Capítulo 12: Los bandidos de Dacia

Introducción en el Mapa
Tras salir del Fuerte Dundrum, Leif se apresura hacia Tahra, el Imperio prepara un ataque a gran escala a la ciudad.
Dakia es un gran bosque situado al este de Tahra. Cuando Leif se acerca, está anocheciendo.


[Comienzo]

- Salem: Perne, es mi turno. Me toca vigilar.
- Perne: Oh, ya es de noche. Pero Salem, ¿qué pasa con tus heridas?
- Salem: Ya estoy bien, pero gracias.
- Perne: Esta gente de Lopto no es muy simpática, ¿no? Te habrían matado si no hubiéramos pasado por allí.
- Salem: ...La secta Lopto no tolera a los traidores....
- Perne: ¿Traidores? Tú sólo querías dejar la secta, ¿no? No creo que debieran matarte... Pero, ¿por qué decidiste irte? Los sacerdotes Lopto son más importantes que el mismo Emperador hoy en día.
- Salem: Empecé a cuestionarme sus principios, eso es todo...
- Perne: Ya veo... Bueno, no es importante. Me agradas y me gustaría que te unieses a nosotros, si estás de acuerdo.
- Salem: Eres un ladrón, pero no matas ni robas a los pobres. Lucharé a tu lado mientras eso siga siendo así.
- Perne: Yo no quiero matar a nadie. Pero somos más gente ahora, y hay quien se niega a escuchar. Sobre todo Colho y los suyos. Tenemos un problema.
- Salem: Colho es malvado. Ataca a viajeros indefensos.
- Perne: Lo sé. Voy a cortar nuestra relación con ellos de una vez por todas. Todo lo que necesito es a ti y a Troude.
- Salem: Y Tina... No te pases con ella. Todavía es una niña.
- Perne: Jajaja... De acuerdo, te dejo que vigiles. El ejército imperial puede llegar en cualquier momento...
- Salem: Ya. Dormiré con mi bastón a cualquiera que se acerque demasiado.


[La escena cambia a Saias y Mareeta]

- Saias: Debo irme. Por favor, cuida de ella.
- Mujer: Por supuesto, Obispo Saias. Cuente conmigo.
- Mareeta: Obispo... ¿Te vas?
- Saias: Sí, debo regresar a mi país. Me duele dejarte atrás, pero parece que ya te has recuperado... Deberías poder arreglártelas por ti misma.
- Mareeta: ...Gracias por todo, Obispo Saias... Si no me hubieses rescatado, yo...
- Saias: Veo que te arrepientes de haberte enfrentado a tu madre, pero debes enfrentarlo. No pudiste ayudarla, y la Espada de la Oscuridad te controlaba. Pero ahora que he deshecho la maldición, deberías tomarla.
- Mareeta: ¿Quieres que tome esta espada? Pero...
- Saias: ¿No decías que querías ser una espadachina como tu madre? Entonces no debes odiar la espada. Una fina espada puede ser malvada o santa dependiendo de quien la blande. Incluso esta espada no fue hecha originalmente para ser malvada. Si quieres ser una verdadera espadachina, debes aprender a amar cualquier espada que encuentres, si no puedes hacer eso, no puedes llamarte espadachín.
- Mareeta: Sí... guardaré esta espada como un recuerdo de mi madre.
- Saias: Bien. Tengo el presentimiento de que volverás a ver a tu madre si conservas esa espada. Bueno, realmente tengo que irme. No creo que volvamos a encontrarnos, pero rezaré por tu felicidad.
- Mareeta: Muchas gracias... Adiós, Obispo Saias...


[Primer turno]

- Colho: Oigan chicos, parece que tenemos compañía. Salid y acabad con ellos. Compartiremos el botín. ¿Perne? Nah, que le den. Mataré a ese cabrón yo mismo. ¡Y no olvidéis saquear las villas!


