesia. Por su parte, Leonie viajó por el continente sin rumbo fijo para hacerse un nombre como mercenaria. Parecía que jamás volverían a encontrarse, pero, años después, cuando ambos habían cumplido ya sus objetivos, desaparecieron de la vida pública al mismo tiempo, lo que suscitó las sospechas de muchos. Nada se sabe a ciencia cierta de lo que ocurrió, pero hay quien dice haber visto a una feliz parejita, de asombroso parecido con Seteth y Leonie, pescando en una tranquila y alejada aldea de las montañas. Los lugareños hablaban maravillas de los banquetes que sus anfitriones organizaban.
Leonie y Alois [] Leonie y Alois []
Leonie se unió a los mercenarios que en su día dirigió Jeralt. Sus dotes de mando se hicieron pronto evidentes, tanto que se convirtió en jefa de la compañía y heredó de su maestro el apodo de «Quiebraespadas». Por desgracia, Jeralt también le legó sus cuentas pendientes en numerosas tabernas de todo Fódlan. Ella culpaba a Alois de no haberlas saldado y pretendía obligarlo a hacerse cargo de la mitad, para lo que viajó a las tierras donde el caballero se había establecido. Lo encontró convertido en granjero y vio que de su trabajo dependía su numerosa familia, por lo que Leonie se vio incapaz de cumplir su plan y pasó el resto de sus días pagando las deudas de Jeralt. Leonie se unió a los mercenarios que en su día dirigió Jeralt. Sus dotes de mando se hicieron pronto evidentes, tanto que se convirtió en jefa de la compañía y heredó de su maestro el apodo de «Quiebraespadas». Por desgracia, Jeralt también le legó sus cuentas pendientes en numerosas tabernas de todo Fódlan. Ella culpaba a Alois de no haberlas saldado y pretendía obligarlo a hacerse cargo de la mitad, para lo que viajó a Garreg Mach. Lo encontró feliz y convertido en capitán de los Caballeros de Seiros; tan bien le iba que asumió el importe total de la deuda. Se dice que, libre de la carga, Leonie empezó a frecuentar posadas y se aficionó a empinar el codo más de la cuenta.
Seteth y Flayn Seteth y Manuela
Flayn desapareció al terminar la guerra, y Seteth se quedó en el monasterio para ayudar a la Iglesia de Seiros a recuperar su autoridad. La severidad que siempre lo había caracterizado dejó paso a una actitud tolerante, que trató de contagiar a sus seguidores. Cuando creyó cumplida su misión, Seteth también se esfumó de Garreg Mach. Siglos después, un hombre y una mujer ataviados con ropajes de otra época aparecieron en un Fódlan que apenas reconocían. Cuando la mujer preguntó al hombre si en esta nueva era podía dirigirse a él como «padre», este respondió que lo mejor era no arriesgarse. Seteth permaneció en el monasterio después de la guerra para reconstruir la Iglesia de Seiros. Tras años de trabajar sin descanso, recibió una carta de Manuela en la que esta le informaba de que había abierto una escuela en una aldea sacudida por el conflicto. Seteth se emocionó al leer aquello y, recordando la ternura de Manuela, decidió abandonar Garreg Mach y reunirse allí con ella. Trabajar juntos hizo que su amistad fuera convirtiéndose poco a poco en amor, y años después acabaron casándose. Se dice que sus estudiantes celebraron el enlace por todo lo alto.
Seteth y Catherine [] Seteth y Catherine []
Acabada la guerra, Seteth confesó sus sentimientos por Catherine y le pidió que se casase con él. Ella se negó, aduciendo que quería acompañar a Rhea en su retiro. Seteth permaneció en el monasterio, escribiendo cartas de amor que nunca llegó a enviar y enfrascado en la tarea de reconstruir la Iglesia. Cuando cumplió su objetivo, viajó al Cañón Rojo, donde se había refugiado Rhea, para entregarle las cartas en mano a su amada. Catherine se emocionó tanto que aceptó al fin la propuesta de matrimonio de Seteth. Se casaron poco después y ambos vivieron felices el resto de sus días junto a Rhea. Acabada la guerra, Seteth confesó sus sentimientos por Catherine y le pidió que se casase con él. Ella se negó, aduciendo que deseaba marcharse del monasterio. Seteth no se resignó: enviaba a su amada cartas en las que insistía en su propuesta, pero Catherine siempre respondía con la misma negativa. Cuando él dio por acabada su labor de reconstruir la Iglesia, decidió viajar a la aldea donde se había establecido Catherine, y allí se volvió a declarar. En esta ocasión, por fin, la respuesta fue positiva: se casaron poco después y ambos juraron que jamás volverían a separarse.
Hanneman y Manuela [] Hanneman y Manuela []
Hanneman y Manuela celebraron una fastuosa boda a la que acudieron muchos de sus antiguos alumnos. Tiempo después, las tareas de rehabilitación del monasterio —supervisadas por el Imperio— permitieron reabrir la Academia de Oficiales, que desde ese momento aceptó a estudiantes de todo tipo y condición social, además de ofrecer un abanico de materias mucho más amplio. Hanneman y Manuela volvieron a sus antiguos puestos de profesores como si el tiempo no hubiera pasado, y sus acaloradas discusiones matrimoniales en los pasillos de la Academia dieron para muchos cotilleos entre el alumnado. Hanneman y Manuela celebraron una fastuosa boda a la que acudieron muchos de sus antiguos alumnos. Tiempo después, las tareas de rehabilitación del monasterio permitieron reabrir la Academia de Oficiales, que desde ese momento aceptó a estudiantes de todo tipo y condición social, además de ofrecer un abanico de materias mucho más amplio. Hanneman y Manuela volvieron a sus antiguos puestos de profesores como si el tiempo no hubiera pasado, y sus discusiones en los pasillos se volvieron habituales. Su romance dio paso a una serie de amoríos entre parte del profesorado de la Academia, pero esa es otra historia...
Alois y Catherine Shamir y Cyril
Alois se convirtió en el capitán de los Caballeros de Seiros. Obtuvo un sinfín de victorias en el campo de batalla y se ganó la admiración de sus subordinados, aunque también la fama de ser un poco ingenuo, puesto que era presa fácil de las pesadas bromas de la soldadesca. Para corregir este problema, Catherine se ofreció como consejera: avisaba a Alois de las trastadas que planeaban sus caballeros para que estuviera preparado de antemano y, en ocasiones, ella misma se ocupaba de pararles los pies a los gamberros. En todo caso, la orden prosperó bajo la supervisión de su amable capitán y de la intimidante portadora del Filo del Trueno. Shamir y Cyril desaparecieron tras la guerra. Los Caballeros de Seiros los buscaron durante meses, pero en vano. Aunque nunca más se supo de ellos, al cabo de un tiempo empezaron a llegar rumores sobre una pareja de expertos arqueros convertidos en peligrosos bandidos. Las sucesivas investigaciones desvelaron que los ladrones solo elegían como víctimas a aquellos que oprimían a los inocentes, por lo que se les dejó obrar a su antojo. Las hazañas de los dos justicieros fueron celebradas durante generaciones por el pueblo.
   

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