[Segundo turno]

- Mareeta: ¿Qué pasa? ¿Qué es todo este ruido?
- Mujer: Unos bandidos están atacando las villas. La gente tiene miedo de que también vengan aquí.
- Mareeta: ¿Bandidos? ¿Los ladrones esos de los que habla la gente?
- Mujer: No, los Los Dientes de León jamás atacarían un pueblo. Seguramente son forajidos de otra zona.
- Mareeta: Ya veo. No te preocupes, yo defenderé este pueblo.
- Mujer: No digas tonterías. Una chica como tú no tendrá ni media posibilidad contra esos forajidos.
- Mareeta: No, soy una espadachina. ¡Soy la hija de Eyvel! ¡No perderé contra una pandilla de forajidos!


[Quinto turno]

- Tina: Obispo Salem.
- Salem: ¿Sí, Tina?
- Tina: Toma, te he hecho algo para cenar. Hace frío fuera, así que te hice algo caliente.
- Salem: Gracias. Es peligroso estar aquí fuera de noche. Deberías irte a dormir.
- Tina: Sí...
- Salem: ¿Estás preocupada por tu hermana? Dijiste que se llama Safy... No te preocupes, seguro que la vuelves a ver. Te ayudaré a buscarla cuando mis heridas esten curadas.
- Tina: ¿De verdad? Gracias, Obispo Salem. Buenas noches.


[Vigésimo turno]

- Dorias: Está amaneciendo, Lord Leif. Ahora podremos ver a más distancia.


[Lucha contra Salem]

- Salem: Intrusos en nuestro bosque... ¡Marchaos!

[Al vencer a Salem]
- Salem: Perne... Así que esto es como debería ser...

[Al liberar a Salem]
- Salem: Ya veo... Así que tú eres...


[Lucha contra Colho]

- Colho: ¡Maldición! ¡¿Sois soldados?!

[Al vencer a Colho]
- Colho: ¡Ahhhhhhhhhhhh!... ¡Bastardos! Ugh...

[Al liberar a Colho]
- Colho: ¡Maldición! ¡Volveré!


Al finalizar el capítulo
(Si acabaste en menos de veinte turnos)
- Dorias: Lord Leif, parece que aquí hay una guarida de ladrones. Quizás deberíamos limpiarla antes de que amanezca...
- Leif: Sí. ¿Pero no están las tropas agotadas?
- Dorias: Deberíamos llevar sólo a aquellos que todavía puedan luchar. Unas cinco personas...
- Leif: De acuerdo, vamos. Los aldeanos nos lo agradecerán.

(Si acabaste en más de 20 turnos)
- August: Al parecer los ladrones de este bosque robaban a los codiciosos nobles y daban el botín a los aldeanos pobres. Su líder es un joven llamado Perne. Los aldeanos le llaman el buen ladrón.
- Leif: Ya veo. Entonces supongo que debemos dejar que sigan con lo suyo. Además ya está amaneciendo.
- August: Sí. En ese caso, apresurémonos hacia Tahra. No puede estar muy lejos.


[Si Mareeta sobrevivió]

- Mareeta: ¿Lord Leif?
- Leif: ¿¡Mareeta?! ¿De verdad eres tú? ¿Qué estás haciendo aquí?
- Mareeta: Yo también estoy sorprendida. Nunca pensé que os encontraría a ti o a la gente de Fiana tan rápido.
- Leif: Mareeta... perdóname. Por mi culpa, Eyvel...
- Mareeta: No, no fue culpa tuya. Fue mi debilidad. Si no hubiese perdido el control de la espada...
- Leif: Mareeta, te prometo que rescataré a Eyvel. ¡La salvaré yo mismo!
- Mareeta: ¡Entonces iré contigo! Me haré mas fuerte. Por favor, ¡llévame contigo!
- Leif: Por supuesto. No podemos ir a Manster ahora, pero algún día regresaremos. Salvaremos a Eyvel juntos, Mareeta.
- Mareeta: ¡Sí, Lord Leif!

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